

Aprendizajes como médicos
Actualizado el 26/12/2020 a las 06:00
A convivir con el dolor por las personas fallecidas, el sufrimiento de sus familias, la dificultad en el acompañamiento o las secuelas remanentes. Y con la perpetua pregunta del médico cuando el desenlace no es el deseado: ¿podía haber hecho algo más? ¿deberíamos hacer algo diferente?
A perseverar, con el trabajo y compromiso de los diferentes profesionales sanitarios, desde los diferentes ámbitos, dar la mejor respuesta posible, procurando una mejora continua en la atención y en el cuidado. A facilitar y compartir la información técnica disponible para una mejor toma de decisiones.
Somos más conscientes aún de que las condiciones sociales y nuestro modo de vida tienen el mayor impacto en salud. Las pandemias ponen en evidencia tres aspectos importantes. El primero, nuestra responsabilidad individual. Nuestros actos tienen un gran impacto en los demás. El segundo, que su abordaje debe ser global y evidencian más las debilidades sistémicas. No hay fronteras, excede lo sanitario, y debe realizarse un especial esfuerzo en proteger a los más vulnerables. El tercero revela la capacidad de resiliencia (individual y colectiva), de aceptar la situación adversa sin proyectarla en culpas o derechos perdidos, y procurar revertir o adaptarse a la situación, conscientes de que no va a ser inmediato, es un proceso.
La pandemia ha modificado muchas vidas. Sólo se ha visto neutralizada por otra fuerza, más potente aún, que es el esfuerzo colectivo en realizar unas medidas de prevención y de aislamiento ante la posibilidad de ser contagioso. Son actualmente el tratamiento y las medidas más eficaces. Debemos integrarlas en nuestra vida diaria e irlas flexibilizando, cuando se den las condiciones adecuadas, como puede ser haber conseguido una vacunación efectiva mayoritaria en la población.
Hemos reflexionado y buscado la crítica constructiva, ante la inmediatez y la polarización. Hemos buscado el equilibrio en el titular o la información mediática y aproximarnos a la verdad con el análisis científico. Hemos aprendido a tolerar mejor la incertidumbre, el cambio continuo, ser flexibles, potenciar el trabajo en equipo, tender puentes, alinear los diferentes puntos de vista, siempre guiado por un objetivo común, el de procurar la salud a la población. A mejorar aceptando lo bueno y alcanzable, antes que lo potencialmente perfecto.
Los sanitarios valoramos la vida y la salud, conscientes de su caducidad. Valoramos los detalles y agradecemos mucho los aplausos, pero somos conscientes de que son efímeros. Agradecemos, sobre todo, afianzar el sentido de nuestro trabajo, procurando la ayuda y la atención de cada persona como única y valiosísima. Y encontramos el mayor agradecimiento y mejor enseñanza en la consecución de los medios y el tiempo necesarios, con el objetivo de mejorar la salud y la calidad de vida.
Carlos Ibero Esparza es especialista en Medicina Interna y Enfermedades Infecciosas del CHN