Trasplante de órganos
“Redescubrí a mi padre cuando me donó su riñón”


Actualizado el 03/06/2021 a las 06:00
Tenía casi 23 años cuando los médicos le dijeron a Mikel Luis Zudaire que “algo no iba bien” en su riñones. A pesar de la medicación, con el paso del tiempo notó un deterioro que, poco a poco, le restaba calidad de vida. “Recuerdo que me costaba hora y media subir una montaña o hacer un paseo que antes hacía en unos 50 minutos. Se me hinchaban los pies...”, contaba.
A los 26 años le comunicaron que “no había vuelta atrás”, que debería pasar a diálisis y la única solución era un trasplante renal. “Es un mazazo brutal en tu vida, pero en mi caso le di enseguida la vuelta y quise ser positivo”, contaba este vecino del Casco Antiguo de Pamplona. En 2014 entró en diálisis, lo que recuerda como una especie de “cárcel” por las largas horas y las ataduras que supone “la máquina”.
A Mikel no se le olvidará jamás el día que su padre le dijo que estaba dispuesto a darle uno de sus riñones. “Lo primero que piensas es: ¡Qué me cuentas papá! Pero también lo ves de manera egoísta y entonces tienes miedos de lo que pueda pasarnos a los dos, porque estaba mi madre y mi novia”.
Gracias a aquel trasplante, Mikel, como él mismo explica, “ha recuperado su vida”, se ha convertido en padre de un niño y anima a todas las personas a ser donantes. “Mi padre tenía sobrepeso y hizo un esfuerzo en un tiempo récord. Es un tiempo en el que redescubrí a mi padre. El cariño que le tenía entró en otra dimensión”, describía ayer.
Hubo miedos, responsabilidad, un trabajo psicológico de lo que iba a ocurrir, pero acompañado de su padre, quien acudía con su hijo a diálisis para apoyarle anímicamente. “Recuerdo, cuando estaba en la UCI, con un montón de cables, pero pensaba que ya no tendría que ir a hemodiálisis. La vida me ha cambiado como de la noche al día”, contaba.
Vicenta Mendoza Lucas: “Pasé la covid con una tos persistente y con algo de fiebre”
En febrero de 2020 justo se empezaba a escuchar que había casos de coronavirus puntuales por España, pero ella ya lo sufría. “Estuve en un balneario, donde había gente de otras comunidades. No sé si lo cogí allí o lo llevé. Empecé con un tos persistente, sin mucosidades, pero que me duró un mes. También tuve algo de fiebre, entre 37,5 y 38 grados. Al principio sentí mucho miedo porque no se sabía mucho de esa enfermedad, pero me preocupaba contagiar a mi marido y a mis hijas”. Así contó ayer Vicenta Mendoza Lucas, de 56 años y trasplantada de riñón, su experiencia con la covid. “Todos los médicos estuvieron muy pendientes de mi estado, de su creatinina, para ver qué medicamentos podía tomar. Afortunadamente salió todo bien”.
Vicenta, natural de Olazagutía aunque vecina del barrio de San Juan, tiene ahora 56 años. Fue hace casi trece años, en 2008, cuando le diagnosticaron enfermedad renal crónica. Pasó tres años en diálisis hasta que llegó el deseado trasplante. Recordaba así el momento de la noticia: “Estaba en Ubarmin para una prueba de la espalda. Una hija estaba a punto de venir de Alemania para casarse y otra estaba embarazada de mi nieto. Me llamaron de la Clínica que había un riñón para mí. Fue un verano maravilloso, con la boda, el nieto y el riñón”, contaba.
Vicenta recibió un riñón de una persona fallecida. Por eso, subrayó el agradecimiento a las familias de los fallecidos que deciden donar sus órganos. “Estaré eternamente agradecida a la persona que me lo donó y a su familia. Que sepan que quienes lo recibimos lo agradecemos de todo corazón y pensamos en ellos”.