

Muertes más difíciles de asimilar
Actualizado el 26/12/2020 a las 06:00
Desde que el pasado 31 de enero, cuando fue identificado el primer caso de covid en España, 1.800.000 personas han sido infectadas, 48.000 han muerto, incidiendo de forma negativa en la población mayor, sobre todo en los más frágiles.
La situación que estamos viviendo de pandemia y de restricciones está teniendo consecuencias dolorosas y difíciles de afrontar, particularmente para quienes han perdido a un ser querido, ya sea por la infección por coronavirus o por otras causas. Una de sus consecuencias más dramáticas ha sido no poder acompañarlos en el proceso de la enfermedad o de la muerte, con la recurrencia de la pena y dolor añadido de pensar que han fallecido en soledad; haciendo más difícil el proceso de duelo y generando muchas veces sensación de culpa, ansiedad o depresión. Dicha situación también ha generado repercusiones en el profesional sanitario, que ha tenido que tomar decisiones complejas a pesar de la falta de datos científicos frente al coronavirus, severidad de la enfermedad, y escasez de recursos; restringiendo las visitas e informando por teléfono del mal estado y previsible mala evolución de sus allegados, además de recoger el sufrimiento del familiar. Muchos de los profesionales se han sentido vulnerables, frustrados por la presión asistencial, escasez de equipos de protección, largas horas de trabajo, miedo al contagio, soledad o cansancio.
Nadie pone en duda la situación tan compleja que estamos viviendo. Sin embargo, hemos aprendido que el acompañamiento del familiar en el hospital, con medidas de protección adecuadas, incide de forma significativa en la mejora de la salud, situación emocional y en el cuidado del enfermo, sin aumentar de forma significativa la incidencia de contagios. Que cuando contamos con la formación científica adecuada y los recursos profesionales y materiales necesarios, podemos dar la atención que se merecen nuestros mayores sin producir sobrecarga en el profesional. Que además es necesario seguir trabajando en el desarrollo de un modelo asistencial centrado en la persona, no solo en la edad, que asegure una atención geriátrica integral coordinada y continuada de calidad, independientemente de donde viva (domicilio o residencia).
Otro aspecto positivo: la mayor concienciación social de que no estamos solos, que somos un colectivo, y que nuestras actuaciones tienen consecuencias, además de la gran solidaridad y empatía de muchos ciudadanos para sobrellevar mejor la crisis. Así mismo, resaltar el gran esfuerzo que está realizando la comunidad científica en el conocimiento de la enfermedad y en su tratamiento. Ya disponemos de vacunas.
Francisco Úriz Otano es presidente de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología