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Superación

Nerea dejó las drogas y ahora motiva

Nerea Dávila atravesó una adolescencia complicada en la que dejó los estudios, flirteó con el ‘speed’ y la coca, y caminó al filo del delito. Pero la ‘oveja negra’ salió del redil y ahora, con 26 años, estudia Integración Social e imparte charlas de motivación

Nerea Dávila Nuin, de 26 años, en el Club de Piragüismo de Pamplona, donde hace prácticas.
Nerea Dávila Nuin, de 26 años, en el Club de Piragüismo de Pamplona, donde hace prácticas.
Actualizada 20/04/2021 a las 13:24

La vida de Nerea Dávila Nuin ha dado un giro copernicano en la última década. Y en sus 26 años acumula más experiencias que otras personas en la vejez. Ha transitado por el sinuoso camino del abandono escolar, las drogas y la delincuencia, que se retroalimentaron como la pescadilla que se muerde la cola. Flirteó con la coca, el ‘speed’ y el cristal y estuvo detenida en varias ocasiones por robos en plena calle. Por no hablar de los porros que fumaba a diario y que le crearon adicción. “Pero un día, todo cambió”, sonríe al recordarlo. Y no pierde la sonrisa durante su relato. Consiguió terminar la ESO, acceder a un curso de Formación Profesional de Grado Medio y ahora estudia una FP de Grado Superior de Integración Social e imparte charlas de motivación a sus compañeros de clase. “Soy la mayor -cuenta- y les gusta que les explique cómo era mi vida antes y cómo cambié”, se enorgullece. Y recalca que quiere contar su historia para “ayudar” a alguien que esté pasando por una situación similar. “Nunca hay que dejar de luchar por la vida. Si estás mal, ¡cree en ti mismo! Si es tu hijo el que atraviesa esta situación, ¡confía en él y apóyale!” En su caso, insiste Nerea, el apoyo de su familia, sus padres y su hermano mayor, ha sido decisivo. “Estoy muy agradecida. Haber conseguido llegar a dónde estoy es un verdadero privilegio”.

El relato de Nerea comienza con su décimo cumpleaños. Un aniversario que coincidió con la separación de sus padres. “Entonces empecé a torcerme en la vida. Al empezar la ESO (12 años), ya era muy ‘faltona’ y perdía el respeto a la gente”. Recuerda que en aquellos años se sentía “muy sola” y “desatendida”. “Empecé a comer de manera compulsiva y a fumar porros. Visto desde la perspectiva actual, creo que tenía ‘hambre emocional’ y por eso devoraba. Entonces era gorda. Es el insulto que más he escuchado en toda mi vida”. La joven, continúa su historia, dejó los estudios y no consiguió el título de ESO (16 años). “Lo que supuso un gran disgusto para mi familia”. Además, añade, su hermano mayor era “muy formal y tranquilo”, por lo que ella “contrastaba aún más.

Ya fuera de las aulas, comenzó a trabajar y a juntarse con “gente con problemas”. “Me empleé en un almacén, una cafetería... En lo que podía”. Una situación que, casi como una espiral causa-efecto, la sumergió de lleno en el mundo de la droga y la delincuencia. “Mis amigos y yo robábamos por la calle a la gente para conseguir dinero para comprar drogas. Alguna vez, también vino la Policía a casa a detenerme”, cuenta ahora como si fuera una historia ajena. Y de ahí al consumo de drogas, solo hubo un paso. “Fumaba porros a diario. También consumí ‘anfetas’, coca, ‘speed’, cristal... De todo lo que pillaba”. Su madre, recuerda ahora Nerea, le decía entonces que el camino que había escogido solo la iba a llevar “a la prostitución, la delincuencia o la drogadicción”. Y casi fue así.

“La droga me ayudaba a evadirme de mis problemas”, cuenta. En aquellos años, su madre se fue de casa y ella y su hermano vivieron con su padre. “Pero él no ponía ningún límite”.

Aunque, poco a poco, la joven comenzó a enderezarse. Y, con 19 años y después de tres lejos de las aulas, pasó por un internado en Zaragoza y se matriculó en los talleres profesionales de Lantxotegi, en Berriozar. “Aquella experiencia me ayudó muchísimo. Los profesores eran, sobre todo, educadores. Gracias a ellos, dejé los porros y saqué el acceso al grado medio de FP”.

Mientras, trabaja en limpieza en la escuela taller de Ilundáin e iba al psicólogo todas las semanas. “Conseguí un trabajo de limpiadora, que es un empleo muy digno. Pero pensé que tenía que hacer algo más”, confiesa.

HABILIDADES SOCIALES

Y gracias a la ayuda de los educadores y a las habilidades sociales que le inculcaron, recuerda, se matriculó en el grado de Atención a personas en situación de dependencia, en la Escuela de educadores del Gobierno de Navarra (en la calle Mayor, en el antiguo Palacio de Ezpeleta y que albergó el colegio de las Teresianas). “Me encantó. Utilizaban una pedagogía más humanista, sin exámenes ni libros y con prácticas desde el primer curso (en el centro de educación especial Isterria de Ibero, el centro Valle del Roncal en la Txantrea o la residencia de ancianos Ama Mutilva). “Pasé a estar en el otro lado y a devolver un poco lo que yo había recibido”.

Así, con unas notas brillantes que sumaban sobresalientes y Matrículas de Honor, comenzó a estudiar una FP de Grado Superior, Integración social, también en la Escuela de educadores. “El objetivo de estos estudios es trabajar con menores en exclusión social, mujeres víctimas de malos tratos, drogodependientes, emigrantes... ¡He pasado al otro lado!”, se ríe. Y ahora hace prácticas en el Club de Piragüismo de Pamplona con “chavales con diversidad funcional” (algún tipo de discapacidad).

PSICOLOGÍA O PEDAGOGÍA

Nerea cuenta que ahora es la mayor de su clase (sus compañeros más jóvenes tienen 18 años). “Pero no me importa porque me ven como un referente. Yo puedo contarles el síndrome de abstinencia que se pasa al dejar los porros. Con taquicardia, sudor, alucinaciones o, incluso, ansiedad o depresión. Les hablo de estas ‘movidas’ y les ayuda a motivarse. Porque ven que los efectos de las drogas pueden ser muy graves”.

Con el objetivo en mente de terminar estos estudios y seguir formándose (en Psicología, Pedagogía o Deporte), Nerea sigue avanzando. “De haber sido la ‘oveja negra’ en el redil, ahora me ven como referente”, reconoce, al tiempo que aplaude las virtudes que ha encontrado en el deporte que ahora practica (muay thai (un tipo de boxeo), correr, atletismo, fútbol...) “Con el deporte he encontrado mi verdadero ser. Y con mi formación, me he dado cuenta de que he venido a este mundo a cooperar”.

Y no puede dejar de dar gracias a su familia. “Han sido un soporte importantísimo. He llegado a donde estoy ahora gracias a ellos y es un privilegio. Estas experiencias me han ayudado a crecer, igual que a mi madre”. Por eso, insiste, si ella ha sido capaz de escapar de ese mundo (“pensé que me iba a convertir en narcotraficante”), cualquiera puede. “¡No hay que dejar de luchar! Yo antes no era feliz. Y ahora, sí”.


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