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Sucesos

Adolescentes delincuentes, desafío diario a las policías en Navarra

En la teoría, el sistema ambiciona proteger al menor y corregir cualquier conducta desviada. En la práctica, hay perfiles complicados que retan a diario a las policías, sin que exista una fórmula mágica que garantice que no van a volver a delinquir

Tres jóvenes caminan por una calle de una localidad del estado de Colorado, en Estados Unidos.
Tres jóvenes caminan por una calle de una localidad del estado de Colorado, en Estados Unidos.
AFP
Actualizada 18/04/2021 a las 09:27

El de la delincuencia juvenil es un fenómeno que ha existido siempre. En Navarra, además, en los últimos años se ha mantenido estable, sin que los datos reflejen un incremento significativo de los delitos cometidos por los menores de 18 años. Eduardo Sáinz de Murieta, responsable del Área Criminal de Policía Foral, indica que este cuerpo imputó el año pasado 65 hechos delictivos a personas que aún no habían alcanzado la mayoría de edad: 52 de ellos fueron varones y 13, mujeres.

También en su repaso a la memoria anual de la Fiscalía, José Antonio Sánchez, fiscal superior en la Comunidad foral, detallaba en una visita al Parlamento, el pasado otoño, que el número de procedimientos a menores en Navarra se sigue manteniendo en parámetros similares a ejercicios anteriores, siendo los delitos contra el patrimonio (mayoritariamente, hurto de móviles y bicicletas), los más frecuentes. Además, llamó la atención sobre el “destacado porcentaje” de menores de 14 años, inimputables penalmente, acusados de delitos cometidos con nuevas tecnologías, pero de los que, indicó,“curiosamente la gran mayoría no tiene conciencia de que están cometiendo delito”

A este análisis general, más o menos estable, se suma la realidad cotidiana que trasladan desde los cuerpos policiales, con unidades especializadas en este tipo de actuaciones con personas de menos de 18 años, que ven cómo en el día a día hay adolescentes problemáticos que delinquen de modo recurrente. No son pocos los que admiten que las herramientas del sistema para atajar la delincuencia juvenil son a veces “pocas” y “demasiado garantistas con algunos menores, pocos, sí, pero guerreros, que aunque en su DNI cuenten con 15 años, su madurez delictiva es propia de un veinteañero”. Para este tipo de afirmaciones piden el anonimato. “Eso no me lo pongas con el nombre. Es muy políticamente incorrecto decirlo, pero todos sabemos que hay algunos piezas que nos traen de cabeza”.

 

LOS 14 Y LOS 18 AÑOS

La Ley del Menor establece dos fronteras cronológicas muy claras: los 14 y los 18 años. A partir de la primera, una persona puede ser juzgada. Por debajo de esa edad, se le considera inimputable, y no es objeto en ningún caso de un procesamiento. Desde los 14 y hasta alcanzar la mayoría de edad, sus actuaciones son valoradas en el marco de la Ley del Menor, encaminada sobre todo a proteger y corregir cualquier conducta. Dicho en plata, privar de libertad es el último recurso y por supuesto ni se plantea el ingreso en un centro penitenciario. Se trabaja desde el punto de vista social con ese menor y solo en casos muy excepcionales se le restringen sus libertades.

Por ejemplo, la juez de menores decretó en 2019 en Pamplona el internamiento en un centro de un menor de 17 años durante 6 meses. Se le investigaba por 7 delitos de robo perpetrados en un periodo de 18 días en la capital navarra. Cuatro de los robos se llevaron a cabo en establecimientos abiertos al público y los otros tres en viviendas, dos de ellas habitadas, todo ellos ocurrido entre el 12 y el 30 de septiembre. En su auto, la magistrada explicaba que el joven, de origen marroquí, carecía de familia en España y residía en un centro de protección de menores del que se fugaba en reiteradas ocasiones, por lo que señaló que “precisa de un entorno de mayor contención”. De igual forma, añadía “no parece ser consciente de los hechos atribuidos, de forma que no existe garantía de poder evitar la comisión de nuevos hechos delictivos en un entorno de medio abierto”.

En este sentido, el equipo técnico del juzgado informó de que la situación actual del mismo hacía “ya necesario un recurso de contención para poner freno a la situación y dar al menor la estructura educativa necesaria que le ayude a interiorizar la conducta social apropiada”. Por tanto, para la juez resultaba “evidente que el entorno de medio abierto no puede dar la respuesta educativa que el menor precisa en estos momentos, en orden a poner fin a su reiteración delictiva”, por lo que, para evitar nuevas víctimas, “se hace precisa la medida interesada que permita, a un tiempo, afrontar las necesidades que el mismo presenta y reconducir su comportamiento antisocial, superando la situación de riesgo en la que se encuentra”.

Durante los seis meses de internamiento en régimen semiabierto en el centro de reforma, el menor debía cursar un programa educativo elaborado al efecto.

 

LA HERRAMIENTA QUE HAY

En la UFAM (unidad especializada en Familia, Mujer e Infancia) de la Policía Nacional en Navarra cuestionan que sea sencillo enjuiciar la problemática con un mismo rasero. “¿Buena o mala la Ley del Menor? Es la herramienta que hay y con ella debemos trabajar. Está claro que hay chavales complicados a los que es difícil sacar de ese recorrido delictivo, pero sin duda esa etapa entre los 14 y los 18 años requiere de especial protección. En general, el bagaje que tienen estos chicos no es el mismo que el de un adulto y la ley trata de ampararles”. Su responsable en la Comunidad foral admite que pueda haber ciudadanos que se indignen ante determinados comportamientos sin respuesta punitiva, pero subraya que la ley es la que es. “Un adulto que comete un hurto reiteradamente tampoco va a la cárcel”.

Sobre todo en las últimas semanas, el responsable de la Policía Local de Tudela, Juan Cruz Ruiz, se ha visto inmerso en varias actuaciones sucesivas con el mismo grupo de menores. El martes, tres jóvenes, dos de ellos de menos de 18 años, resultaron detenidos después de protagonizar un reguero de incidentes. Se colaron en una finca, rompieron diez retrovisores, dieron patadas al mobiliario urbano e increparon e insultaron a varios viandantes. Uno de ellos había sido ya arrestado el lunes después de otro altercado y, durante el forcejeo de la detención, mordió a uno de los agentes. Tiene además diligencias previas abiertas en la Policía Foral. “Hay hastío y descontento entre algunos vecinos. La gente quiere resultados pero la normativa es la que es y se les aplica. No es lo mismo unas molestias a la convivencia que un hecho delictivo. En cuanto tenemos conocimiento de un hecho delictivo se les arresta y se les pone a disposición judicial, en este caso Fiscalía de Menores, con aviso a los padres y representantes legales. Hacemos muchas actuaciones con ellos y se meten muchas horas, pero hay veces en las que tenemos complicado hacer más”.

A las actuaciones habituales de las labores policiales se les ha sumado este año la detección de incumplimientos a la normativa covid. “La gente llama para avisar que hay botellones en tal sitio, pero vas, se les identifica, denuncia si es caso, y dispersa, pero nada les impide regresar al día siguiente”. En este ámbito de la infracción administrativa, el perfil de incumplidor es muy amplio. “Hay de todo tipo de chavales”. A dar el paso de cometer un delito, como los arrestados por destrozar retrovisores (causar daños por valor de más de 400 euros o agredir a un policía, como el agente al que mordieron) solo llegan unos pocos. “No hay que criminalizar a toda la adolescencia, la gran mayoría lo hace muy bien, también los menores tutelados, que a veces están en el disparadero. Tampoco ese es el perfil que más vemos en estas situaciones”, incide.

 

UNOS 15- 20 INIMPUTABLES

Policía Municipal de Pamplona también trabaja el área de los menores desde un equipo de intervención específico. Son los UPAS (Unidad de Protección y Social).

Con motivo de este reportaje, el jefe de este equipo sitúa en unos 15-20 casos aproximadamente de media cada año en Pamplona con menores de 14 años implicados, y por tanto inimputables, prácticamente todos de carácter leve. Los hurtos, las peleas y los delitos relacionados con el ámbito sexual son el triunvirato que más actuaciones les suponen. A veces, unidos. “Las redes sociales es donde ahora vuelcan todo. Si hay una pelea o se pega a uno, lo graban y lo suben. Si es una foto con contenido sexual, lo mismo”, relata.

Desde su experiencia, los menores con mayor proyección para despuntar en el mundo de la delincuencia son aquellos en los que las familias “no responden” y, por tanto, se encuentran en una situación de mayor desprotección. “Ahí está nuestra labor, la de la Fiscalía, los colegios, los equipos de infancia con los educadores que van a esos hogares y trabajan con esos hijos y con sus padres...”.

Las nuevas tecnologías han invadido todas las tipologías de delito, añade. “Antes a los chavales les sacaban la navaja para robarles la cartera. Ahora se llevan su teléfono”.

Desde UPAS se menciona además un elemento que está presente en el resto de análisis y valoraciones que comparten otras policías. “Las redes no tienen límites, son una generación que muchas veces han crecido sin esa noción, y eso conlleva un acceso a determinados mundos que, con esa mentalidad y siendo aún inmaduros, pueden acarrearles un riesgo: pornografía o apuestas, por ejemplo”.

 

OJETIVO: SENTAR CABEZA

Recuerda Sáinz de Murieta casi con cariño la trayectoria delictiva de algún joven que ha pasado de ser un viejo conocido de la Policía Foral a sentar cabeza e incluso tener familia, comenta. Ese es el objetivo primordial de cualquier intervención. Que revierta ese comportamiento, que se reconduzca. No hay una fórmula mágica, es así, avala este comisaría, pero su receta requiere su ‘tiempo de preparación’.

“No es fácil rehabilitarse en el corto plazo. Hay conductas que requieren alejarse de unos consumos, por ejemplo, y para eso hace falta tiempo”. A los perfiles más problemáticos, que sí existen, y suelen derivarse de situaciones “excepcionales y muy complejas”, pide dedicar una intervención multidisciplinar. Y esperar. “Por el bien del menor y de la sociedad, la foto fija hay que hacerla meses o seguramente años, 4-5 años después”.

Los primeros coqueteos con incumplir la ley suelen ser faltas de carácter leve que tienen lugar a partir de los 13 o 14 años. Entre otras, ausencias injustificadas a clase, malas notas, consumo de drogas, inicialmente alcohol, para evolucionar hacia el consumo de marihuana y más adelante el speed.

Por lo general, los agentes identifican a los autores de delitos contra el patrimonio a pequeña escala, tales como hurtos de cosas de poco valor en comercios, supermercados, no pagar el transporte público, peleas con otros menores con ocasión del ocio nocturno, robos de teléfonos móviles al descuido en bares o en otros lugares sobre los que les surge la oportunidad tales como vestuarios en piscinas o de sus propios colegios.En general en una primera fase son acciones delictivas ocasionales, leves y poco especializadas. La mayoría desisten del delito en la medida en que avanzan hacia la mayoría de edad.

 

EL CRISOL DE LOS 16

Unos antes y otros después, pero en torno a los 16 años se puede decir que “lo peor” de la etapa rebelde, por lo general, ya ha pasado. Evidentemente, no en todos los casos, admite Sáinz de Murieta. “Quienes persisten en el delito van cometiendo cada vez delitos de mayor intensidad, como pueden ser robos de bicicletas para luego revenderlas y obtener un beneficio, robo en interior de vehículos, robos con violencia o intimidación, delitos de tráfico de drogas o delitos contra la seguridad vial”.

Los agentes también detectan que es en torno a esta edad cuando hay grupos o bandas con miembros que portan armas blancas, como medio de intimidación, así como muestra de poder ante sus iguales. “Emergen posibles trastornos de personalidad y se juntan con iguales que delinquen y que tristemente son modelos de imitación en muchos casos”. Son acciones delictivas que en muchas ocasiones están orientadas a financiar el consumo de drogas. En menor medida pero no puede obviarse, también cometen delitos contra la libertad sexual, completa su informe este comisario.

“Uno de los problemas que se genera llegados a este punto es que son etiquetados socialmente como delincuentes y ello, relacionado con la dificultad de las familias de poder controlar a los menores, hace que sea complicado intervenir con ellos sin apoyo externo profesionalizado”, asegura, admitiendo cierta cifra negra de violencia intrafamiliar en varios de estos perfiles.“Suceden episodios de violencia hacia los padres o responsables de estos chicos, que normalmente no se denuncian por la dificultad que ello supone para las familias. Únicamente cuando la situación es insostenible se derivan a la policía”.

La ‘ruta’ que se abre en estos casos pasa por un ingreso en centros de acogida para que personal educador especializado pueda intervenir con ellos en orden a su socialización y que puedan estudiar o formarse para alcanzar una profesión, “y por tanto una ocupación y un puesto de trabajo que les permita desarrollarse personal y profesionalmente”.

“Mientras tanto es verdad que no hay que descartar la posibilidad de que un menor cometa un delito grave, pero el mensaje que hay que llevar a la ciudadanía es que los distintos recursos policiales nos esforzamos por controlar a los chavales que despuntan como conflictivos. En Navarra desde luego no son muchos, delincuentes ‘de carrera’, afortunadamente, no tenemos muchos”.

No hay claves para vigilar a todos, pero la experiencia les indica que no ayuda a una protección del menor cualquier conducta asociada a consumo de drogas o falta de control y supervisión parental. Obviamente, también hay cierto componente ‘innato’.

“Hay factores asociados a la persona que pueden favorecer la realización de conductas delictivas cómo son baja autoestima, bajo autocontrol, más propensión a asumir riesgos, más impulsivos jóvenes que reaccionan con más violencia ante cualquier situación o que ante su ausencia de habilidades sociales para tratar un conflicto, lo resuelven utilizando violencia”

Por eso, desde la Policía Foral se apuesta por la importancia del control y la supervisión familiar. “ Que ante conductas desviadas se interpongan límites claros y definidos, que haya consecuencias reales ante conductas desviadas”, concluyen.


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