Pandemia de la covid
Y Wenda reconquistó la UCI
Wenda Sánchez-Janssen ingresó en la UCI en marzo de 2020 afectada por covid. Era la primera ola. Tras dos meses muy complicados, regresó a Holanda junto a su marido, Víctor Sánchez Bermejo. Este viernes, ambos daban las gracias a los sanitarios


Publicado el 07/08/2021 a las 06:00
Y , de pronto, sucedió. Dentro de una amalgama de sensaciones incontenible, el guiño se palpó con la punta de los dedos. Un cruce de miradas acuosas que llevaba esperando desde el inicio de esta interminable pandemia. Irrefutable de principio a fin. Como el mesurado silencio de quien se queda sin palabras, a sabiendas de que la voz quebrará de un momento a otro.
El agradecimiento que sienten Víctor Sánchez Bermejo y Wenda Sánchez-Janssen, afincados en los Países Bajos, hacia el equipo humano de la UCI del Complejo Hospitalario de Navarra es prácticamente inabarcable. Desde el lunes 9 de marzo de 2020 la mujer ingresara en este centro sanitario contagiada por el virulento Sars-CoV-2 hasta ayer, cuando la vida volvió a sonreír. En un angustioso periplo de más de dos meses de delicada estancia hospitalaria, Víctor eligió plasmar sus sentimientos, incluidos miedos, incertidumbre y esperanza desmedida, en un libro.
Un relato de 144 páginas que este sábado pone voz a las miles de historias que se vivieron en los delicados y duros momentos de la primera ola, cuando la inseguridad y el desasosiego eran las más fieles compañeras de viaje. Son esbozos de los 69 whatsapp diarios que Víctor enviaba a su familia para contarles cómo estaba Wenda, qué novedades había, cómo intentaba recomponerse. “Fue muy duro y me di cuenta que sin los corazones de la UCI esto hubiera sido mucho más difícil de lo que ya fue”. Es la lección que Víctor trataba de transmitir casi sin aliento. Un mensaje con el que poner el valor la empatía y engranaje de médicos, enfermeras y fisioterapeutas.
POR DESCONTADO
Sin poder creer que Wenda paseara con tacones con la más absoluta normalidad por el box número 14, el mismo que la acogió durante dos largos meses y donde estuvo a punto de cruzar una línea de la que ya no hay retorno hasta en dos ocasiones, los sanitarios sonreían tras las mascarillas. “Es otra persona”, reconocía Yolanda Zudaire, Jefa de la Unidad de Enfermería.
A su lado, la enfermera Silvia Lafuente, incapaz de contener las lágrimas, recomponía el puzle de las primeras semanas de la pandemia. “Gestos como los de Víctor son los que nos hacen seguir adelante”, valoraba esta profesional (vaya por delante que la pareja ha recorrido más de 2.000 kilómetros para regalar el libro de su experiencia y, simplemente, dar las gracias).
En la cara más amable de la covid, desde la UCI recalcan ese humanismo que siempre les ha unido. “Nos sale solo”, indicaba la también enfermera Nekane Marco. “Fue un caso realmente complicado, sin ese apoyo exterior y que hoy nos parece un sueño”, añadía la doctora Piluca Anguiano. “Víctor nos dejaba frases en holandés para leerle a Wenda, eran gestos que te inspiraban”, añadía el médico Joaquín Lobo.
Y entre las decenas de anécdotas que este sábado volvieron a brotar, el resumen queda en una única lección: “Quiero que el mundo sepa que jamás hay que rendirse y la bondad que existe en este hospital”, describe Víctor, quien llegó a contactar con la funeraria pensando en que Wenda jamás superaría la batalla. ‘No me quiero ir’, título del libro y aprendizaje internacional.
