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64 días en la UCI

Damián Rocu-Epitie: “He llorado casi todos los días, pero todos los días he dicho: 'para adelante”

Aún no se puede poner en pie y su movilidad es reducida. Pero después de 50 días en coma considera todo un triunfo, suyo y de los sanitarios que le han atendido, que haya abandonado la UCI y ya esté en planta.

“He llorado casi todos los días, pero todos los días he dicho: 'para adelante”
Damián Rocu-Epitie posa ayer por la tarde en su habitación del Complejo Hospitalario de Navarra.
Cedida
Actualizada 24/06/2020 a las 06:00

Después de 71 días ingresado, 64 de ellos en la UCI y casi 50 en coma, el agente de la Brigada Asistencial de Policía Foral Damián Rocu-Epitie siente “miedo, rabia y tristeza” cuando mira por la ventana y ve a personas sin mascarilla y sin guardar las distancias. También siente “temor” cuando piensa en que podía haber muerto por coronavirus. Pero todos los días tira “para adelante” agarrado al apoyo de su familia -sobre todo al de su mujer, sus dos hijas de 14 y 20 años y de su hermana-, al trabajo de los sanitarios y a las incontables muestras de cariño que ha recibido. Las últimas, el lunes, cuando el vídeo de su salida de la UCI se hizo viral. Acompañado por su mujer en la habitación del hospital, este pamplonés de 53 años, 25 de ellos en Policía Foral, atiende por teléfono la entrevista.

¿Cómo está?
Estoy bien, pero es una situación muy complicada. El bicho me lo ha quitado todo. Fue despertar del coma y ver que no podía moverme bien, que no podía hablar, que la respiración estaba complicada aunque tenía la traqueotomía, al principio no podía fijar la mirada... Pasaron unos días hasta que conseguí hablar y hasta me aplaudieron. Estaba demasiado cansado para cualquier cosa, comer era complicado porque estaba sondado por todas las partes. Todo difícil. Tengo muchísimo trabajo por hacer, pero estoy muy bien acompañado y muy bien guiado por los profesionales.

¿Pasó momentos muy críticos?
Estuve casi 50 días en coma inducido, y caí hasta lo más bajo. Dijeron a mi familia que me perdían. Yo salí un martes para ir a Urgencias y tengo el recuerdo de que vino la ambulancia y mi hija mayor salió a la ventana para ver cómo me llevaban. Y casi no la vuelvo a ver. Fue muy rápido, todo ha sido a una velocidad endiablada, y así podía haberse ido toda mi vida a paseo.

¿Cómo se enteró de que se había contagiado?
A raíz de que compañeros de trabajo dieron positivo pedí que me hicieran la prueba. Me la iban a hacer un viernes, pero el martes empecé a tener unas decimillas de fiebre, me bajó la saturación y empecé a respirar peor. Llamamos al 112 y me llevaron a Urgencias. Di positivo y quedé ingresado en la planta, pero enseguida vi que sin oxígeno no tenía fuerzas y que la cosa no iba bien. El viernes se me soltaron las gafas del oxígeno y no tuve fuerzas para poner el extremo que se había soltado a la bombona. El compañero de habitación pidió ayuda y de ahí me llevaron a la UCI. Y ahí estuve en coma inducido.

Durante casi 50 días...
En la UCI han trabajado muchísimo conmigo. Gracias a Dios tenemos unos grandes profesionales, no sé cuántos han trabajado conmigo, me han ayudado, me han cuidado y me han sacado para adelante. Aún no puedo andar, porque he perdido muchísima masa muscular, y en eso estamos trabajando. Parece mentira, pero la cama te come todo.

¿Cuando ha sentido más temor por su situación: durante los primeros días o después al ver el riesgo que había corrido?
Después, cuando vi cómo estaba y por lo que había pasado. Al principio fue muy rápido y no me esperaba que me iba a afectar así. Pero después, cuando pienso en lo que podía haber pasado se me hace muy duro, porque podía no estar vivo. Todo el camino es muy duro. He llorado casi todos los días, pero todos los días remonto y hago lo que tengo que hacer y me digo: ‘para adelante, para adelante, para adelante’. Afronto lo que sea. Pero he tenido y tengo momentos muy malos y muy duros. Es verdad que a medida que avanzas y mejoras coges ánimo, pero cualquier día lloro, y la impotencia que siento ahora que no tengo fuerzas y me tienen que hacer todo me hace llorar, pero me sobrepongo. También me he agarrado al montón de manifestaciones de cariño que he recibido. No sé la de mensajes que me han mandado, vídeos, gente anónima ofreciendo su ayuda... Apoyos de Policía Foral, de la Cofradía Musical de San Saturnino, de la facultad (estudió Derecho en la Universidad de Navarra), de Carmelitas, Esclavas de Cristo Rey... De todos los sitios por los que he pasado. Y lo que me encanta es que no han dejado sola a mi familia en todo esto. No sé cómo voy a poder agradecerlo.

De casi todo esto se ha enterado al despertar...
Sí, me lo he perdido, como si me lo hubieran borrado. Cuando uno despierta y va tomando conciencia de la situación es algo muy desconcertante... Y también es desconcertante mirar por la ventana y ver que la gente no lleva mascarillas por la calle. ¿En qué diablos están pensando? Esto es un esfuerzo de toda la sociedad, esto no es un catarro malo. Tienen que escuchar a los sanitarios, tienen que ver cómo estamos en las UCIs. Los sanitarios tienen un desgaste tremendo, está siendo muy duro y están viendo muchísima desgracia. Y veo la inconsciencia que veo y me da miedo, rabia y tristeza que haya gente a que parece que le da igual. La primera ola ha sido terrible y solo faltaría que llegara otra por irresponsabilidad. Son momentos en los que nos tenemos que aguantar y fastidiar, porque es lo que nos ha tocado.

Ha hablado de las muestras de cariño que le llegaban mientras estaba en la UCI. ¿Qué supuso la cantidad de reacciones que generó su vídeo camino de planta?
La verdad es que no lo esperaba. Lo grabó mi hermana y se ha difundido por tantos sitios que digo: ¿qué es esto? Estoy muy sorprendido. Cuatro o cinco días antes se fue otro compañero de la UCI y le despedimos con aplausos, porque a todos se les despide con aplausos. No le conocía, pero pararon su cama junto a la mía y nos dimos apoyo los dos. Ahí cogí mucha fuerza para seguir adelante. Por eso cuando yo me iba me paré junto a otra mujer para darles apoyo a él y a su marido. Y ya están en planta. Esto un triunfo de lo sanitarios, porque han sacado a un paciente adelante, y también nuestro.

¿Qué piensa hacer el día que vuelva a casa recuperado?
Yo lo único que quiero cuando me ponga bien es sentarme con mis hijas y mi mujer en un balcón y tomarme una cerveza. Eso para mí es el summum, no le pido otra cosa a la vida. Bueno, sí, darme una ducha, ¡porque tengo muchas ganas de ducharme! (se ríe) Pero estar de pie aún es complicado... Pero llegará el momento de mi ducha y será mi gran momento.

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