FALLECIMIENTO
Muere Emilio García, crítico taurino de Diario de Navarra durante 26 años
Figura fundamental del mundo taurino navarro, escribió cientos de crónicas de toros entre 1971 y 2000


Actualizado el 20/04/2020 a las 08:16
El año pasado los taurinos ya notaron su falta. Hasta entonces siempre estaba allí, en la plaza de toros, puntual a la cita sanferminera de las ocho de la mañana. Esas mañana enumeraba siempre el orden en que los toros entraban en chiqueros y respondía a los aficionados que le preguntaban por la corrida del día anterior. Su opinión infundía respeto. Respondía a toda una vivida de afición y de pasión por los toros, al conocimiento de un hombre que había presenciado miles de festejos y durante cerca de tres décadas había ejercido como crítico, fundamentalmente en Diario de Navarra. “Hablar de Emilio es hablar de los toros en Navarra. Hablar de Emilio es hablar de quien transmitió conocimientos y enseñó a torear de salón a tantos y tantos que quisieron ser toreros. Y hablar de Emilio es hablar de cientos de páginas escritas en este periódico al filo del cierre”.
Ese Emilio del que escribió Mariano Pascal en 2018 es Emilio García San Miguel, crítico taurino de Diario de Navarra durante más de 25 años, personaje de referencia en el mundo de los toros de Pamplona y socio de honor del Club Taurino, que falleció este sábado por la noche a los 87 años de edad.
Emilio, como firmaba muchas de sus crónicas, nació el 6 de octubre de 1932 en la calle Jarauta, encima de la peña Irunseme. Sus padres fueron Baldomero García, de Pamplona, y Patricia San Miguel, de Uharte Arakil. Estudió en las escuelas de San Francisco, hasta los 9 años, y en los Salesianos después. Con 13 años empezó a trabajar en una droguería mientras estudiaba por la noche contabilidad. Durante su juventud fue vendedor o ayudante de químico, trabajos que compaginó con el negocio de sillas plegables de su padre, que colocaban, por ejemplo, en los conciertos de La Pamplonesa en el Bosquecillo. Tras completar el servicio militar, recaló durante 16 años en Casa Arrizabalaga, tienda de confección en la esquina entre las calles Estella y García Castañón. De allí, se fue a Casa Unzu, donde trabajó durante 25 años.
Afición taurina
Los toros marcaron su vida. La afición se la inculcó su padre, Baldomero García, del mismo modo que se la transmitió a su hermano Martín, un año menor, quien también ejerció como crítico e informador taurino. En 2012 en una entrevista concedida a Pilar Fernández Larrea, Emilio confesaba que llegó “a matar once becerros y me vestí de luces como sobresaliente de algún novillero, sí”, admite. Pero aunque nunca dejó de tentar, lo suyo fue escribir lo que veía en las plazas de Navarra y otros lugares. Comenzó en 1971 en el periódico Norte Deportivo, editado también por el Grupo la Información, a donde llegó de la mano de su entonces director, Julio Martínez Torres. Tres años más tarde, pasó a Diario de Navarra, donde tomó el relevo a Teófilo Etayo, Filoteo. Fue el crítico del periódico durante un cuarto de siglo, hasta el año 2000.
Cuando trabajaba, tomaba sus vacaciones en septiembre, cuando más festejos taurinos se celebraban. Cuando se jubiló, también dedicó buena parte de su tiempo a los toros, a viajar para seguir las ferias de ciudades como Bilbao o Madrid, o visitar ganaderías. Emilio había sido parte fundamental de la ‘comanchada’, un grupo de jóvenes aficionados navarros que del que formaban parte entre otros su hermano Martín o el novillero Jesús Zúñiga, ya fallecido. Emilio fue además el biógrafo del grupo, en un libro que firmó como Fermíntxo, que era la rúbrica de sus primeras crónicas periodísticas
Entró al Club Taurino de Pamplona en mayo de 1952, apenas cuatro años después de fundarse esta entidad. En 2007 fue nombrado socio de honor y ocupó diversos cargos en su junta directiva, entre ellos la vicepresidencia, durante la cual pudo presidir la novillada del 5 de julio de 2000. «Siempre es bonito presidir un festejo en la plaza de Pamplona, en la que he pasado tantas horas y me he hecho aficionado», dijo entonces.
Habitual en la tertulia taurina del Bar Picaso, en San Juan, admiraba el toreo de José Tomás, El Juli y de Pablo Hermoso de Mendoza. Viudo de María Patrocinio Gurrea, era padre de dos hijos y abuelo de dos nietos.