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El poder de los ricoshombres

Una serie de publicación mensual de la periodista y escritora pamplonesa Begoña Pro acercará desde este viernes en Diario de Navarra las historias de las dinastías que sustentaron la monarquía navarra

La periodista y escritora pamplonesa Begoña Pro inicia una nueva sección en Diario de Navarra
La periodista y escritora pamplonesa Begoña Pro inicia una nueva sección en Diario de Navarra
Una serie de publicación mensual de la periodista y escritora pamplonesa Begoña Pro acercará desde este viernes en Diario de Navarra las historias de las dinastías que sustentaron la monarquía navarra.
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El viernes se publicará un artículo de presentación de la serie que Begoña Pro ha preparado para el último viernes de cada mes.
El viernes se publicará un artículo de presentación de la serie que Begoña Pro ha preparado para el último viernes de cada mes.
Actualizada 14/01/2021 a las 06:00

La periodista y escritora pamplonesa Begoña Pro Uriarte inicia una nueva sección en Diario de Navarra sobre los linajes que sustentaron la monarquía navarra. Ricoshombres -acepción propia de Navarra- que juraban fidelidad al rey y ostentaban gran poder, también funcionaron como contrapeso al del monarca, asegurándose que cumplía con lo prometido en su ceremonia de coronación. Muchos de estos linajes llegaron a protagonizar y desencadenar los acontecimientos más trascendentales del reino de Navarra. La serie comienza este viernes con un artículo de presentación y seguirá, desde el día 29, el último viernes de cada mes.

El origen de los linajes se remonta al momento en que surgió la monarquía navarra y a los familiares del rey que fueron agrupándose a su alrededor. Fue así como muchos lograron puestos de relevancia en la casa del monarca (mayordomo real, coperos, paneteros, limosneros, caballerizo...) y en el reino, como obispos, abades, abadesas, alférez del estandarte real, tenentes (se les entregaban plazas, muchas veces en fronteras, para defenderlas).

“Estos familiares acabaron teniendo verdadero poder, convirtiéndose en linajes, sagas familiares que fueron heredando a lo largo del tiempo”, explica Pro, resaltando que la heráldica (blasones, escudos...) que comenzó a representarse en el siglo XII en libros de armas se convirtió en aval del origen noble, en la conocida como carta de hidalguía.

Señala Pro que muchos de estos linajes protagonizaron, “e incluso desencadenaron”, los acontecimientos más importantes y trascendentales del reino de Navarra. Nombra, por ejemplo, el cambio de dinastía de la Íñiga a la Jimena, el asesinato de Sancho IV en Peñalén, la elección de García Ramírez tras la muerte de Alfonso I el Batallador -en su testamento este último dejó el reino a las órdenes militares, y los ricoshombres decidieron ofrecer la corona a García Ramírez-, la llegada de Teobaldo I a Navarra -fueron a buscarlo a Champaña para ofrecerle la corona-, la coronación en Pamplona de Luis I -fueron a París en su busca para convencerle de que viniera-, la elección de Juana II como reina o la guerra civil tras la muerte de la reina Blanca de Navarra entre agramonteses y beamonteses.

Con un lugar destacado en la ceremonia de coronación de los reyes, juraban fidelidad al monarca y ayuda para mantener y mejorar los fueros “siempre y cuando el rey cumpliera lo que había jurado en su ceremonia de coronación”, lo que no significa que actuaran como fiscalizadores del monarca, pero sí como “contrapeso al poder del rey”.

Los ricoshombres dispusieron de muchas prerrogativas y acapararon gran poder. Además de dar legalidad al rey al participar en la ceremonia de coronación y de ser quienes levantaban en el pavés al nuevo monarca al grito de “real, real, real”, las sentencias judiciales eran más benévolas con ellos que con el resto de clases sociales, los reyes no podían declarar la guerra a otro reino sin su consentimiento y estos linajes tenían la última palabra en el nombramiento del rey si no consideraban apto al heredero, de ahí el cambio, por ejemplo, de la dinastía Íñiga a la Jimena.

También se produjeron movimientos entre estas familias, al acabar, por ejemplo, algunas casas fundiéndose con otras (como ocurrió con los Cascante y los Monteagudo) o dictando otras sus propias alianzas (como en la Guerra de la Navarrería, al unirse los Almoravid con los Baztan en un bando y en el otro, los Cascante con los Monteagudo...).

Es difícil concretar cuál fue el primer linaje o cuál es el primero del que se tiene constancia en Navarra. Explica Pro que sí puede indicar que hacia el siglo XI comienzan a repetirse nombres, aunque más representativos de familias que de individuos. “Y, precisamente por coincidir muchos nombres, a veces es difícil distinguirlos. Pero es cierto que a partir del siglo XI-XII se empieza a nombrar, por ejemplo, a los Lehet [o Leet] o los Almoravid como identificativos de una familia”, indica la escritora, que añade que en Navarra se han estudiado distintos linajes, lo que en ocasiones pueda permitir a interesados en el tema rastrear alguno de sus apellidos.

Pro distingue dos tipos de linajes, correspondientes con la trayectoria de la monarquía en Navarra. En un primer momento, esta fue muy endogámica, con las dinastías Íñiga y Jimena, de modo que el origen de los linajes también fue muy autóctono. Entre ellos estaban los Almoravid, los Aibar, los Baztan, los Cascante, los Lehet, los Guevara, los Mauleón, los Monteagudo, los Rada, los Arróniz, los Vidaurre, los Subiza, los Urroz, los Asiáin, los Aoiz, los Jordán...

La segunda fase de la monarquía comenzó cuando se instalaron en Navarra los Teobaldo y luego los Capetos, llegando para gobernar con los monarca mucha gente de Champaña y de París, apareciendo así nuevos linajes de origen foráneo. A esta segunda fase pertenecen los Lacarra, los Navarra, los Peralta, los Beaumont, los Agramont, los Baiguer, los Úriz... “Es curioso ver cómo estos últimos linajes en muchas ocasiones derivan de los hijos bastardos [fuera del matrimonio] o naturales [antes del matrimonio, con un amor de juventud, por ejemplo] que tuvieron los monarcas”, añade.

El poder de estas élites nobiliarias comenzó a diluirse tras la conquista de 1512. “En Navarra siguió habiendo gente relevante incluso en el siglo XVII aparece alguno, pero sin el poder que habían tenido: su capacidad de influir sobre el rey era muy vaga porque los monarcas se rodeaban de personas de su confianza para cargos como gobernadores, virreyes o el puesto que fuera”.


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