Los hospitales permiten al menos a un familiar despedirse del enfermo
El Complejo Hospitalario y San Miguel tienen también un sistema de visitas a los ingresados


Actualizado el 20/04/2020 a las 06:00
El covid-19 ha cambiado en unos meses la manera de vivir de miles de millones de personas en todo el mundo, pero también la de morir, así como el papel de acompañamiento que las familias pueden jugar durante la enfermedad y el desenlace de esta, si es que lo hubiera. El aislamiento que requiere frenar la propagación del virus ha convertido en comunes estampas antes mucho menos frecuentes, como la de alguien que fallece en un hospital acompañado solamente por personal sanitario.
En Navarra se está intentando que esto no suceda. Desde los centros hospitalarios que están atendiendo a los afectados se ha buscado “humanizar” el paso por el hospital todo lo que las medidas de seguridad permitan, facilitando en mayor o menor medida el acceso de familiares. Aunque ahora mismo trabajan todos bajo el mando único del departamento de Salud, la forma de funcionar no es la misma en todos.
En el Complejo Hospitalario de Navarra están contempladas las visitas controladas de familiares de pacientes ingresados en las unidades de hospitalización. Se da acceso a un familiar por persona, en horario de 5 a 7 de la tarde, con una estancia máxima de 1 hora, aunque la recomendación es la de que permanezcan menos tiempo. Siempre tiene que ser “una persona sana, sin síntomas” y mejor que sea siempre la misma. Se les pide que no traigan enseres personales porque los artículos que entran a las habitaciones “no deben salir si no se pueden lavar”. También se les aconseja que vuelvan directos a casa al salir de la visita y que laven la ropa que llevaban puesta.
El acceso y la salida se controlan por parte de personal sanitario, de modo que se hace de forma escalonada para evitar que coincidan muchas personas a la vez. Antes de entrar se les entrega el material de protección (mascarillas y guantes) y algunas instrucciones. “La gente es respetuosa y se han ido concienciando”, explica una persona que forma parte del equipo sanitario. “En general, quienes vienen son personas jóvenes. Personas mayores, las menos”.
En el caso de que sean pacientes en el último tramo de vida, se da opción de que haya dos acompañantes. “Siempre se da la posibilidad de que estén con su familiar, aunque no en todos los casos decidan venir por distintas razones. No todo el mundo muere acompañado”.
Hay además, un muy reducido grupo de pacientes que requieren de un acompañamiento permanente, como puedan ser algunas personas con discapacidad. “Les facilitamos todo lo que está a nuestro alcance”.
En el caso de la UCI del Complejo Hospitalario, se permiten algunas visitas, aunque siempre a criterio médico. En los casos en los que las visitas no sean posibles, se intenta favorecer la comunicación a través de llamadas telefónicas o videollamadas.
SAN JUAN DE DIOS Y CUN
En San Juan de Dios, en cambio, no se contemplan las visitas a los pacientes ingresados con covid-19. El contacto con la familia se establece a través de emails, videollamadas o entregas de cartas, entre otros sistemas. Solamente se deja que un familiar acompañe al paciente una vez que este se encuentra ya en estado terminal, en las horas previas al fallecimiento.
Todas las personas que acceden al hospital deben estar libres de sintomatología y, además, pasan diariamente un control de temperatura al llegar.
Por su parte, desde la Clínica Universidad de Navarra declinaron aportar detalles de sus procedimientos, si bien en la UCI de su sede de Madrid han habilitado una zona para que pacientes terminales puedan ser despedidos por sus familiares.
SAN MIGUEL, A DÍAS ALTERNOS
En la Clínica San Miguel, el plan de visitas a los ingresados con coronavirus contempla el acceso de un acompañante durante 15 minutos en días alternos. Se trata siempre de la misma persona, que debe registrarse al llegar a con el fin de llevar un control exhaustivo de las personas que ingresan a la zona Covid.
En el caso de los pacientes de UCI, pueden recibir la visita de un familiar un día por semana, siendo siempre la misma persona. Los pacientes en estado terminal, por último, también pueden estar acompañados por una persona en el momento de la despedida.
SIN DESPEDIDA SOCIAL
El covid-19 también ha terminado con los ritos sociales para despedir a un fallecido, o los ha dejado limitados a la mínima expresión. Los velatorios están prohibidos por orden del Ministerio de Sanidad, sean en instalaciones públicas o privadas, así como en los domicilios particulares. Asimismo, se aplazan las celebraciones de cultos religiosos o ceremonias civiles fúnebres hasta el fin del estado de alarma.
Además, en el Cementerio Municipal de Pamplona solo pueden participar tres familiares o allegados, además del ministro de culto o persona asimilada, en la comitiva para el enterramiento o en la despedida para la cremación de una persona fallecida, sea o no por coronavirus.
La asociación Goizargi de ayuda al duelo ofrece acompañamiento gratuito a familiares de personas fallecidas entre el 15 de marzo y el 15 de mayo, dada la excepcionalidad de las circunstancias
“Somos una entidad que trabaja con la muerte. Por responsabilidad social, sentíamos que teníamos que hacer algo”. Así explica la presidenta de Goizargi, Rakel Mateo, las dos medidas extraordinarias que la asociación ha adoptado ante la crisis del COVID-19. La primera, dirigida a quienes ya eran sus usuarios, es la posibilidad de que los servicios, ahora por vía telemática, no tengan un coste obligatorio durante un mes. “Aunque muchos de ellos están pagando”. La segunda, ofrecer un programa de acompañamiento preventivo de carácter gratuito a todas aquellas personas que sufran la pérdida de un ser querido. Los interesados lo pueden solicitar llamando al teléfono 660 03 41 01, en horario de 9.00 a 12.00, de lunes a viernes, o enviando un correo a junta@goizargi.org.
¿Qué respuesta ha tenido este ofrecimiento de Goizargi a la sociedad?
No estamos teniendo un aluvión de llamadas y es algo natural. Mi experiencia me dice que, emocionalmente, las personas necesitamos creernos lo que nos está pasando primero, necesitamos descender. Hay que dejar un poco de margen porque si ya cuesta pedir ayuda, en una situación así cuesta más. En cualquier caso, con el paso de los días empieza a haber más llamadas de gente, tanto en duelo como de personas que acompañan a alguien que se está doliendo.
¿Qué consejos les dan?
A mí no me gusta nada la palabra consejo, pero sí creo que hay algunas cosas que pueden ayudar a bienacompañar, que es algo que nos cuesta mucho. Cuando alguien a quien queremos siente dolor, hacemos todo lo posible para dejar de que se duela.
Tendemos a evitar el dolor...
Claro, pero a lo mejor el bienacompañar pasa porque tomemos conciencia de que el duelo, duele, y de que esa persona necesita dolerse. Las emociones son como esos niños de 4 años que te piden que los mires, y hasta que no lo haces, son capaces de hacer lo que sea, hasta de disfrazarse. Si miras la emoción, se queda tranquila y puede continuar, porque la gestión emocional es un proceso. Por eso mi mensaje es siempre de validar al otro, de confiar en que el otro tiene capacidad para transitar por ese dolor, aunque a mí me duela. Lo que no necesitamos es alguien que me diga que tengo que estar bien, que sea fuerte o que tengo que tirar para adelante.
¿Tiramos de frases hechas porque no sabemos enfrentarnos a este tipo de situaciones?
Y porque tenemos mitos sociales muy adquiridos. Cuántas veces no habremos oído eso de ahora estará mejor; total, ya solo sufría; ya era mayor, ahora que están muriendo tantos mayores. Pues sería mayor, pero era mi padre, o mi madre, o mi abuelo, y ese mi es muy importante.
Hablaba antes de duelos complicados. ¿Qué consecuencias puede tener esta situación que estamos viviendo en un proceso de duelo?
Hay una serie de factores que pueden marcar el proceso de duelo, aunque no siempre lo hacen porque los duelos dependen de las personas y no tanto de las circunstancias. Nuestra labor es bucear en esos indicadores, y ahora se están dando unos cuántos. Tenemos menos red social, o la tenemos pero de otro modo. Hay muchísimas personas que no han podido despedirse de sus seres queridos, o que no los han podido ver muertos, o que no han podido tocarles. Hay muchas cosas que están siendo muy diferentes y todo eso nos marca. Si no se ayuda a que todo eso no suponga más carga, el proceso puede complicarse.
¿De qué manera?
Puede haber muchas consecuencias. Que se alarguen más en el tiempo, y es cuando hablamos de duelos cronificados. O que sea un duelo inhibido, es decir, en el que inicialmente no hay una reacción emocional, pero en realidad, se queda para luego. Pasado el tiempo, aparecen síntomas. A veces aparecen duelos enmascarados, en los que empieza a reaccionar el cuerpo sin que haya una base física, sino una dolencia emocional no atendida. Por eso buscamos duelos funcionales, es decir, que funcionen. Para eso, el duelo tiene que doler y es absolutamente natural que lo haga.
¿La falta de rituales como los velatorios o los funerales también puede interferir?
Como indicador objetivo y genérico, sí. Luego es cierto que cada persona es distinta, y para algunas el peso de los rituales sociales tienen mucho más peso que para otras. Pero sin duda vivimos en una sociedad de rituales. Y hay ciertos ritos que ayudan a descender la naturaleza de la realidad. Cuando vamos a los funerales vamos a honrar a alguien, o cuando vamos a un velatorio vamos a hablar de quien ha muerto. Todo eso ayuda. Yo siempre suelo decir que a las personas en duelo les viene muy bien hablar de lo que han vivido, aunque sean muchas veces cosas repetidas. Porque cuando hablo de cómo murió mi madre me escucho a mí misma y me lo creo.
¿Esto que estamos atravesando nos va a cambiar como sociedad o la vuelta de la esquina seremos los mismos de siempre?
Me encantaría decirte que va a cambiar todo mucho, pero me cuesta creerlo. Somos una sociedad a la que le cuesta mucho mirar el dolor del otro, y ahora fíjate que tortazo de realidad nos está dando la vida. A aquellos a los que les ha pillado más de cerca, probablemente van a tener un impacto más grande. A los demás... no lo sé, ojalá también. Veo que ante todo esto hemos tenido una respuesta social tremenda, pero me pregunto si ha habido esa misma respuesta en el acompañamiento del dolor.
¿Qué quiere decir?
Que en todas las familias la gente se está volcando para celebrar los cumpleaños, por ejemplo. En seguida ponemos en marcha un montón de recursos en lo que tiene que ver con la diversión y el entretenimiento, y venga 35 vídeos para celebrar el cumpleaños de la tía Julia. Esto es muy bonito y no lo juzgo en absoluto, pero no sé si he visto tantos vídeos recordando que estamos ahí a una persona que tiene mucho dolor.
¿No conseguiremos tampoco que la muerte deje de ser un tabú, ahora que nos la han puesto tan cerca?
¡Pero es que la muerte siempre ha estado cerca! Lo que está pasando ahora es que hay muchas muertes de los de más cerca y es verdad que hay muchísimo sufrimiento. Por eso parece que se nos amontona y no nos deja respirar.