Clínica Padre Menni

Una ventana abierta al exterior

La Clínica Psiquiátrica Padre Menni refuerza la vía on-line en sus actividades de voluntariado. Una pantalla de televisión sirve de vía de comunicación en las sesiones de entretenimiento que alivian el confinamiento de algunos internos desde hace un mes

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 11/11/2020 a las 06:00

Sin alcanzar el grado de piedra angular en un proyecto de atención sanitaria y social, como el que presta la Clínica Psiquiátrica Padre Menni, de Pamplona, que involucra a profesionales en un denodado esfuerzo y dedicación humanitaria, el papel del voluntariado se caracteriza por ser un gran apoyo. El afecto que transmiten sus miembros se revela, a los ojos de entendidos en el cuidado de personas con limitaciones, en una buena medicina.

El problema de este año por la pandemia, acentuado desde el martes 13 con las restricciones de entrada y salida a centros residenciales, ha levantado un muro invisible pero infranqueable entre el interior y el exterior.

Desde el 14 de septiembre que se decidió confinar el área de psicogeriatría por los mismos motivos de la cautela que han extendido al conjunto del edificio las limitaciones de las salidas, el voluntariado debió reinventarse para no cortar el hilo del afecto con los destinatarios de palabras entrañables y muecas de empatía.

El principio pedagógico de la necesidad que enciende la chispa de la creatividad condujo al centro y a su equipo de voluntariado a abrir una ventana virtual con el exterior. Los talleres de canto y piano comenzaron a impartirse por televisión. Sólo por cuestión de tamaño, las tablets no daban las dimensiones necesarias para mantener la atención concentrada de los internos de psicogeriatría en los profesores de música. Lo mismo sucedía con los apuntados de pisquiatría a las lecciones inglés. “La solución fue poner una televisión conectada con el voluntariado encargado de dar la sesión”, explica el responsable del equipo, Alejandro Palacios.

Dispuestos los medios técnicos, un segundo aspecto a aclarar fue el a las medidas de seguridad, con la conveniente distancia de seguridad e higiene. “Las sesiones no son de más de seis personas”, precisa Palacios. Por lo que dice, la alternativa virtual atrae a sus usuarios, en buena parte también por el entusiasmo contagioso de aquellos que están al otro lado de la pantalla con sus cantos e interpretación de melodías, a ser posible, conocidas y populares. Entre unos grupos y otros, el programa on-line mantenía inscritas a una treintena de personas. “La verdad es que disfrutan”, observa uno de los voluntarios, que prefiere limitar su identidad a su nombre, Gonzalo. “Les veo a través de mi móvil y cantamos juntos. La pena es que no pueda verles el rostro por las mascarillas que llevan, pero sé que en la media hora que estamos juntos disfrutan mucho”. Quien así habla sigue alimentando una dinámica que trasladó a una residencia en la que estuvo su padre. “Acudía con la guitarra y creaba un ambiente de animación”, rememora.

Cuando pudo se ofreció a la clínica de Padre Menni para servirse de nuevo de la música como código de entendimiento y empatía con las personas que allí conviven. “Soy rocero, me gusta entrañar con las personas y la verdad es que noto que me quieren”. Lo dice más allá de los obstáculos que a día de hoy se interponen entre él y los residentes.

La novedad de las nuevas restricciones, fijadas por el Ejecutivo navarro, obliga a extender el modelo de comunicación virtual a otras prácticas, como las desarrolladas hasta días atrás en el Centro de Rehabilitación Psicosocial de la propia clínica de forma presencial. Ya antes, durante el confinamiento generalizado, hubo derroche de creatividad de los voluntarios con un canal abierto en las redes sociales de “cartas e imágenes” compartidas.

Llamadas por teléfono y un vídeo de ánimo estrecharon igualmente los vínculos en la distancia de la separación por imponderables ajenos al deseo recíproco de encuentro.

FAMILIAS CON NECESIDAD

La adaptación a las nuevas circunstancias se produce a la par que se mantiene un programa de sustento alimenticio para familias con recursos económicos limitados, asegurado con la implicación de trabajadores del centro y la Asociación Bocatas de Navarra. La mutua colaboración se traduce en la garantía de cuatro lotes de alimentos. La Comunidad de las Hermanas Hospitalarias asegura un quinto.

Es una otra muestra más de la base de humanidad que sustenta el trabajo y el programa de voluntariado, tejido con la mejor disposición de sus integrantes por hacer lo más llevadera posible la vida de los destinatarios de sus acciones. Padre Menni mantiene abierta una ventana al exterior.

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