Misa sin fieles en Domingo de Ramos en la Catedral de Pamplona y con oración por los afectados
El arzobispo Francisco Pérez tuvo presente en su homilía el dolor y la desesperación de muchos fieles estos días


Actualizado el 06/04/2020 a las 06:00
Histórica misa la vivida en la Catedral de Pamplona un Domingo de Ramos. El templo, acostumbrado a rebosar en esta fecha de fieles en un ambiente familiar de palmas y ramas de olivo, era una prolongación del triste vacío y silencio de las calles. Los fieles, por primera vez, estaban en sus casas, siguiendo la misa en la iglesia madre de la diócesis a través de la pantalla de televisión o de la web de la Catedral.
Solo asistieron ocho personas que, según dijo el arzobispo de Pamplona y Tudela, Francisco Pérez, representaban a “todos” los que este domingo hubieran querido acudir a conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén y su aclamación como Hijo de Dios.
La misa que marca el fin de la cuaresma y el inicio de la Semana Santa, un tiempo en el que se celebra la pasión, crucifixión, muerte y resurrección de Cristo, se celebró a puerta cerrada. Sin procesión con el paso de la entrada de Jerusalén desde la plaza de Santa María La Real, sin la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Pasión, sin el coro de niños ataviados de hebreos. Esta vez, el cortejo religioso se redujo a la mitad de lo habitual. Solo seis religiosos, encabezados por el Arzobispo. Le acompañaron: el obispo auxiliar, Juan Antonio Aznárez; el deán Carlos Ayerra; el maestro de ceremonia, José Antonio Goñi; el canónigo Ángel Iriarte y el cura Miguel Flamarique. La parte musical corrió a cargo del maestro de capilla, Aurelio Sagaseta, que fue el único que lució unos guantes azules, y del organista, Julián Ayesa.
La ceremonia estuvo presidida por una imagen de la Virgen de Santa María, decorada con una rama de olivo. Al inicio de la homilía, el arzobispo Francisco López, recordó a todos quienes están trabajando estos días por los demás, como médicos y militares, pero su oración y recuerdo estuvo enfocado a quienes han sufrido el azote de la pandemia: enfermos y quienes han perdido un familiar. “¡Cuántas lágrimas se están derramando!” , exclamó . Y recordó el “desgarrador grito” de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”. El Arzobispo explicó que “Dios no vino a suprimir el dolor, pero sí a llenarlo con su presencia. Dios vive en nuestro sufrimiento”, apuntó, al tiempo que aseguró que dialogar con Dios “transforma la angustia en gracia y la frustración en humildad”. Para terminar, con los enfermos siempre presentes, recordó que la Virgen estaba al pie de la Cruz y a ella se encomendó para cerrar su sermón. Emocionado, rezó un Ave María.
El gel hidroalcohólico debutó en la milenaria liturgia religiosa del Domingo de Ramos. El arzobispo Francisco López, tras consagrar el pan y el vino, se lavó las manos con gel antiséptico antes de dar de comulgar a los ocho fieles que asistieron al templo. Todos comulgaron con la mano. Los sacerdotes, que mantuvieron durante casi toda la ceremonia la distancia de seguridad, tampoco se dieron la mano llegado el momento de la paz. En su lugar, se saludaron con una ‘venia’. El coronavirus manda.