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Coronavirus

Un paciente covid en la UCI supone un coste de hasta 2.300 euros al día

La estancia media por el virus en las unidades navarras es de 21 días

Actualizada 28/02/2021 a las 08:53

 

 

La estancia de un paciente con coronavirus en una Unidad de Cuidados Intensivos del sistema sanitario público navarro (Complejo Hospitalario de Navarra y hospitales de Tudela y Estella) supone un coste económico de entre 2.200 y 2.300 euros al día.

Concretamente, en las UCI del Complejo Hospitalario, 2.212 euros. La cifra la aporta Juan Pedro Tirapu, jefe del Servicio de la UCI del Complejo y coordinador de las unidades de críticos públicas y privadas de Navarra dentro del plan conjunto contra la covid. El gasto incluye lo referido al personal, tratamientos, técnicas complejas y equipamientos como apartados principales.

La estancia media en la UCI de un paciente con coronavirus en Navarra se sitúa en 21 días, frente a las ocho jornadas que suelen constituir el plazo habitual en esas unidades cuando la covid no está de por medio. De esta manera, el gasto total por paciente asciende a unos 46.452 euros, si bien ha habido casos de permanencia que han llegado a rebasar el centenar de días. “La estancia ha ido cayendo, aunque actualmente todavía hay pacientes de la segunda ola ingresados. Uno de ellos está cerca de alcanzar los 90 días”, apunta Tirapu, para recordar a un hombre que, tras “quedarse enganchado de la primera ola a la segunda”, terminó muriendo.

LA UCI, POR DENTRO

Las UCI del Complejo Hospitalario de Navarra se estrenaron en mayo de 2015. Primero la A, ubicada en el pabellón C del antiguo Hospital de Navarra. Unos días después la B, en el edificio de quirófanos de Virgen del Camino.

La UCI A dispone de 24 boxes con otras tantas camas, si bien tres de los boxes pueden doblarse para obtener una dotación total de camas de 27. Por su parte, la UCI B cuenta con 10 boxes ampliables a 12. “Hay dos habitualmente cerrados que se emplean para pacientes propios de UCI en invierno, época más proclive, u ocasionalmente por Pediatría”, indica Tirapu.

La dimensión de cada box, en ambas unidades, oscila entre 20 y 25 metros cuadrados en los que no pueden faltar un monitor multiparamétrico, un respirador de altas prestaciones y monitores auxiliares al tratarse de una UCI polivalente (presión intracraneal craneal, cirugía cardiaca...). En el Complejo Hospitalario, estos recursos están dispuestos en las denominadas ‘torres secas’. Por otro lado, está el bloque para bombas de perfusión, sonoterapia, técnicas de diálisis... Conforma la ‘torre húmeda’. La torre seca se sitúa a la derecha de la cabecera de la cama mirando desde los pies del paciente. La húmeda, a la izquierda. “La cama es fundamental y prácticamente el dispositivo más caro”, detalla el responsable. “El paciente prácticamente no se puede mover y en este momento hay colchones y camas capaces de ayudar a que n o se formen úlceras, que el paciente tenga una buena circulación y de hacer técnicas respiratorias”.

En la pared de enfrente a los ojos del ingresado hay una pared con una televisión y un reloj, instrumentos efectivos para su entretenimiento y su orientación. A su derecha queda la puerta corrediza del box que conecta con la zona de controles, trabajo y trasiego de los sanitarios. Un botón acciona la apertura de la puerta, que en el caso de pacientes covid vuelve a cerrarse por sí misma automáticamente. El habitáculo es de presión negativa, de tal forma que, en el momento de la apertura, el virus que pueda estar alojado dentro no sale al exterior. En la UCI A, fuera del box, nada más salir de él, se ubica el puesto de trabajo o de enfermería, con monitores que replican los del interior y sirven para controlar las constantes del enfermo, su evolución o la alimentación y medicación que ha recibido. En la UCI B, estos puestos están dentro del box. El área central de las unidades la ocupan los puestos de control (desde donde entre otras acciones puede verse en una pantalla lo que ocurre en el interior de los habitáculos) y de farmacia. En la UCI A, un puesto de control para cada ocho boxes y uno de farmacia para cada doce. A cada lado del área central, divididos entre pares e impares, se distribuyen los boxes.

A la izquierda de la cama, con una puerta y una pared acristalada de por medio, discurre el pasillo independiente por el que los familiares pueden acceder a ver al paciente y que también dispone de sala de espera, estancias donde los sanitarios comunican la evolución de los enfermos y, en el peor de los casos, una sala de duelo para las despedidas. La decoran sendas imágenes de San Fermín y San Miguel de Aralar o un pequeño paisaje pintado, obsequios algunos de ellos de familias, y una bendición enmarcada del arzobispo Francisco Pérez.

DE PUERTAS ABIERTAS

Las Unidades de Cuidados Intensivos del Complejo Hospitalario están diseñadas como de puertas abiertas para posibilitar el acompañamiento del enfermo por los suyos. “Cuando un paciente puede tener a su lado a su mujer o su hija o un familiar responsable, se hacen cuadros de delirio con menor frecuencia y por lo tanto se necesita menos tratamiento farmacológico para controlar su estancia. Sobre todo la gente más mayor, si la desconectas, sufre delirios o desorientaciones relevantes. El acompañamiento familiar, la televisión o la radio ayudan a que eso sea más llevadero. Dejar que las familias puedan estar con los pacientes más tiempo, algunos se quedan a dormir, nos está ayudando”, manifiesta Juan Pedro Tirapu. Pero con la covid todo se volvió más difícil, en la primera ola más que en la segunda. “La familia de casi todo paciente covid está confinada, los que nos obligó sobre todo en la primera ola a conectar con ellos por teléfono o videollamadas. A partir de la segunda, con más conocimiento y restringiendo un poco la cantidad de gente que puede venir, hemos podido trabajar más con las familias”. Citas por horas, limitación de personas que pueden estar con el paciente y alternancia entre boxes pares e impares han sido las fórmulas para que todo se compatibilice lo mejor posible.


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