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El navarro Bustillo apela a ser “creativos y libres” en su ordenación como obispo de Córcega
El franciscano natural de Arre tomó posesión de su cargo en presencia de su familia


Actualizado el 21/06/2021 a las 06:00
El franciscano navarro Francisco Javier Bustillo Rípodas (Arre, 1968) tomó posesión el pasado domingo día 13 en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Ajaccio como obispo de la capital de Córcega (Francia). De doble nacionalidad, se convirtió en el primer nacido en España en ocupar un cargo similar en Francia.
Ante el anuncio en París, Celestino Migliore, autoridades civiles y militares de la isla como el prefecto, los senadores, diputados y alcaldes de ciudades de la isla y obispos de la región, su familia y varios fieles, animó a “sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles a ser generosos y audaces como cristianos, sin arrogancia y sin complejos”. “Les animé a ser un singo de esperanzada no caer en las lamentaciones, a ser creativos y libres en su acción eclesial y social. Les invité a ser actores y no solo espectadores de la construcción de nuestra historia”, sintetizó su mensaje días después desde Ajaccio.
Bustillo, que se formó en el seminario menor de los franciscanos en Elizondo, estudió secundaria en Lekaroz y completó la formación franciscana en Padua (Italia) y universitaria en Toulusse (Francia), se ordenó sacerdote en su Arre natal en 1994. De allí pasó a Francia, el país “descristianizado y con un estado laico” que se plateó como reto, según contó tras su nombramiento como obispo por el Papa Francisco el pasado 11 de mayo. Su misión la desarrolló primero en Narbona, donde colaboró en la fundación de una comunidad franciscana, y en Tardes-Lourdes, con diferentes responsabilidades en la Diócesis y como encargado del monasterio en el Santuario de Lourdes.
"AMAR Y LUCHAR" EN LA VIDA
En el inicio de su trabajo como obispo de Córcega, estuvo acompañado por dos religiosos franciscanos navarros que conoció en el seminario de los franciscanos. Algo mayores que él, Jesús María y Joaquín, “los hermanos venidos de Madrid” como los nombró, “fueron testigos de su primer contacto con la familia franciscana en 1979 y desde entonces hay amistad, continuidad y apoyo en la oración”. También de su madre y hermanos (es el mayor de cuatro). A ellos habló también en castellano. “Gracias por vuestra presencia. Soy lo que soy porque he recibido un patrimonio afectivo y espiritual en una familia basada en la discreción, el trabajo y la honradez. Gracias por lo que me habéis transmitido”, apuntó emocionado.
Agradeció todavía en francés la organización del acto en una jornada calurosa y multitudinaria; también en italiano a los llegados desde Roma, Vaticano y Trento. Mencionó su formación siguiendo el espíritu de San Francisco que conoció primero en Elizondo y profundizó en Padua y agradeció especialmente la presencia del vicario general y les pidió que rezaran por él. Habló al final en corso, la lengua local, “para animarles a seguir amando y luchando en esta vida con fuerza y entusiasmo”.
“Como pastor les dije que quería conocerlos por la proximidad, no sólo de una forma protocolaria, sino de una forma humana, cuidando la vida relacional”, cerró su discurso en una ceremonia que siguió los protocolos habituales en la ordenación y consagración y en la que el nuncio le colocó la mitra, la insignia que los obispos utilizan en los actos litúrgicos.