Madre de Nicolai, de 3 años
Elea Corretge: "Por las tardes arrastra su cuerpo"
Una sensación de cansancio recién levantado despertó la sospechas sobre Nicolai


Actualizado el 06/06/2021 a las 06:00
Nicolai rezuma vitalidad. La alegría ilumina su rostro con cada ascensión al pequeño montículo amortiguado de un parque infantil de Barañáin, donde vive. Reacciona con una sonrisa inocente a cada instante de su movimiento capturado por el fotógrafo. No aparenta debilidad y tampoco evidencia síntomas que eleve la preocupación de su madre Elea Corretge Albericio como tampoco de su pareja, Claudia Ghiringhelli. Lo que sucede es que desde Navidades el pequeño, de 3 años de edad, da muestras de cansancio que hasta entonces no había emitido. Los primeros días de confinamiento del núcleo residencial, también con su hermana mayor, de 6 años, recluida en el hogar, transcurrieron sin mayor sobresalto, salvo reacciones de “inapetencia”, que podían ser hasta comprensibles. “No tenía ni tos ni mocos. Los síntomas no eran llamativos”, concluye Elea.
A las semanas, surgieron las primeras sospechas de una reacción impropia del menor. “Mi madre, que es la encargada de llevarlos al colegio, comenzó a notarle más cansado de lo habitual”. Elea y su pareja pensaron que podría deberse a la propia dinámica del curso que suele ser más pesada para los iniciados en los ciclos inferiores de la escuela. “Además, Nicolai es el más pequeño de su clase, al ser de diciembre”, recalca su madre.
Hubo, sin embargo, una novedad en la rutina que aumentó ligeramente la inquietud en el hogar. “Por las tardes está derrumbado, arrastra su cuerpo. Lo llamativo es que hay mañanas, no todas, en que recién levantado va como arrastrado al colegio. A Nicolai no es que le guste el colegio, es que le encanta”, subraya Elea.
Pensando en qué le hubiese provocado ese cambio apareció la incógnita de la covid que contrajo en Navidades. Por de pronto, fue auscultado en pediatría y sometido a una prueba analítica para descartar “anemia” o cualquier otra alteración que pudiese incidir en el leve pero evidente descenso de vitalidad a determinadas horas del día. No hubo resultados negativos que llevasen a pensar en un mal mayor. Como propuesta para equilibrar su tono vital, la pediatra recetó vitaminas. “Y en ello estamos, atenta a ver cómo evoluciona”, afirma Elea.
Sin mayor inquietud que la surgida por el cambio apreciado en las semanas posteriores a Navidades, la única novedad introducida en sus hábitos es la recuperación de la silleta de paseo porque hay días en los que Nicolai no aguanta más allá de las siete de la tarde. Cae rendido.
