Nevadas
Un domingo con la nieve justa en Aralar
Con las primeras nevadas de la temporada los más animados se acercaron hasta la sierra de Aralar para disfrutar del domingo. Los trineos y las peleas de bolas de nieve fueron los protagonistas de una jornada donde hubo menos nieve de la esperada



Actualizado el 14/12/2020 a las 06:00
La calma transmitida por los hayedos cubiertos de blanco y los prados todavía intactos durante la semana contrastó ayer con la actividad generada por las familias que acudieron hasta la sierra de Aralar para pasar la mañana de domingo. Los trineos rojos, las mascarillas en vez de bufandas y las caídas de los más torpes destacaron en una jornada en la que los visitantes disfrutaron de menos nieve de la que esperaban. Aunque la justa para pasarlo bien.
Los más madrugadores fueron los montañeros. Para las 10.30 las típicas cuadrillas ya disfrutaban del almuerzo en el porche de la entrada al santuario antes de afrontar la bajada. Cerca de ellos estaba una fija desde hace 20 años en lo alto de la sierra, Mª Teresa Legarra Ripa, una vecina de Goldaratz que acude todos los domingos hasta el enclave con su coche y el remolque para vender el queso de oveja, entre otros productos, que ella misma elabora. “Suele haber más gente a esta hora”, indicaba haciendo referencia a los pocos coches que había en ese momento en el parking a pesar del buen tiempo.
Uno de esos coches era de la familia Chávez Rabanal. Ellos llegaron desde la capital navarra. “Por fin ha dejado de llover y hemos aprovechado para venir aquí”, comentaba Lucy Rabanal Nevado, la madre. “Ya hemos estado varias veces, repetimos porque les gusta la nieve”, señalaba Raúl Chávez Medina mientras sus hijas, Ainhoa y Lourdes, se conformaban con un pequeño nevero.
Sentados en unas crestas cercanas al aparcamiento estaban junto a su perro los vecinos de Barañáin Sergio Caparroso Yunta y Marta Piqueras García. “Teníamos pensado hacer una ruta pero creíamos que iba a haber más nieve”, confesaba ella.
Con el paso de la mañana, la llegada de visitantes hasta lo más alto aumentó, aunque arriba del todo no se encontraron con lo que esperaban. “Hemos subido hasta arriba con la intención de ver medio metro y resulta que en los aparcamientos de abajo está mejor”, reía Julio Jiménez Amad. Junto a él acudieron desde Pamplona los otros cinco integrantes del grupo. Entre ellos estaba Saliha Ourzik, una chica de Argelia que había visto pocas veces la nieve. “Me gusta más el frío que el calor”, comentaba mientras jugaba con Marwa y Naira, las dos pequeñas del grupo.
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MENOS ALTURA MÁS GENTE
Conforme se descendía el puerto por la carretera que llega hasta Lekunberri, la afluencia de visitantes aumentaba. En el parking situado en la Casa Forestal, de donde parte la pista de esquí de fondo, unos 40 coches ocupaban las plazas disponibles, el resto las tapaban la nieve.
Entre los hayedos pasaba la mañana una familia de Ansoáin que encontró un hueco perfecto para disfrutar de la nieve. “Hemos venido para entretener a las crías y pasar el rato hasta la hora de comer”, decía Daniel Cano González. “El pasado fin de semana estuvimos en Lumbier y en Enériz”, añadía Rocío Ruíz Cobo. Mientras tanto, Nora y Laia, las hijas, aprovechaban el desnivel para lanzarse. “Llevamos un rato haciendo la pista”, bromeaba la madre.
Un kilómetro más abajo de este aparcamiento el aspecto de la sierra ya era algo más parecido a lo que suele suceder tras las primeras nevadas. En este punto, a la altura de las campas de Albi, se dejaban ver desde las familias más equipadas con incluso tres trineos y una técnica de bajada depurada hasta los padres que observaban a sus hijos desde la carretera junto al almuerzo. El griterío y el color grisáceo de la nieve ya era notable a eso de las doce del mediodía.
Esta zona era en la que más visitantes había. De las más de 200 plazas de aparcamiento que hay disponibles estaban ocupadas en torno a la mitad. En la ladera derecha en dirección Lekunberri unas 40 familias aprovechaban el buen tiempo.
“Esperábamos ver más nieve, pero para gozar un rato está bien”, indicaba Ana Fernández Sola, vecina de Pamplona que acudió junto a sus hijos Iker y Julen. Uno de ellos había estado confinado por un posible caso en su clase. Esto fue un motivo más para salir de casa al conocer el negativo en la prueba PCR del compañero de curso. “Hemos conocido el resultado esta mañana y hemos decidido venir”, comentaba la madre. Junto a ellos también acudió Juantxi López Matas, que no pisaba la nieve por primera vez esta temporada. “La semana pasada estuve por la zona de la sierra de Urbasa”, comentaba.
Entre encierros de trineos, batallas campales de bolas de nieve y fotografías para inmortalizar el recuerdo de la primera vez en la nieve fue apagándose una jornada en la sierra de Aralar. Y es que de las imágenes del pasado jueves en las que la cantidad de nieve ocupaba de alto la mitad de una de las puertas del santuario de San Miguel de Aralar ayer quedaba poco.
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