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Coronavirus

¿Estamos preparados para abrir Navarra?

Sin entrar a valorar la derogación del confinamiento perimetral y de una mayor flexibilidad al amparo del fin del estado de alarma, especialistas de distintos ámbitos apelan a la responsabilidad individual frente a la tentación de la relajación: “El virus no está vencido”

Imagen de un control de la Guardia Civil, instalado en marzo en Ziordia, en límite con Álava.
Imagen de un control de la Guardia Civil, instalado en marzo en Ziordia, en límite con Álava.
Archivo. Cordovilla
Actualizada 08/05/2021 a las 06:00

Navarra despertará el domingo en nueva fase en el avance hacia la tan anhelada normalidad, cuya conquista parece eternizarse en medio del aluvión de contradicciones que han podido generar una sensación de “hartazgo” y “moderación de confianza” de la ciudadanía ante las instituciones. Desde el 22 de octubre, o lo que es lo mismo desde hace seis meses y medio, cruzar sus límites suponía exponerse a sanción de no haber por medio una justificación que legitimase franquear el muro invisible con las comunidades anexas. El nuevo escenario, argumentado por el Gobierno foral por la expectativa generada por el progresivo avance de la vacunación y un relativo control de los contagios cuyo índice no deja de ser preocupante, suscita un primer bloque de interrogantes que merece ser sometido desde distintos prismas a la opinión de voces autorizadas: “¿Estamos en condiciones de abrir el cierre perimetral en Navarra? ¿O es mejor ir poco a poco? ¿Lo pagaremos a medio plazo con un aumento de contagios?

El científico Ignacio López -Goñi , microbiólogo de la Universidad de Navarra y autor del blog microBIO, obra con sentido común y humildad en su respuesta, sin deseo alguno por su parte de valorar la idoneidad o no del nuevo rumbo normativo. “Si me pregunta por si estamos en condiciones ante el fin del cierre perimetral, mi respuesta es que no lo sé. En el fondo no lo sabe nadie. El mensaje interesante que transmitiría a la población es que la vacuna no es la varita mágica. O mejor dicho, sólo la vacuna no es la varita mágica. Hay que ser prudentes. Hay que combinar la vacunación con test antígenos que se pueden hacer más rápidos. Hay que insistir en las consecuencias de la transmisión por aerosoles e insistir en la continuidad del rastreo. Hay que reforzar la Atención Primaria. No se trata de pensar en que ‘se acaba el confinamiento’ y ya estamos preparados. No. Hay que continuar con las medidas”.

Ante una hipotética repercusión en la salud pública, como ha sucedido cada vez que ha roto una ola en la orilla de la flexibilidad de las restricciones, López-Goñi repara en otras experiencias. “¿Lo podemos pagar caro? Está pasando en otros países. Chile tenía una tasa de vacunación alta. Llegó su verano y abrieron muchísimo. Uruguay era un país que iba bien. India hace meses tenía otro índice que no es el que tiene ahora. La pandemia no ha acabado. No hemos vencido al virus”. Su conclusión es tan tajante como real para subrayar que, más allá de los cambios en el plano normativo o legal que se puedan dar, el control de la propagación tiene mucho de compromiso colectivo y más de individual.

La investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y codirectora del Laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología, Isabel Sola Gurpegui, se rige por la “prudencia” como premisa inicial ante cualquier novedad, probablemente por la conciencia que ha adquirido desde su labor y también por las secuelas del seísmo que ha dejado la pandemia en la memoria colectiva. Como dice, aquí “entran en juego factores económicos, legales. etc. Desde el punto de vista sanitario, la perspectiva que vemos ahora es positiva porque vemos que la vacuna avanza a buen ritmo y coincide con una menor incidencia y una menor transmisión del virus. Ahora bien, confluyen dos fuerzas que van en sentido contrario: el efecto positivo de la vacunación, que contiene la transmisión, la aparición de casos nuevos, la enfermedad y la muerte; y, por otro lado, las mayores posibilidades de transmisión que tiene el virus porque nos movemos más y nos ponemos más en contacto. Mientras encuentre personas no inmunizadas se va a transmitir”.

“Todo tiene consecuencias”, asegura, a sabiendas del riesgo que comporta todo cambio. “Si ahora se abre la veda y todos nos lanzamos inconscientemente con la idea de que volvemos a la normalidad, aumentarán los casos”. Ahora bien -aclara- “no nos encontramos en el mismo escenario de la desescalada del año pasado. Con la vacuna, el impacto de la transmisión puede ser más moderado, pero dentro de esa moderación es complicado decir si va a haber un incremento del 5 o el 20% de casos. Es una cuestión experimental. Que se quiten las medidas no quiere decir que el virus se ha ido”.

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José Luis del Pozo León dirige el Servicio de Enfermedades Infecciosas y el Servicio de Microbiología de la Clínica Universidad de Navarra. No desea en modo alguno entrar en el debate de si “las medidas anunciadas son o no adecuadas” desde la lógica del respeto y la sensata apreciación de que cualquier opinión en esa línea excede de su ámbito competencial.

Como hombre de ciencia, volcado en el último año y medio en la investigación sobre el mal que aqueja al mundo, parte de una evidencia que invita, cuando menos, a la reflexión: “Si hemos aprendido algo es que hay una clara relación entre medidas que se toman para evitar la transmisión e ingresos en hospital y UCI y muertes, y sus consecuencias. Cuando han sido más restrictivas, han redundado en una reducción de casos y cuando se han liberado, han aumentado. Un ejemplo claro de lo que nos ha pasado se encuentra en Navarra donde se pusieron medidas restrictivas en las Navidades y fuimos de las mejores comunidades en contención de casos en una tercera ola que fue ‘bastante benigna’ en ingresos hospitalarios. Sin embargo, después de perderse la conciencia de esas medidas, estamos sufriendo uno de los peores números de toda España, con una presión asistencial, con partes de ingresos, etc. A día de hoy, estamos en una situación de fragilidad en el ámbito sanitario. Hay que tener claro por qué se toman las medidas de restricción. Si el objetivo es evitar muertes e intentar reducir la presión al sistema sanitario. Cuando peor está, peor para el conjunto de los pacientes. Si la UCI está llena, hay cirugías que no se pueden hacer o consultas que se retrasan. Si no hacemos un ejercicio de responsabilidad individual, lo vamos a pagar seguro. Lo peor que nos puede pasar es que pensemos que mañana se acaba la pandemia y empiezan las vacaciones. Es lo peor que nos puede pasar. El ser humano se engaña fácilmente”.

Del Pozo no puede dejar de lado el cansancio acumulado, como tampoco olvidar la carga física y emocional que acumulan los sanitarios tras un año y medio de brega continua. Habla de “la fatiga pandémica” que, como señala, “se multiplica en el personal sanitario. Tenemos agotamiento físico, emocional, mental.. La covid ha azotado mucho. Hay personal de baja porque tiene un cuadro de post-covid. Ahora nos estamos dando cuenta de que la covid va a tener un impacto brutal en la población. Hay gente que no puede hacer vida normal. La situación no es aún buena en Navarra. Nos hemos acostumbrado a convivir con 200 pacientes ingresados por covid y eso no es normal”.

Desde el enfoque de la justicia, el abogado y profesor de Derecho Eduardo Ruiz de Erenchun entiende que “el confinamiento perimetral había que haberlo quitado hace muchísimo tiempo. Hace poco leía un estudio de la Politécnica de Madrid, que decía que no tiene ningún sentido mantener el cierre perimetral cuando el nivel de contagios es parecido entre comunidades. Lo que sí tiene sentido es el confinamiento local. Si un pueblo supera los niveles de contagio se ha de confinar, pero no pasa nada que un navarro vaya a Aragón cuando en ambas comunidades se está en 300 casos, por ejemplo. Tiene más sentido que el Gobierno de España confine a unas comunidades que tengan más incidencia que otras. No pasa nada por que se levante el confinamiento de la comunidad siempre y cuando las personas cumplan con las medidas de seguridad. Lo lógico es que si vienen madrileños a Navarra cumplan con lo estipulado aquí. Si vamos a pagarlo o no en el futuro depende de la responsabilidad de las personas. No he visto publicadas, y por tanto no sé si son ciertas, hay estadísticas que señalan que el contagio en el interior de hostelería está en el 5% y que el 95% restante se hallaría en domicilios, fiestas, y botellones, que es donde hay que actuar”.

La incógnita de la flexibilidad normativa admite una lectura desde el plano de las Ciencias de la Educación. El psicólogo infantil, pedagogo y terapeuta familiar Aser Sesma Galarraga no es propenso ni deseoso a hablar de “generalidades”. Como confiesa, le dan “mucho miedo”, porque “hay personas y personas”. Parte de un diagnóstico, elaborado de la observación y de las reacciones contempladas en particulares que han buscado consejo en su experiencia en los últimos meses. “Lo que se ha visto es un aumento de la ansiedad, de fatiga pandémica”, a la que aludía en el preámbulo de su reflexión el doctor José Luis del Pozo. Antes de emitir su parecer, aporta unas pinceladas al dibujo del contexto social, salpicado de muestras del estado anímico de las personas. “Hay-dice- una tensión de fondo muy fuerte. La población adulta ha vivido con mucha tensión, con miedo. Ha habido también aislamiento social. Los momentos de estar con familia y amigos son momentos de distensión. Ha habido acumulación de factores ansiógenos, que producen ansiedad. Y hay gente que se está rompiendo ahora. Ahora se ha acelerado la vacuna y ahora también cae el estado de alarma y las fronteras. Pienso que abrir tiene más de positivo que de negativo. Podemos pensar en situaciones concretas de familias separadas en provincias limítrofes. La clave está en seguir con el autocuidado. Hay familias que han sido muy cuidadosas, muy responsables y seguro que seguirán siéndolo con o sin fronteras”.

El doctor en Sociología y especialista en Educación y Desarrollo Social en la UPNA Sergio García Magariño es autor del libro Cronología de una pandemia. Opina que “la retirada de medidas debería ser gradual. Existe un motivo sociológico y otro estadístico para aplicarlas o retirarlas. Desde el punto de vista estadístico, las medidas deben ir acorde con los datos. Si evolucionan favorablemente, dentro de su complejidad, ya sean sobre la incidencia, ocupación de hospitales y el ratio de vacunación, incluso sobre la durabilidad de la inmunidad, habría que adoptarlas de forma gradual. Progresividad a la luz de la estadística. Esa es la cuestión. Desde el ámbito sociológico, se ha transmitido un mensaje contradictorio a la población. Si no hay soporte en los datos para tomarse las medidas y eso es consistente en el tiempo, se genera una sensación de hartazgo y de menoscabo de la confianza ante ellas. Se altera el comportamiento por esa falta de confianza ante la respuestas de las instituciones públicas. La respuesta ante fenómenos comunitarios, como es una pandemia, tiene que motivarse en el cultivo de la confianza”.

 

EL RIESGO DE LA RELAJACIÓN

Hay un segundo interrogante que sobrevuela el ambiente creado en torno el anuncio del fin del confinamiento de Navarra. Compete más a la respuesta ciudadana, al ejercicio y, ante todo, a la interpretación que cada persona pueda ofrecer al sentido de la libertad. ¿Es posible que la reducción de medidas dé lugar a prácticas inconscientes de relajación? Los expertos tienen la palabra.

“Relajación de la ciudadanía pero también de las autoridades”, aprecia Ignacio López-Goñi. “Lo que pasaba en Madrid no es culpa de Ayuso como tampoco lo que pasa en Navarra, de los navarros. Ni una cosa ni otra. La ciudadanía no se tiene que relajar en absoluto”, sostiene. El mensaje no varía, al menos, en este momento: “No hemos vencido al virus. La pandemia no se ha acabado. Hay que seguir vigilando”. La experiencia, tan necesaria como eficaz en el aprendizaje, le conduce a pensar en errores cometidos en un pasado no tan lejano para evitar su repetición. Conviene, a su entender, alejarse del discurso de “hace meses de que hemos vencido al virus, de que hemos salido más fuertes. No y no. Hemos de tener mucha precaución. Hay que seguir muy prudentes”.

Isabel Sola, la investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) nacida hace 53 años en San Adrián, advierte de un efecto no deseado que puede provocar la liberación de medidas “en un momento en el que la vacunación no se ha impuesto aún al avance del virus. Puede darse la impresión de que no hay miedo, de que hay libertad. Eso psicológicamente puede llevar a que bajemos la guardia y si no estamos inmunizados, el virus no encuentra barrera”.

En ese comportamiento descuidado existe lo que ella llama “efecto contagio porque somos seres humanos. Nos movemos por imitación aunque podamos reflexionar y ser conscientes de que aún no estamos vacunados. En el momento de salir a la calle, reaccionamos por efecto contagio. El comportamiento es también viral”. El cambio que se avecina tiene, como cualquier desafío científico, un sustrato de prueba-ensayo. “Todo esto va a ser un experimento. Levantadas las medidas de restricción legal habrá que ver cómo nos comportamos, cómo aplicamos la responsabilidad individual y cómo seguimos teniendo cuidados a pesar de que las normas no nos impida movernos. ‘Me voy a la playa’, bien, ¿pero voy a mantener la distancia?. Si lo hacemos bien no tendremos por qué ver un aumento de la incidencia”.

Dentro de la llamada compartida a la prevención y la cautela, José Luis del Pozo León recuerda que “cada vez que hemos intentado salvar Navidades, Semana Santa o el verano, no ha funcionado. La hemos fastidiado. Casi toda la atención se centra en este momento en qué medidas hay, en si podemos ir a una casa rural, a la playa.., cuando lo que hace falta es dar una información fidedigna y real de la situación existente y por qué se dan los contagios y en qué franja de edad se dan. Eso es lo que tenemos que entender para comprender que las medidas son medidas guía. Y claro, dependen del comportamiento que tengamos. Tenemos que hacer un ejercicio de responsabilidad ciudadana. Liberar estas medidas no puede ser excusa para relajarnos. La mayor parte de la población está en riesgo de sufrir covid. Ya hemos protegido a las personas mayores y ahora tenemos que seguir protegiendo al resto. Es algo que tenemos que saber. La clave es conseguir un equilibrio entre vacunar lo más rápido posible y restricción social. Ahí están los ejemplos de Israel y Gibraltar. Lo propio es que no nos relajemos en la medida de nuestras posibilidades por más que cueste”.

El abogado Eduardo Ruiz de Erenchun sugiere a Gobierno y ayuntamientos emprender iniciativas de sensibilización con mensajes contundentes y directos, apoyados en relatos e imágenes tan ciertas como sobrecogedoras. “Así como con el tabaco o accidentes de tráfico se han utilizado imágenes muy duras, no he visto una campaña con una persona en la UCI, con testimonios de personas que han sufrido la covid o han perdido a un ser querido. Sé que se han hecho algunas, pero no tan directas”. El objetivo de su propuesta es avivar la conciencia del mal que nos aqueja, prevenir antes que lamentar y ahuyentar la mínima tentación de bajar los brazos.

También el psicólogo Aser Sesma cree que “el peligro de la relajación es real”. Todo “depende del nivel de responsabilidad”, ofrece como solución. “En general, creo que hemos acogido estas medidas como necesarias. Quizá alguna habría que matizar. Ahí está, por ejemplo, el sector de la hostelería, que sólo él sabe lo que ha sufrido. Pero hemos de ser conscientes de que no había una situación tan gravísima desde la Guerra Civil y a nivel mundial. Hay una conciencia mayoritaria de que hacían falta estas medidas urgentes cuando la situación era grave. Es cierto que todos agradecemos que puedan retirarse medidas globales, pero insistiendo en el autocuidado”. Por encima del riesgo y a la vista de las circunstancias extremas vividas, Sesma quiere pensar que la mayoría no va a claudicar en su respuesta ciudadana. “Ahora somos más conscientes que el año pasado de que esto es grave”.

El investigador en Sociología Sergio García Magariño aporta nuevos argumentos en torno al “menoscabo de la confianza” pública, que no es baladí, ante “tantos cambios habidos, algunos de los cuales no han respondido cuestiones racionales sino a otras lógicas, como presiones de sectores empresariales, al deseo de acelerar la recuperación económica, a dinámicas electoralistas de Madrid... Se han generado tantas contradicciones en la manera de gestionar la pandemia, no sólo en Navarra, donde ha habido más consistencia, que la gente tiene tan difícil creerse lo que dice el Gobierno porque se ha menoscabado la confianza. Ahora se junta que la gente se pueda mover con lo que desea escuchar, que es que la cosa esté bien. El Gobierno central con el fin de estado de alarma dice que el Consejo Interinstitucional tiene instrumentos. Ese mensaje es contradictorio. Antes decía lo contrario. Y todo eso crea un clima de menoscabo de confianza cuando además la gente quiere volver a la libertad”.


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