Teo Abajo Pérez:

Teo Abajo Pérez: “Fui al cielo y San Pedro me mandó de vuelta a la tierra”

Teo Abajo Pérez tenía 42 años cuando se accidentó con su camión y los policías que lo sacaron creían que no sobreviviría

“Fui al cielo y San Pedro me mandó de vuelta a la tierra”
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Carmen Remírez

Actualizado el 30/12/2020 a las 06:00

Teo Abajo ha participado ya en varias campañas de Adacen relatando su experiencia y cómo un accidente de tráfico en el año 2006 le cambió la vida. Desde esa ‘veteranía’, vuelve a incidir una vez más en la importancia de la prudencia. “Yo era camionero y me gustaba mucho mi trabajo, conducir. Desde que tuve el golpe eso ya no es así. Tengo que estar pendiente de otra persona siempre para que me lleve a los sitios, me recoja, etc”, cuenta, tanto a conductores como a escolares que le escuchan, dentro de los programas de prevención organizados por la asociación. “Ahora estoy mucho más en casa o en Adacen. Antes mi vida era el camión”. Del accidente en sí poco recuerda, admite. “Me preguntan cómo fue y yo no me acuerdo, me lo han contado. Iba en mi camión y llevaba hormigón, se me movió la carga y me salí, me echó a la cuneta en una rotonda”.

Quedó atrapado en la cabina y sufrió lesiones de gravedad, hasta el punto de que los policías que intervinieron en el siniestro creyeron que no sobreviviría. “Los forales que me sacaron me dijeron que creían que de aquel golpe en la cabeza no salía”. Pero sí lo hizo y en su relato de los hechos no falta la ironía. “Fui al cielo y cuando San Pedro me iba a dejar entrar me preguntó: tú qué haces aquí, a meter ruido a la tierra”.

Desde lo ocurrido ha relatado su historia varias veces de la mano de Adacen. “Cuando tuve mi accidente, mi hijo Carlos tenía un mes”, rememoraba para este periódico en otra ocasión, mostrando el ‘terremoto’ vital que supuso el accidente en su vida y en la de su entorno más cercano. “Mi mujer solía decir que que ahora tiene tres niños. Antes del accidente me gustaba trabajar con las herramientas en el campo. Teníamos olivos y árboles frutales. Ahora no me queda más remedio que estar siempre animado, así contagio a mi familia”, trasladaba con motivo de su apoyo como usuario a una campaña en contra de la ampliación del límite de velocidad a 130 kilómetros/hora.

“Nos pegó una camioneta tan fuerte que me dejó prensado”
El accidente de este vecino de Mendillorri ocurrió en una carretera de Jaén en la Navidad de 2014, hace 6 años. “Había ido con mi hermano a comprar algunas cosas para una casa que me estaba haciendo en el campo. De vuelta, le dije a ver si nos parábamos a echar una cerveza, pero él me respondió que no, que mejor tiráramos hasta el pueblo y nos parásemos ya allí, no fuera a ser que nos pasase cualquier cosa en la carretera”. El comentario no pudo ser más premonitorio para Juan Muñoz Navarrete, que hasta ese momento era encargado de obra para una constructora. “Nos vino una camioneta y me dio una leche en mi puerta que la dejó contra el asiento”. El impacto fue muy fuerte y su hermano salió despedido. “Fue expulsado por la otra puerta”, contaba.

Juan Muñoz relata que el golpe le dejó “allí prensado”. “Tuvieron que venir los bomberos para sacarme”. Agradece también la intervención en el accidente de la hija de un primo, que era enfermera, y que al ver el siniestro detuvo su vehículo y se puso a ayudar, conteniendo su hemorragia. Una vez hospitalizado, su situación fue muy crítica y estuvo dos meses en coma.

También involucrado en otras campañas previas de Adacen, no tenía problema en explicar con detalle cómo ha cambiado sus rutinas el convertirse en un gran dependiente. En una información sobre los mensajes a automóviles en un control en Imárcoain, Juan Muñoz detallaba que ingería”12 o 14 pastillas diarias”. “ No puedo conducir. No pruebo el alcohol. No puedo ir a cazar, que me encantaba. Y echo en falta mucho el trabajo. Pero mucho. Tirar de planos y todo eso”. Trabajaba como encargado de obra en una constructora de vivienda y además se estaba construyendo otra vivienda en su Jaén natal. “Tenía unos jefes maravillosos. Estaba entretenido y ganaba dinero. Mi mujer también dejó el trabajo para cuidarme. Eso ha sido lo peor”, contaba.

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