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Pandemia

Las incógnitas que trae la covid

El virus sigue sumando contagios y hay que mantener la prevención, insisten los expertos navarros. Entre tanto, investigan las secuelas que trae consigo. Fatiga, alteraciones de coagulación, estrés, fibrosis o problemas cardíacos, en algunos casos graves, se pueden asociar al coronavirus

Un paciente afectado por coronavirus, atendido en la UCI del Complejo Hospitalario de Navarra.
Un paciente afectado por coronavirus, atendido en la UCI del Complejo Hospitalario de Navarra.
  • M.José Echeverría
Actualizada 03/08/2020 a las 06:00

Podía ser como una gripe pero no lo es. Y los asintomáticos, al margen de lo que se pensaba al principio, también contagian. Investigadores, médicos y especialistas van conociendo poco a poco cómo actua el coronavirus aunque, al mismo tiempo, persisten numerosas incógnitas. “Las secuelas de la covid son inciertas. Necesitamos más tiempo”, afirma José Antonio Cascante Rodrigo, neumólogo del Complejo Hospitalario de Navarra.

Ahora se sabe, por ejemplo, que en la mayoría de los casos el cuadro es leve e, incluso, que el afectado no percibe síntomas. Sin embargo, mientras la mayoría se reponen sin problemas otros arrastran una fatiga persistente. ¿Cómo es posible? Trombosis, debilidad, fibrosis, estrés o ansiedad son palabras que han entrado en el vocabulario de las personas que han pasado coronavirus con más virulencia, pero tampoco en todas. ¿ Por qué?

Para sacar conclusiones definitivas habrá que seguir esperando. Los especialistas insisten en que ha pasado poco tiempo desde la fase aguda de esta oleada de covid aunque las primeras impresiones son que la mayoría de afectados se van a recuperar por completo, indica Javier Zulueta, director de Neumología de la CUN.

“A priori, no somos capaces de predecir qué pacientes con una infección por coronavirus van a presentar secuelas a largo plazo. Parece lógico asumir que aquellos que han padecido la enfermedad más grave van a tener con mayor probabilidad secuelas. Pero en el seguimiento que estamos realizando, hay pacientes con una afectación radiológica muy grave en el momento del ingreso pero sin secuela alguna en la revisión efectuada a los tres meses”, apunta Cascante.

Tampoco se sabe a ciencia cierta qué porcentaje de pacientes podrían tener alguna secuela. “Inicialmente sospechábamos que hasta el 20% podían presentar secuelas pulmonares, a tenor de los trabajos publicados en las epidemias ocasionadas por los coronavirus causantes del MERS y SARS”, añade el experto. Sin embargo, en las revisiones que realizan en la consulta de Neumología no se ha confirmado este porcentaje, al menos hasta ahora. “La impresión que tenemos, muy inicial y preliminar, es que el porcentaje y la gravedad de las secuelas a los tres meses es menor de la inicialmente esperada. Es una impresión que compartimos con compañeros de otros hospitales de nuestro entorno”, apunta.

EN TODO EL ORGANISMO

Los estudios de autopsia realizados han demostrado la presencia del virus en el árbol broncopulmonar y en otros órganos como el corazón, hígado, riñón y sistema nervioso central. Con todo, los expertos insisten en que en este momento es prematuro, dada la falta de estudios, determinar si la covid va a dejar secuelas a largo plazo y su alcance. Sí parece evidente que en personas con patologías previas la recuperación puede ser más compleja. “Pacientes con enfermedades crónicas, como la diabetes e hipertensión, tiene más riesgo de contraer la covid. Una vez infectados, en muchas ocasiones por la propia enfermedad o por los fármacos empleados para tratarla, tienen más riesgo de que se descompense su patología crónica. Pero desconocemos cómo será la evolución a largo plazo”.

En este marco, los expertos coinciden en que algunos síntomas pueden perdurar durante semanas. “Es normal en infecciones en general”, asegura Zulueta.

Los tres síntomas que con mayor frecuencia refieren los pacientes una vez superada la fase aguda de la enfermedad son la sensación de ahogo, la debilidad y la fatiga. De los tres, la fatiga es la más frecuente y, sobre todo en las primeras semanas, puede ser intensa. “Son pacientes que no pueden llevar a cabo las actividades que realizaban con anterioridad”, explica Cascante. “Normalmente vemos que todo está bien y es más consecuencia de la recuperación, de la debilidad muscular que se produjo, etc.”, añade Zulueta.

La fatiga mejora con el paso del tiempo, aseguran. Pero también en este punto se desconoce durante cuánto tiempo puede perdurar. “Incluso si puede cronificarse”, afirma Cascante. La fatiga es una respuesta normal del organismo después de pasar una infección. “Además, la inactividad física, debida a la estancia en el hospital, junto al confinamiento prolongado tiene efectos perjudiciales a nivel muscular y cardiovascular que sin duda pueden contribuir a la aparición de este síntoma”, añade.
Frente a la fatiga, ejercicio, apunta. “El mejor tratamiento es realizar actividad física a diario. Inicialmente basta de 30 minutos a 1 hora al día, fraccionándola si se requiere en varias sesiones. Hay que procurar que sea en intensidad progresivamente creciente a lo largo de las semanas”.

PULMONES Y TROMBOS

Aunque los estudios han hallado virus en todos los órganos, el aparato respiratoria es la puerta de entrada, afirma Zulueta.

Según Cascante, el pulmón es el órgano que más sufre el impacto de esta enfermedad y algunos pacientes pueden desarrollar una fibrosis (cicatriz pulmonar) durante el proceso.

De hecho, hay un grupo de pacientes que a los diez días, más o menos, sufren un empeoramiento severo. “Se agrava la neumonía. Creemos que es por la reacción inflamatoria del cuerpo frente al virus y la consecuencia es una mayor inflamación en el pulmón”, explica Zulueta.

Parte de estos pacientes tienen que ser atendidos en la UCI. “Los pacientes que han estado en la UCI durante mucho tiempo pueden desarrollar un síndrome post-UCI. Se manifiesta en forma de debilidad, desorientación y lentitud de pensamiento que se resuelve con el paso del tiempo. En estas personas la resolución de la neumonía es más lenta en el tiempo y con mayor frecuencia pueden desarrollar eventos trombóticos. Sin embargo, se trata de una enfermedad nueva en la que el periodo de seguimiento es todavía escaso. Desconocemos si estas alteraciones son capaces de causar problemas a largo plazo y si perdurarán en el tiempo”, insiste Cascante.

Precisamente, el riesgo de trombosis se está situando como uno de los principales problemas que puede acarrear la covid en los pacientes hospitalizados. “Un elevado porcentaje de pacientes, especialmente los que desarrollan las formas más graves, puede desarrollar una trombosis que puede manifestarse como un ictus, infarto y, sobre todo, como un tromboembolismo pulmonar. La respuesta inflamatoria desproporcionada y muy intensa que aparece en la fase aguda de la enfermedad favorece la aparición de esta trombosis”, explica Cascante. Sin embargo, una vez que se supera esta fase “no tenemos la percepción en las revisiones de que los cuadros trombóticos sean una complicación frecuente”.

LA ANSIEDAD Y EL ESTRÉS

Cualquier enfermedad es una situación estresante para los pacientes. Y, en este caso, las personas infectadas por covid se han tenido que enfrentar a una enfermedad desconocida para la comunidad científica y que, en muchos casos, suponía una estancia hospitalaria prolongada.

“Independientemente de si requerían ingreso hospitalario o no, conlleva un aislamiento social y familiar que no siempre es fácil de llevar”, apunta Cascante. “Todo ello, unido a la incertidumbre económica es el caldo de cultivo perfecto para que puedan aparecer cuadros de ansiedad, estrés postraumático e incluso de depresión”, añade.

A todo ello hay que sumar también la posibilidad de presentar otros problemas. “Aproximadamente entre un 8-10% de los pacientes que han tenido una neumonía por covid pueden presentar en la fase aguda una afectación cardiaca, que se define por una elevación de los biomarcadores. La afectación neurológica esta mucho menos estudiada. A mayor gravedad de la enfermedad, mayor probabilidad de desarrollar estas complicaciones”, apunta el experto.

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Seguimiento tras la fase aguda:esencial

El servicio de Neumología del Complejo Hospitalario de Navarra dispone de una unidad especializada, acreditada por la Sociedad Española de Neumología (SEPAR) para el manejo de los problemas pulmonares y ha desarrollado una consulta específica para realizar el seguimiento de los pacientes que han pasado coronavirus. La consulta está centrada en pacientes con una neumonía de presentación inicial muy grave pero también es para personas que no evolucionan bien y que, en principio, no precisaron ingreso hospitalario. “Son pacientes que de acuerdo a un protocolo articulado con Atención Primaria presentan una evolución clínico-radiológica desfavorable”, apuntó José Antonio Cascante.

Además de evaluar la situación clínica del paciente y su oxigenación, en la consulta repiten la PCR para confirmar que es negativa, incluida la realización de anticuerpos, y la radiografía de tórax. También se llevan a cabo pruebas de función respiratoria, más o menos complejas, según los síntomas o evolución radiológica de cada paciente.

En el caso de que la situación no sea la esperada se pasa a otro bloque de exploraciones más específicas como la prueba de esfuerzo cardiorrespiratoria o el escáner torácico, en colaboración con el servido de Radiología del centro.

El trabajo en la consulta es multidisciplinar y colaboran otros especialistas. Desde el servicio dietética y nutrición hasta psicólogos que se encargan de evaluar y tratar las posibles secuelas o complicaciones que puedan desarrollar estos pacientes, explica Cascante.

Junto a estas medidas, hay que tener en cuenta que la atrofia muscular puede ser importante en un grupo de pacientes. “Muchos pacientes, especialmente los que han padecido las formas más graves de la enfermedad, tienen una importante atrofia muscular, que se suele manifestar en forma de cansancio o debilidad”, añade el especialista. Por eso, uno de los pilares del tratamiento una vez superada la fase aguda de la enfermedad es incentivar a los pacientes para que realicen actividad física y, en ese marco, la rehabilitación juega un papel fundamental.

 

Alteraciones de la coagulación

Pacientes hospitalizados, con ventilación mecánica o en la UCI, tienen un riesgo aumentado de trombosis que puede estar presente hasta en un 30% de casos. Así lo indicó José Antonio Páramo, codirector del servicio de Hematología de la Clínica Universidad de Navarra. La trombosis es consecuencia de varios fenómenos, explica. Por un lado la hiperinflamación (denominada tormenta de citoquinas que produce una inflamación). Por otro, la hipoxia o el déficit de oxígeno que favorece la trombosis y, por último, la inmovilización a la que hay que someter a estos pacientes.

“Se ha observado por los niveles muy elevados de un marcador pronóstico (Dimero D)”, apunta. “Es un marcador biológico que indica que se ha puesto en macha que se ha activado la coagulación de la sangre. Está tremendamente aumentado, más de cuatro o cinco veces en los pacientes graves con covid”. Esta situación no es nueva. “En pacientes con infecciones graves, ya sean bacterianas, víricas o por hongos, se ve un cuadro de alteración de la coagulación que predispone la trombosis. No es nuevo pero en el covid es más intenso”,.

Por eso, diversas sociedades científicas, como la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia, emitieron documentos con rapidez con recomendaciones de tratamiento. “Es tal el grado de inflamación que, a pesar de la profilaxis, puede estar presente la trombosis y ha obligado a bucar estrategias profilácticas utilizando dosis más altas de las habituales para la prevención de la trombosis en estos pacientes”.

Además, tras el alta recomiendan seguir con los tratamientos preventivos, sobre todo si persiste la inflamación, en pacientes con otras patologías o si tiene que seguir inmovilizado. Una vez tratado el cuadro desaparece. Pero, según Páramo, “hay que vigilar por la posibilidad de que como consecuencia de la trombosis se desarrollen secuelas a largo o medio plazo”.

 

Problemas relacionados con la covid

1 Trombosis. Hasta un 30% de las personas ingresadas por covid desarrollan procesos trombóticos por alteraciones de la coagulación.
2 Fatiga. Es uno de los síntomas más frecuentes, también en casos leves. Es una respuesta normal tras una infección pero se desconoce su duración.
3 Fibrosis. Son cicatrices pulmonares. La impresión de los expertos es que pueden quedar en algunos casos graves.
4 Estrés. Estrés y ansiedad pueden afectar también a quienes han pasado esta infección.
5 Cardíacos. Un 8% de pacientes con neumonía pueden tener afectación cardíaca en la fase aguda. Se comienza a mencionar, pero no está estudiado, la afectación neurológica.

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