I Congreso de Educación y Familia (y III)
Un curso todavía más especial
Niños y adolescentes que no entienden por qué deben llevar mascarilla pero que se esfuerzan por guardar las distancias. Directores de centros de educación especial y familias debaten sobre cómo están viviendo la pandemia en las aulas y sus casas


Actualizado el 28/11/2020 a las 08:03
Todos recordaremos el curso escolar 2020-2021 como uno muy especial. Como el de las mascarillas, los hidrogeles, las distancias de seguridad, los recreos sin fútbol y los turnos del comedor. Pero aún como más peculiar, si cabe, lo rememorarán los alumnos que asisten a centros de educación especial, sus familias y profesores. Porque para estos niños y adolescentes resulta complicado, por sus características, cumplir algunas normas. Sobre la realidad actual que se vive en estos colegios y sobre cómo llevaron el confinamiento debaten directores de centros de educación especial y familias que escolarizan allí a sus hijos. El director de Isterria (centro de educación especial de Ibero), José Andrés Burguete; la directora de El Molino (Pamplona), Elvira Lacunza; la madre de un alumno de Isterria, Ana Miral; y la presidenta de la apyma del centro público Andrés Muñoz Garde, Izaskun Adot, intervinieron en una mesa redonda organizada por Diario de Navarra para el ‘I Congreso de Educación y Familia’ del periódico. Este debate y el resto de las ponencias se pueden ver en vídeo y escuchar en podcast gratis, desde hoy y durante una semana, en la web de Diario de Navarra (www.diariodenavarra.es) y en la de Expofamily (www.expofamily.es), la iniciativa que impulsa el congreso. Este curso son más 315 los alumnos escolarizados en los cuatro centros de educación especial de Navarra: dos públicos (Andrés Muñoz Garde, Pamplona; y Torre Monreal, Tudela) y dos concertados (Isterria, de Fundación Caja Navarra; y El Molino, de Fundación Ciganda Ferrer).
CONFINAMIENTO APOYO EMOCIONAL A LAS FAMILIAS
“En marzo nos tuvimos que reinventar. Nadie nos había explicado qué teníamos que hacer pero mantuvimos una relación pedagógica y emocional con los alumnos y sus familias”. Así lo recuerda José Andrés Burguete, de Isterria, que subraya la coordinación de todos los profesionales. Una idea que comparte Elvira Lacunza, de El Molino. “Creamos un material específico para los alumnos con mayor afectación y con trastorno del espectro autista (TEA), que necesitan una rutina para gestionar sus emociones”. La opinión de las familias sobre esos meses de primavera varía de un centro a otro. Para Izaskun Adot (Andrés Muñoz Garde) fue un “desastre terapéutico y educativo”. “Para estos alumnos es imposible seguir una clase ‘online’. Necesitan el contacto físico y la cercanía”. Lo que Ana Mira (Isterria) y su familia vivieron de manera diferente. “A mi hijo le encantaban las videollamadas con sus compañeros y profesores. Le llamaron para felicitarle el día de su cumpleaños y lo hicieron muy feliz”.
PASEOS TERAPÉUTICOS UN DESAHOGO Y DESCANSO
Desde comienzos de mayo, algunos centros de educación especial, como Isterria, impulsaron los paseos terapéuticos, una iniciativa con muy buena acogida por las familias. “Un profesional iba al domicilio y, sin entrar, sacaba al alumno a dar un paseo. Fue un alivio emocional para las familias”, recuerda José Andrés Burguete. Y así lo corrobora Ana Miral, madre de un chico de 23 años con una discapacidad intelectual. “Para nosotros fue un desahogo y un descanso. El profesional sacaba a mi hijo durante una hora y media. Para él fue bueno porque le hizo sentirse autónomos, al guiarle por la zona. Y para nosotros, también, porque supuso unan válvula de escape” Sin embargo, en el centro Andrés Muñoz no se organizó esta actividad, aunque los padres la pidieron. “Hubo un vacío legal y no lo conseguimos. Se generó descontento y preocupación”.
MASCARILLAS Y DISTANCIAS MANTENER LA SEGURIDAD
Algunos de los alumnos que asisten a centros de educación especial no llevan mascarillas. Bien porque, por su salud, están exentos; o porque se las quitan. “Hay que cumplir las normas pero buena parte de nuestros alumnos no son capaces de llevarlas ni de mantener las distancias”, reconoce Burguete. Y añade que los profesionales del centro llevan mascarillas FPP2 y batas blancas. “Para protegerse y proteger a los alumnos”. Lo mismo que ocurre en El Molino, donde crearon unos vídeos para preparar a los alumnos a regresar al colegio en septiembre. “Allí les explicábamos cómo tenían que entrar, cómo estar en clase y les enseñábamos que los profesionales llevaríamos bata y mascarilla”. Ana Miral recuerda que su hijo se resiste a llevarla. “Aunque ya le he puesto unas gomas para que no se la quite”. Sin embargo, la vuelta de su hijo al centro les ha dado mucha tranquilidad. “Cumplen las medidas a rajatabla”.
PERSONAL SUPLIR BAJAS
La mayoría de los centros de educación especial han aumentado su personal para hacer frente a la nueva reorganización de este curso (más turnos de comedor y autobús...) En Isterria, cuenta Burguete, han duplicado el número de auxiliares de autobús. Sin embargo, coinciden los directores, resulta, a veces, complejo reorganizar la atención, cuando hay docentes confinados (por ser positivos o contacto estrecho).
ADAPTACIÓN AUNQUE NO ENTIENDAN QUÉ OCURRE
Elvira Lacunza aplaude la capacidad de adaptación que muestran los alumnos de su centro, aunque no comprendan qué está pasando. “Se esfuerzan por guardar las distancias, aunque tuvieran un acercamiento social impulsivo”, matiza. Una situación que, junto con el apoyo de las familias, les ayuda a seguir con su labor. “Porque, a veces, vivimos situaciones emocionales duras”.
JORNADA CONTINUA ALUMNOS MÁS CANSADOS
El cambio de la jornada partida a la continua, la eliminación de las extraescolares, el comer en las clases en algunos centros... afecta a algunos los alumnos. “Están más cansados porque tienen que madrugar más. Y no entienden por qué comen en su clase o no pueden jugar con sus compañeros en el recreo”, dice Izaskun Adot. Lacunza y Burguete coinciden en que el nuevo horario ha obligado a las familias a reorganizarse. “Ojalá volvamos pronto a lo presencial. No hay tecnología que sustituya la cercanía del profesor con el alumno, a los gestos y a las miradas”.
