Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Centros de salud

Los centros de salud de Navarra, los primeros frente a la covid

Con una plantilla “cansada y mermada”, el personal de Atención Primaria atiende cada día en plena pandemia a pacientes con síntomas de covid y otras patologías. Así transcurre una mañana cualquiera en el centro de salud del barrio pamplonés de la Rochapea, el más grande de Navarra

04/10/2020 a las 06:00

Primer día de octubre. Jueves. Resaca de una noche de temblores sísmicos. Son las siete y media de la mañana. Once personas aguardan pacientemente bajo el alero del Centro de Salud del barrio pamplonés de la Rochapea. Las luces del interior dibujan siluetas enmascaradas a contraluz. Aún es de noche. La primera de la fila es Carmen, de 69 años, que espera para pedir hora para hacerse unas placas. Tras ella, Blanca (73) necesita cita para la vacuna de la gripe. En tercer lugar, Susi, de 41 años, explica que le duele un hombro. En el caso de Danislao (82), se ha acercado para solicitar la vacuna de la gripe, aprovechando que los terremotos de esta noche no le han dejado dormir. Por detrás, Severino (86) necesita unos volantes, mientras José Javier Goñi (75), a su lado, se queja en voz alta: “Aquí no te coge el teléfono ni San José”. Juliette (41) se duele de una pierna y Alex Zancas (41) de un bulto en la nuca. Laura y sus dos hijos, de 10 y 7 años, tienen revisión con la pediatra... No tarda en sumarse más y más gente. La fila alcanza el borde de la acera.

El Centro de Salud de Rochapea es el más grande de Navarra. En este edificio de tres plantas, 14 médicos de familia, 14 enfermeras de adultos, 5 pediatras, 5 enfermeras de pediatría, 2 trabajadores sociales y 12 administrativos dan servicio a una población de 26.110 personas.

Aquí, en esta trinchera contra el coronavirus -tal y como define el médico de familia Juan Simó- se esfuerza un equipo “mermado y cansado” de profesionales que durante el confinamiento fue aplaudido por su labor contra la pandemia y ahora recibe insultos y agresiones verbales de pacientes insatisfechos. ¿El origen de las quejas? Un nuevo modelo de Atención Primaria implantado en la desescalada y con el que desde Salud busca reducir las atenciones presenciales a lo estrictamente necesario. De este modo, explican, se evita que las aglomeraciones en las salas de espera conviertan los centros de atención primaria en focos de transmisión de la epidemia.

En este contexto, los profesionales comprenden las quejas, pero solo piden que la gente no transforme su enfado en agresiones verbales contra ellos. Más aún, cuando llevan soportando desde años una situación límite de “plantillas sobresaturadas y salas de espera a rebosar”. De hecho, desde 2015 en las plantillas orgánicas de Atención Primaria, el único estamento que ha ido disminuyendo es el del médico de familia. Plantillas cansadas y sin sustitutos.

 

EL PRIMER FILTRO

A las ocho de la mañana, Isabel Sardón, auxiliar administrativa de 60 años, es la primera en recibir a los más madrugadores en el centro de la Rochapea. Provista de mascarilla, guantes, gel y una carpeta, organiza la avalancha desde la misma puerta. Con soltura y paciencia ilimitada, atiende personalmente según las necesidades de cada uno. Soluciona dudas e informa sobre dónde ir y cómo hacerlo. “Actúas de filtro”, explica “Si detectas a alguien con síntomas covid, le tomas los datos y le citas con la enfermera. Pero en general la gente se porta bien y respeta las normas”.

Centros de salud

 

El suelo está marcado con flechas de tres colores que delimitan los circuitos que deben seguir los pacientes. Las rojas regulan el paso de quienes sufren problemas respiratorios (el circuito de la covid); las flechas verdes llevan al área de urgencias para pacientes que no tienen síntomas de covid; y las azules, para los pacientes “normales” que acuden directamente a admisión. Al final del área de urgencias han habilitado dos salas para explorar a los pacientes sintomáticos con los materiales adecuados (EPIS) y una zona de espera exclusiva para hacer extracciones a pacientes positivos.

En los mostradores de admisión, a primera hora, dos administrativas tratan de gobernar una tormenta de quejas. “¡Es que no cogéis el teléfono! ¡Es que quiero ver al médico!”, increpan los primeros en asomarse por la abertura que hay bajo la mampara. Y no es más que el principio. “Por favor, no meta la cabeza bajo la mampara. Es para protegernos...”, le corrigen. Blanca solicita hora para la vacuna y también quiere que su doctor le revise la garganta y la pierna. La anciana recibe un papelito con un teléfono exclusivo para la vacuna. En el mismo papel también aparece la web citasalud.navarra.es, a través de la cual se puede gestionar la cita. Pero Blanca mira el papel con escepticismo. “¿Ya me cogerán?”. A su lado, Alex Zancas aclara con timidez el motivo de su consulta. “Un bulto en la nuca”, susurra. Al no tener síntomas covid le emplazan para el día siguiente a las 14 horas.

Desde el centro explican que el conjunto de las citas presenciales que tiene cada día un profesional, en cualquier centro de salud de Navarra, se dividen en consultas normales para pacientes con problemas de salud que pueden ser atendidos a lo largo de unos días o en una fecha concreta para revisión, y las que llaman citas de día para aquellas situaciones en las que el problema de salud tiene que ser diagnosticado de inmediato. “También existe la posibilidad de que, si su problema no solo se tiene que examinar en el día, sino que es urgente, hay un médico y una enfermera disponibles”, detallan. “Y luego están todas las no presenciales: activación de medicación, informes médicos, papeleo para derivación a asistencia especializada, que aumenta exponencialmente según empeoran las listas de espera…. Además de las consultas telefónicas”. La vorágine de sus agendas habituales se completa con un seguimiento diario de unas 150 personas afectadas por coronavirus.
 

Centros de salud

 

"EL PROBLEMA ES QUE LAS LÍNEAS TELEFÓNICAS SE SATURAN", CARMEN OLAZÁBAL, ADMINISTRATIVA

Al otro lado del tabique del mostrador de admisión se localiza la sala donde se reciben las llamadas telefónicas. Aquí, entre paredes empapeladas con dibujos hechos por sus hijos, Carmen, Belén, Marga, Leo e Isabel atienden una llamada cada tres minutos. Se percibe tensión, intensidad en el ambiente. “Antes de la pandemia era un minuto por llamada”, precisa Carmen Olazábal, de 47 años, una de las administrativas que se ocupa esta mañana de jueves de responder al teléfono, una labor en la que van rotando entre las de su departamento. Casada y madre de dos hijos, de 15 y 12 años, explica que su trabajo le ha gustado siempre, pero ahora no dan abasto para descolgar todas las llamadas y hacer el preceptivo triaje. “En realidad, el problema es que no hay suficientes líneas y el servidor se satura. De ocho a diez de la mañana igual nos entran mil y no hay plantilla que pueda absorber esto”, revela. “Durante un tiempo, como las líneas se saturaban, los propios médicos contactaban con los pacientes utilizando sus móviles personales”.

Ante esta realidad que parece que se resolverá pronto -cruza los dedos al comentarlo- la administrativa solo pide respeto. “Sufrimos agresiones verbales de forma habitual. Y hay gente que incluso nos desautoriza”, lamenta. “Los pacientes tienen que saber que no nos tienen que contar sus intimidades. Nosotras solo preguntamos qué necesitan y si tienen síntomas covid. Es decir, si sufren de fiebre, diarrea, dolor de cabeza, de garganta y tos seca”. En cualquier caso, concluye, “el paciente debe estar tranquilo porque la protección de datos está garantizada por ley”. Respecto a su estado de ánimo, dice que está bien, “pero sí es verdad que he notado que muchas noches me despierto nerviosa pensando que me he olvidado de tramitar algo”.

 

NO HABRÁ PROFESIONALES

Los profesionales de los centros de salud trabajan con unos protocolos de actuación que han sido elaborados por el Ministerio de Sanidad y son adaptados por Salud Pública para hacer frente al virus. “Y así evitar que los casos de contagios sigan aumentando con atenciones presenciales que no tenían ningún valor añadido y suponían un aumento del riesgo de contagio para los profesionales. Pero también para los pacientes más vulnerables”, siguen aclarando desde el centro de salud. Por ello, dicen, “la mayoría de las consultas que se pueden realizar sin la presencia, se llevan a cabo telefónicamente. Y esto, unido a la cantidad de personas que siguen teletrabajando, ha hecho que en muchísimas ocasiones las líneas hayan estado completamente colapsadas y saturadas”, esclarecen. “En cualquier caso -intentan tranquilizar- las últimas semanas se están realizando una serie de ajustes técnicos para desbloquear las líneas telefónicas. Nos aseguran que se van a poder resolver parte de los problemas. Y, por supuesto, si el personal sanitario comprueba que el paciente necesita una cita presencial, se le cita con su médico o con su enfermera, con todas las medidas necesarias para asegurar su seguridad y la del profesional”, dejan claro, insistiendo también en que las consultas telefónicas generan “mucho estrés en los profesionales porque no ves al paciente y hay que hacer muchas más preguntas para llegar a una valoración”, indican. “Pero es por seguridad, porque si nos seguimos infectando no habrá profesionales para atender a la población”, avisan.



"LA EXPERIENCIA ES NUESTRA FORMACIÓN", YOLANDA MERA, ADMINISTRATIVA

Yolanda Mera Ordero, jefa de administrativos de 50 años y madre de dos hijos, de 18 y 16 años, entra y sale de su despacho conversando con la directora, Isabel Martín Montaner. A las nueve de la mañana impacta el vacío de las salas de espera. “Las administrativas somos el primer filtro desde que hace dos años empezó el plan de mejora”, explica Mera. “Al principio, la gente se enfadaba, pero fue acostumbrándose poco a poco a que una administrativa le preguntara qué le ocurría. Durante el confinamiento la gente se ha comportado de manera ejemplar, pero al terminar esta fase, supongo que pensaban que volveríamos a la normalidad, a la presencialidad en las consultas, y al no hacerlo han vuelto a arremeter contra nuestra labor de filtro, cuando lo único que tratamos de evitar con las llamadas es que no se cree un foco de contagio aquí”, manifiesta, apesadumbrada. “No se puede descargar el triaje en personal administrativo no sanitario sin formación adecuada”, admite la jefa de administrativos. Al preguntarle por la experiencia que se supone van a recibir desde Salud, sonríe. “Nuestra formación es principalmente la experiencia”, ríe, acordándose de pronto que ayer, miércoles, les dieron un curso de criterios de citación y otro de habilidades para tratar con el público.

Centros de salud

 

"NO SE PUEDE ESTAR ATENDIENDO A PACIENTES POR TELÉFONO DURANTE MESES Y MESES", JUAN SIMÓN, MÉDICO DE FAMILIA
A las diez de la mañana, las salas de espera frente a las consultas permanecen vacías. En el interior de la número 22 trabaja el médico Juan Simó, de 58 años, junto a dos residentes, Arantxa Bezunartea y Patxi Joao. Durante las dos primeras horas de esta mañana han atendido a dos pacientes de manera presencial y a 13 por vía telefónica. El médico no disimula su enfado e inquietud ante la situación actual. “De ánimo me encuentro bien”, asiente, con un poso de escepticismo que no tarda en aclarar, “pero el otro día le comentaba a Patxi que nos vamos a tener que traer el termo con el café del confinamiento”. El termo le retrotrae al estrés pasado. “Básicamente, me iba todos los días a mi casa con el pulsioxímetro para comprobar la saturación de oxígeno, por si acaso me iba contagiado”. Recuerda que los médicos de los centros de salud fueron los primeros médicos en fallecer por el virus. “Somos el 28% de todos los médicos de la sanidad pública pero más de la mitad de los médicos públicos muertos por el virus en la primera oleada fueron médicos de familia. Teníamos miedo de llevar el virus a casa”. Simó escribe sobre este tema en profundidad en su blog ‘Salud, dinero y atención primaria’.

No se le han borrado las noticias de cientos de muertos a diario y la de todo el equipo sanitario del centro de salud reunido a primera hora junto al mostrador de entrada. “Hacíamos un corro y hablábamos de las novedades porque nos cambian los protocolos cada día. Menos mal que no dejamos a la gente que acceda al mostrador, porque los primeros que hubiesen caído son el personal administrativo. Y seguimos sin dejarles pasar de la puerta para que no se concentren aquí dentro y esto se convierta en un foco de contagio”, observa. “Ahora está la cosa más organizada pero los primeros días las llamadas telefónicas eran criminales. Tenía que llamar 15 o 20 veces para poder hablar con un paciente porque no había líneas suficientes”. Y seis meses después, “tenemos una medicina no del todo buena porque todo este modelo de teléfono es insostenible. No se puede estar llamando por teléfono durante meses y meses. Ni el sistema sanitario ni los pacientes están preparados -y menos de un día para otro- para que basemos la atención en un primer cribado telefónico. Ni en primaria ni en especializada. No es un problema únicamente de número de líneas de teléfono. El problema estriba en que no todo el mundo tiene la misma capacidad para expresar por teléfono lo que le ocurre. Y tampoco todos los sanitarios tienen la misma capacidad de detectar sospechas con la escucha telefónica. Si el profesional lleva mucho tiempo con los mismos pacientes el asunto es más fácil, mucho más fácil, pero el sistema no ha promovido eso. Todo lo contrario, la precariedad y la inestabilidad en el empleo hace muchos años que es la norma. Hay que explorar otras medidas organizativas y tecnológicas porque a lo mejor este problema se alarga más de lo que pensamos”, avisa el médico. “Al final, esto genera daños colaterales en forma de retrasos diagnósticos no dependientes únicamente de que el sistema esté o no colapsado (como lo estuvo durante las peores semanas de la primera ola). Así y todo, la situación actual es un mal menor ante la alternativa de volver a centros de salud masificados. Pero claro, la pregunta del millón es… ¿cuánto tiempo más vamos a seguir así?”. Asimismo, estima “no recomendable” volver a la normalidad en los centros de salud. “Porque esa normalidad significaría, entre otras cosas, el alto riesgo de propagación...”.

Al preguntarle por qué cree que se está viviendo una situación de tantos contagios, responde contundente: “Se debía haber enseñado a los muertos. Y luego, claro, tienes a los políticos y sus mensajes...”. A Juan se le nota muy cabreado. “Estoy bien, lo que me da miedo es que llegue algo parecido al confinamiento. Lo que pasó esos meses saturó el sistema desde el 20 de marzo. Y aquí, en Atención Primaria, seguimos saturados ahora mismo”. Se hace un silencio incómodo en la consulta. Simó se queda pensativo antes de proseguir. “Una segunda ola como la vivida provocaría que los sanitarios directamente se cojan la baja por ansiedad y se vayan a casa. Vendrán los jóvenes, los residentes, mientras no se refuerce todo esto”, advierte, dirigiendo la mirada a Patxi y a Arantxa. “En junio fue el periodo de luna de miel porque estábamos todos. Pero llegaron las vacaciones y no se nos sustituyó a nadie. Ni aquí ni en ningún sitio. Y en julio y agosto hemos estado cinco médicos haciendo el trabajo de los catorce. Estamos saturados por el defecto de años de poca inversión. Y en atención primaria no puedes cerrar nada, como se cierra en el hospital, y hay que seguir pasando consulta telefónica o presencial. Encima hay que escuchar que no hacemos nada, cuando más jodidos estamos en nuestra vida”. ¿Hacia dónde vamos? “No lo sé. No sé hacia dónde vamos. Espero que salga pronto una vacuna que sirva. De momento seguiremos aquí, en la trinchera de la pandemia”. En su delgada línea roja.

A su lado, los residentes Arantxa Bezunartea (R3) y Patxi Joao (R4) quieren subrayar la importancia de conocer al paciente para tratarle por teléfono. “Estamos aprendiendo que si conoces bien al paciente puedes tratarle bien por teléfono. Solo así el paciente confía en ti”, reconocen. “Es importante que se mantenga al mismo médico y enfermera durante mucho tiempo. Esto se ha descuidado por la precariedad”, interviene Juan. “Para hacer una buena medicina hay que conocer al paciente”, añade Patxi. Pero, claro, si estamos seis meses aquí y otros seis meses en otro centro, así no hay manera”.

Centros de salud
Sala donde seis administrativas atienden las llamadas.

 

"ESTÁ SIENDO UN DESGASTE MENTAL TREMENDO", MAITE SOTA Y BEATRIZ RODRÍGUEZ, PEDIATRAS

Unas puertas más allá de la consulta del médico de familia, trabajan las pediatras Maite Sota, de 52 años, y Beatriz Rodríguez Pérez, de 42. Aunque costó, hicieron equipo con las enfermeras y afrontaron el inicio de una pandemia desconocida sin apenas recursos e información. Auscultaron a los primeros niños de Navarra diagnosticados con covid, manteniendo en todo momento el resto de sus agendas diarias. “Era finales de febrero y primeros de marzo. Nos explotó una bomba en las consultas en el centro de salud en general. ¿Sensaciones? Sensación de caos, miedo, incertidumbre, casi desesperación. No sabíamos qué hacer”, describe Maite Sota. “No percibimos el peligro real que se nos venía encima. Y lo primero que hicimos, con rapidez, fue cerrar las puertas para evitar que esto se convirtiera en un foco de infección. Y elaboramos un plan de actuación en el que trabajamos muy unidas pediatras y enfermeras”. Sobre la marcha, sopesaban “riesgo y beneficio”, dicen. “Principalmente, no queríamos que cayera la tasa de vacunación, sobre todo en los bebés, y que los crónicos no se quedaran descolgados”, interviene Beatriz Rodríguez. “Determinamos qué tipo de revisiones se debían realizar de forma presencial o telefónica. Fue muy intenso a nivel emocional”. A la intensidad laboral se añadía la preocupación por los suyos en casa. “Al final, solo se ve nuestra vida laboral pero detrás también tenemos una vida personal. Y tenemos unas familias. Una conciliación. Y hay miedo. Porque no teníamos los medios adecuados al principio. Y nadie sabía nada”. Pero el miedo lo supieron canalizar y se pusieron a funcionar. Ambas confirman que el problema emocional tras la pandemia está golpeando especialmente en los adolescentes. “He tenido críos que han engordado 15 kilos y algunos con muchos miedos y angustias. Otros niños han perdido a familiares. Además, estábamos muy preocupadas por algunas familias que dependían de los colegios para poder mantener una alimentación equilibrada. Ha sido un desgaste mental tremendo. Volvíamos a casa pensando que ese día nos habíamos cogido la enfermedad. Del dolor de cabeza y los escalofríos... Y todo era estrés. Porque al día siguiente te levantabas sin síntomas y te decías: ¡A trabajar! Así estuvimos semanas, pensando que habíamos enfermado”. Durante este verano, Beatriz ha disfrutado de un permiso especial, pero al volver al trabajo ha comprobado el enfado de la población hacia los sanitarios. Y reconoce que le ha entristecido sobremanera. “Durante el confinamiento la actuación médica era muy valorada y entiendo que las cosas han cambiado. Pero, claro, me he encontrado con una población muy enfadada porque ha habido un fallo telefónico muy potente por culpa del servidor. Cuando planteas un modelo telefónico y la gente no puede acceder telefónicamente a nosotros, se enfada, con razón. Pero enfadarse con nosotros… cuando hemos estado haciendo diez llamadas por familia y con nuestros móviles personales. Nosotros no tenemos la culpa. Llego a casa muy disgustada. Es importante que quede claro que atendemos a todos los pacientes que lo necesitan”, enfatizan las pediatras.


 

"EL VACÍO EN LAS SALAS DE ESPERA ES SEÑAL DE ÉXITO", ELENA GONZÁLEZ, JEFA DE ENFERMERÍA

Esta crónica desde esta trinchera frente la covid cambia de planta en busca de los testimonios de la trabajadora social Silvia Lasa, de 49 años, y la responsable de enfermería Elena González, de 33. A las once de la mañana sigue impactando el contraste del vacío de las sillas con el aluvión de llamadas que reciben las telefonistas.

La enfermera, embarazada de 17 semanas, se siente tranquila porque en los centros de salud no se han generado brotes. “Este vacío en las salas de espera es un éxito”, afirma González. “Al final de la primera ola estábamos con las salas llenas, abarrotadas y nos ha supuesto muchos cambios organizativos para evitar los focos. Incluso, hemos habilitado diferentes salas para la extracción de sangre. Hay un control de asistencia porque nuestro objetivo es que los pacientes que no han dejado de venir (crónicos, enfermedades autoinmunes, pacientes oncológicos o curas a gente mayores…) pudieran acceder con seguridad”.


-Pero hay pacientes que dicen que no estáis trabajando. Son muchas quejas.

-Es cierto que las quejas son cotidianas y entendibles. El teléfono da muchos problemas y por ello no somos tan accesibles. Y nosotros, que estamos a pie de calle, las recibimos. Hay quejas por todo porque la gente quiere volver a la normalidad. Pero hay que entender que seguimos en pandemia y Navarra registra cifras alarmantes.

-¿Cómo vivió los primeros meses ?

- Muy estresantes. Con mucha precaución por las faltas de equipos. Y preocupación por los pacientes, porque eres consciente de que dejas de ver a la gente. Y esto es una desventaja para nosotros. Muchos compañeros se quejan de que no pueden trabajar sin ver al paciente. Y es verdad, porque el ojo clínico es también ver al paciente. Y por teléfono hay quienes no te cuentan todo. Ha supuesto mucho estrés. Pero, claro, nosotros también somos personas y estamos expuestos a la enfermedad y no sabemos cómo nos puede afectar. Y tenemos familias preocupadas.

- ¿Este nuevo modelo sanitario puede conllevar que no se diagnostiquen casos?

- Sí, puede ocurrir. Pero si hemos tenido dudas con algún paciente lo hemos citado presencialmente. Por eso veo injusto que se diga que no se está atendiendo. Es cierto que hay pacientes con miedo.

-¿Cómo se encuentra de ánimo?

-Bien, pero el estrés es continuo. Ahora estamos con la campaña de la gripe. El otro día estaba agotada. Y, claro, si descansas unos días implica tener menos personal en el centro. Y si al trabajo diario se suman los brotes y que hacemos PCR a domicilio... Cada día nos adaptamos. Quiero destacar que hemos trabajado más unidos que nunca. Estoy muy orgullosa de las 19 enfermeras del equipo del centro de salud.

 

"ESTAMOS VIENDO MUCHA SOLEDAD Y FALTA DE ALIMENTOS", SILVIA  LASA, TRABAJADORA SOCIAL

Para entrar al despacho de una de los dos trabajadores sociales del centro de salud, hay que bajar las escaleras y atravesar otra sala de espera vacía. A sus 49 años, Silvia Lasa aprobó la oposición el año pasado y fue a finales de febrero, en la antesala de la pandemia, cuando se incorporó a su puesto de trabajo. “Mi primera experiencia en salud”, sonríe. “Antes trabajaba de cuidadora de ancianos”. Los primeros meses, los recuerda con “miedo, confusión e incertidumbre”, a lo que se añadía falta de experiencia. Su trabajo, describe, consiste en detectar necesidades sociales y cubrirlas. “Acompañamos a personas solas, realizamos visitas domiciliarias para intentar que las carencias no se intensifiquen”, explica. “Hemos visto de todo. Mucha gente vulnerable, carencia de alimentos básicos, masificación en domicilio…. “. También reconoce que aunque brilló la empatía en el confinamiento, hoy este sentimiento vive su particular desescalada. “No somos mejores que antes”, deja claro.

Sus palabras dejan un poso amargo. ¿Falta de alimentos básicos en Navarra? ¿Soledad? De pronto, se vuelven a oír gritos en el mostrador de admisión. Un hombre de unos setenta años se encara. “Como no acepta el primer filtro viene aquí y empieza a insultarnos. A llamarnos tontas”, lamenta una trabajadora. “Y con ese comportamiento no le atendemos. ¡Así no!”, deja claro. Mientras, en la puerta del centro de salud más grande de Navarra, Isabel Sardón, la administrativa de 60 años que levanta el telón del amanecer a las ocho de la mañana para atender a los primeros pacientes, sigue gestionando emociones. Son las doce del mediodía.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE