Reencuentro

Una superviviente de Biescas se reúne con sus rescatadores 25 años después

La navarra Amaia Astarriaga Ros, quien sobrevivió con 12 años a la riada que arrasó el camping Las Nieves de Biescas, ha cumplido esta semana un anhelo largamente esperado. El reencuentro con dos voluntarios de DYA que le salvaron la vida

Susana Vidaurre observa fotografías del rescate en el que participó junto a Eneko Arteaga. Entre ellos, Amaia Astarriaga, a la que sacaron del fango y del agua con 12 años
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Susana Vidaurre observa fotografías del rescate en el que participó junto a Eneko Arteaga. Entre ellos, Amaia Astarriaga, a la que sacaron del fango y del agua con 12 años
Susana Vidaurre observa fotografías del rescate en el que participó junto a Eneko Arteaga. Entre ellos, Amaia Astarriaga, a la que sacaron del fango y del agua con 12 años

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Iñigo Salvoch

Actualizado el 22/08/2021 a las 08:02

Frío. Si algo recuerda hoy Amaia Astarriaga Ros de la noche en la que su cuerpo quedó varado en un pequeño islote tras ser arrastrada cientos de metros por la ola de fango, árboles y piedras que arrasó el camping Las Nieves, es el frío. Un frío que, a sus doce años, mojada y sin apenas ropa, le dolía más que las heridas que le laceraban brazos y piernas. Pasó horas en absoluta oscuridad, nadie escuchaba sus gritos pidiendo auxilio y desde su pequeño refugio sólo acertaba a vislumbrar los lejanos destellos de las ambulancias. “No sé cuánto tiempo llevaba allí, ni si hubiera logrado llegar viva al amanecer, pero de pronto vi un foco de luz entre el vapor de la niebla” revive una de las pocas imágenes que han quedado grabadas en su retina. Tras aquella luz surgieron los brazos de Eneko Arteaga Olleta, un voluntario pamplonés de la DYA, de 24 años, que con el agua al cuello logró rescatarla. Luego llegó el abrazo de Susana Vidaurre Ruiz, otra voluntaria de chaleco amarillo, de 23 años, junto a un patrol de la Guardia Civil. “Aquel abrazo en medio de la noche me devolvió a la vida”, asegura convencida Amaia Astarriaga.

Veinticinco años después, los tres protagonistas de una de las pocas historias de luz de aquella fatídica noche en la que perdieron la vida 87 personas en el Camping las Nieves han vuelto a verse las caras. Eneko Arteaga y Susana Vidaurre, entonces compañeros de voluntariado en la DYA, son los primeros en llegar a la cita. Toman asiento en la mesa de una terraza de Yamaguchi. No tarda en aparecer Amaia Astarriaga sosteniendo entre sus brazos un macetero con una gran planta ornamental. Un detalle para sus rescatadores que habla de vida. “Aún te recuerdo con aquellos bonitos rizos rubios cubiertos de barro”, le da la bienvenida Susana antes de darse un abrazo en el que las mascarillas no son tela suficiente para ocultar la emoción de sus rostros.

La última vez que se vieron fue pocas semanas después de la tragedia, cuando los dos voluntarios de la DYA se desplazaron desde Pamplona a Abárzuza para interesarse por el estado de la pequeña. Pasaron los años y perdieron todo contacto. Hasta que el pasado 7 de agosto Amaia Astarriaga se encontró en las páginas de Diario de Navarra con un amplio reportaje sobre los 25 años de la tragedia de Biescas. Leyéndolo descubrió su propia historia. “Eneko recordaba en ese reportaje cómo un señor mayor que se hallaba cerca del río había oído mis gritos y gracias a él pudieron localizarme”. Amaia Astarriaga, quien vive hoy en Estella y es madre de dos hijos de cinco y dos años, sintió la necesidad de reencontrarse con sus rescatadores para darles las gracias, por lo que se puso en contacto con Diario de Navarra para que le ayudaran a localizar a Eneko Arteaga. Así fue como descubrió que su otro ángel de la guarda de aquella noche en Biescas, Susana Vidaurre, es en la actualidad pareja de Eneko, con el que tiene dos hijos de 18 y 14 años. No tardaron en proponer una fecha para el reencuentro.

Amaia Astarriaga, rescatada, hoy es profesora y tiene dos hijos
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Amaia Astarriaga, rescatada, hoy es profesora y tiene dos hijosGarzaron
Amaia Astarriaga, rescatada, hoy es profesora y tiene dos hijos

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LOS ECOS DE UN RESCATE A MEDIANOCHE

Con unos cafés y un té sobre la mesa la conversación fluye rápidamente hacia los recuerdos. Amaia Astarriaga explica cómo en aquel verano de 1996 ella y su hermano Jon, de nueve años, habían ido a pasar unos días al camping Las Nieves con su padre y la que entonces era su pareja, así como una hija de ambos de solo tres años, Ángela. Por desgracia, estas dos últimas fallecieron en la riada.

“Ni siquiera tengo recuerdo de que estuviera lloviendo mucho esa tarde, más bien creo que empezó como una lluvia suave. Pero fue motivo para que nos quedáramos en la parcela del camping en vez de salir como otras tardes a dar una vuelta por los pueblos de alrededor”, rememora la joven estellesa. Lo que nadie imaginaba es que en la cabecera del barranco de Arás se había desatado una fenomenal tromba de agua que acabó represándose encima del camping hasta que reventó llevándose todo lo que encontró a su paso.

“Sucedió todo muy de repente -echa de nuevo la vista atrás Amaia Astarriaga-. Estábamos en nuestra parcela, en el coche caravana, y ni siquiera nos dio tiempo a refugiarnos en el edificio donde se encontraban los baños”. Lo que vino después, los muchos cientos de metros en los que fue arrastrada por aquel tsunami es una laguna que ha quedado para siempre en su memoria. “No recuerdo nada de lo que pasó”, les dice hoy a sus rescatadores. “Es normal en una situación de shock como la que viviste”, conviene Susana Vidaurre.

UN ABRAZO Y EL VIAJE AL HOSPITAL DE JACA

Vidaurre, junto a otros voluntarios de la DYA de Pamplona, acudió a Biescas la noche de la tragedia cuando todavía las noticias eran confusas con el fin de colaborar en las labores de rescate y búsqueda de desaparecidos. El suyo fue el primer abrazo que recibió aquella pequeña niña de rizos rubios todavía manchados de barro y la conexión especial entre ellas parece no haberse diluido pese a los 25 años sin saber la una de la otra.

Susana Vidaurre acompañó en 1996 a Amaia al Hospital de Jaca
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Susana Vidaurre acompañó en 1996 a Amaia al Hospital de JacaGarzaron
Susana Vidaurre acompañó en 1996 a Amaia al Hospital de Jaca

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Fue con aquella voluntaria de la DYA con la que Amaia Astarriaga se tomó un colacao caliente que habían preparado unas mujeres de Biescas. “Si el abrazo de Susana me dio media vida, aquel colacao caliente me dio la otra media”, afirma de modo elocuente Astarriaga. A continuación, la voluntaria de DYA acompañó en un patrol de la Guardia Civil a la pequeña rescatada hasta el Hospital de Jaca.

Allía había sido trasladado horas antes su padre, Esteban Astarriaga Corres. “Le cambió la cara cuando te vio. En medio de toda la preocupación que debía sentir en esos momentos le cambió la cara al verte”, recuerda Susana Vidaurre en la terraza. No era para menos. Según recogen las crónicas de aquellos días, Esteban Astarriaga había logrado aferrarse a un árbol junto a su familia en medio de la avalancha del barranco Arás. Pero no pudo evitar que sus dos hijos más pequeños, a los que tenía agarrados, acabarán soltándose. Ángela, de tres años, sería encontrada muerta, al igual que su madre, Antonia Durán. Jon, en cambio, que tenía nueve, tuvo la fortuna de quedar atrapado junto a otro árbol, lo que le salvó la vida.

Tanto Amaia Astarriaga como su padre permanecieron ingresados unos días en el Hospital de Jaca y allí es donde vio por última vez a la voluntaria de DYA, Susana Vidaurre, hasta que semanas después le sorprendió junto a Eneko Arteaga con una visita a su casa en Abárzuza.

Eneko Arteaga fue como voluntario de DYA a Biescas
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Eneko Arteaga fue como voluntario de DYA a BiescasGarzaron
Eneko Arteaga fue como voluntario de DYA a Biescas

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Mientras da un sorbo a su cortado descafeinado, Amaia Astarriaga relata cómo prosiguió después su vida. Estudió arquitectura, curiosamente también lo hizo Sergio Murillo Saldías, otro joven navarro superviviente de la tragedia. “No creo que mi decisión tuviera nada que ver con las edificaciones y las situaciones de catástrofe -explica Astarriaga-, pero terminé la carrera cuando saltó por los aires la burbuja inmobiliaria”. Ante ese escenario decidió probar como interina en Educación y a día de hoy sigue con las clases.

La conversación sigue cuando aparece la pareja de Amaia con los dos pequeños. Echan de menos a su madre. El cierzo sopla de tal modo en la tarde de agosto de Pamplona que hasta la chaqueta parece poco abrigo. Puede arreciar todo lo que quiera, Amaia Astarriaga ya conoce el frío. El frío con mayúsculas. Un frío del que sólo pudo salir tras aquella luz y un abrazo que no olvida. Por eso esta tarde se ha sentado con Eneko Arteaga y Susana Vidaurre, porque quería agradecerles la vida. Y celebrarla con ellos.

Marcó a toda una generación

La tragedia del camping de Biescas ocurrió el 7 de agosto de 1996, cuando una crecida extraordinaria y súbita arrasó el camping Las Nieves, que había sido autorizado a construir en el cono de deyección del barranco de Arás. Hubo 87 personas fallecidas. Aunque para la mayoría de quienes hoy tienen menos de 30 años puede resultar un hecho desconocido, aquella tragedia marcó a toda una generación. También obligó a la Administración a cambiar la normativa existente sobre campings.

Las labores de rescate y búsqueda de desaparecidos duraron varios días
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Las labores de rescate y búsqueda de desaparecidos duraron varios díasArchivo
Las labores de rescate y búsqueda de desaparecidos duraron varios días

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Eneko Arteaga: “A donde no llegaba la Administración en las catástrofes lo hacíamos los voluntarios”

Durante la larga conversación que entablaron en la tarde del pasado miércoles Amaia Astarriaga , Susana Vidaurre y Eneko Arteaga surgió un tema de reflexión: el gran cambio que ha experimentado la atención y rescate en grandes catástrofes. Desde los medios humanos y materiales utilizados, a la coordinación de los mismos.

“Recuerdo que en aquella larga noche de búsqueda de los desaparecidos, en medio un terreno anegado y repleto de todo tipo de escombros, apenas había linternas. Muchos guardias civiles y voluntarios iban de a dos con una pequeña linterna. Cuando se les agotaba la pila debían regresar a tientas y a oscuras, ocasionándose muchos esguinces y otras lesiones por las caídas”, apunta Arteaga.

“Hoy -continúa-, en una catástrofe de este tipo se activan equipos profesionales de protección civil y los voluntarios secundan las tareas en una segunda o tercera línea. Entonces no, asumíamos una primera línea. A donde no llegaba la Administración en las catástrofes, lo hacíamos los voluntarios”.

Así ocurrió en Biescas. Los vecinos del pueblo y los servicios de rescate trabajaron durante días en la búsqueda de supervivientes. Entre los efectivos de Navarra que viajaron hasta Huesca se encontraban, entre otros, 250 soldados de reemplazo del acuartelamiento de Aizoain y decenas de voluntarios de DYA y Cruz Roja especializados en rescate y algunos de ellos también en submarinismo.

Arteaga recuerda también cómo uno de los últimos vehículos de rescate de la DYA que partió aquella noche desde Pamplona hacia Biescas tuvo que ir cargado de bocadillos que distintos bares de la capital navarra improvisaron para los equipos de rescate.

Tampoco tenían la misma dimensión los equipos profesionales de psicólogos que hoy se despliegan en una catástrofe. Amaia Astarriaga corrobora que en su caso tampoco los hubo. Lo que sí tuvo el desastre del Camping Las Nieves fue un recorrido judicial de la mano de algunas familias que llegó hasta el Tribunal de Estrasburgo. El Estado acabó condenado a pagar una indemnización a las víctimas. El deseo de estas, hoy, es que catástrofes que puedan evitarse, el camping había obtenido permiso de edificación en una zona inundable, no vuelvan a repetirse.

El reportaje que propició el reencuentro

El amplio reportaje que Diario de Navarra publicó el pasado 7 de agosto con motivo del veinticinco aniversario de la tragedia del Camping las Nieves de Biescas fue leído por Amaia Astarriaga. En él se encontró a un voluntario de DYA que relataba cómo le impresionó entonces el rescate de una niña de 12 años de Abárzuza. Era ella. Un par de gestiones desde el periódico bastaron para programar el reencuentro.

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