Sociedad

Un pamplonés por las calles de Wuhan

Fue la primera ciudad del mundo que sufrió el azote del coronavirus y sus diez millones de habitantes soportaron uno de los confinamientos más severos. El navarro Mikel Esparza, afincado en China, recorre una Wuhan distinta aunque alerta al virus.

Una calle de mercado en Wuhan, el pasado mes de diciembre. Desde entonces, las mascarillas han dejando poco a poco paso a las sonrisas
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Una calle de mercado en Wuhan, el pasado mes de diciembre. Desde entonces, las mascarillas han dejando poco a poco paso a las sonrisas
Una calle de mercado en Wuhan, el pasado mes de diciembre. Desde entonces, las mascarillas han dejando poco a poco paso a las sonrisas

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Iñigo Salvoch

Publicado el 06/08/2021 a las 06:00

Muy pocas personas en occidente habían oído hablar de la ciudad china de Wuhan y menos aún eran capaces de situarla en el mapa. Eso cambió a finales de 2019, con las inquietantes noticias de la aparición del misterioso virus, el Sars-COV-2, . Sus habitantes sufrieron uno de los confinamientos más duros de esta pandemia, encerrados prácticamente en sus casas durante más de dos meses. Casi año y medio después, y sin que se sepa a ciencia cierta las cifras reales de muertos en la zona, Wuhan lidera la lucha contra la pandemia. Han vivido prácticamente un año sin nuevos contagios, lo que les permitió organizar en mayo el festival de música Strawberry, donde más de once mil asistentes, muchos de ellos sin mascarilla, disfrutaron de lo más parecido a la normalidad. La describe a continuación el pamplonés Mikel Esparza Murillo, profesor de inglés residente en China, quien ha viajado estos días a la ciudad. Aunque no conviene bajar la guardia. La aparición de pequeños brotes en China, incluidos tres casos en Wuhan, es respondida ccon la realización de test masivos a la población.

UNA CIUDAD ABARROTADA DE TURISTAS...CHINOS

“Llegué en tren a Wuhan desde Changsha, otra ciudad china -inicia el relato Esparza-. La estación de tren es como todas las estaciones de tren en China, enorme, y esta era solo una de las varias estaciones de tren de la ciudad... Todos los trenes que van de norte a sur en China y muchos de este a oeste pasan o paran en Wuhan”.

Lo primero que pudo comprobar el joven navarro al pisar Wuhan es que si bien en la estación y en los medios de transporte público todavía muchos usan mascarilla, en las calles se abren paso las sonrisas de unos ciudadanos que intentan olvidar y cerrar las heridas de la pandemia.

Wuhan -describe Esparza- se presenta como una ciudad grande para los estándares chinos. “Tradicionalmente ha sido un foco de la industria pesada, con una enorme actividad económica. Hoy, destacan sus muchos rascacielos y la mayoría de la gente vive bien o muy bien. Prueba de ello -añade- es que cerca de mi hotel había un concesionario de Ferrari”.

Las arterias de Wuhan, como la comercial calle de Jianghan, viven este verano un continuo trasiego de personas. “Pero no he visto ningún occidental”, advierte. Las draconianas cuarentenas que ha establecido China a quienes ingresan a su territorio han restado turistas extranjeros, “pero a la vez ha motivado que cientos de millones de ciudadanos de las clases media y alta se hayan volcado en el turismo interior”.

Mikel Esparza está aprovechando el descanso escolar del colegio internacional de Shenzhen, una ciudad cercana a Hong Kong donde trabaja como profesor de inglés, para conocer mejor el interior del país. No estaba dispuesto a repetir la experiencia del año pasado, cuando viajó a España y su regreso a China fue toda una odisea. Escoltado por la policía a un hotel junto a otros pasajeros nada más poner pie en suelo chino, no pudo salir de su habitación en dos semanas. “Me dieron un cubo con la llave de la habitación, un termómetro y unas bolsas de basura. No podía salir más que para coger la comida envasada que me dejaban en la puerta” recuerda.

Mikel Esparza ante la Torre de la Grulla Amarilla, en Wuhan
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Mikel Esparza ante la Torre de la Grulla Amarilla, en Wuhancedida
Mikel Esparza ante la Torre de la Grulla Amarilla, en Wuhan

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LA VARIANTE DELTA OBLIGA A NO BAJAR LA GUARDIA

Este verano, la ciudad intenta pasar página definitivamente. “Los restaurantes, tiendas y centros comerciales de Wuhan están a rebosar de gente”. Tampoco quiere decir que haya desaparecido todo el peligro. “De vez en cuando -explica Esparza- hay algún pequeño brote con varios casos en el país, algunas docenas, y rápidamente se actúa, hacen test a millones de personas en esa zona y ahí acaba todo”. Estos días le ha tocado a Wuhan. El país está inmerso en la organización de los juegos olímpicos de invierno en Pekín. “Creo que el gobierno esta intentando que haya público para mostrar al mundo cómo han vencido al virus pero, no se que va a pasar, también son muy prudentes”, explica Esparza.

Sea como sea, en Wuhan, una de las ‘cuatro ciudades del fuego’ por sus tórridos veranos, hoy se disfrutan como nunca los paseos nocturnos junto a las aguas del gran río Yangtze iluminadas siempre por sus altos rascacielos.

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