Música por Kibera Pride
La asociación Kibera Pride, con Andrea Irisarri al frente, procura cobijo y educación a un centenar de niños en Kenia. Un concierto en el Museo de la Universidad de Navarra el sábado 12 busca fondos


Actualizado el 08/10/2019 a las 06:00
Kibera, con entre medio millón y un millón de habitantes, está considerado el asentamiento de chabolas más grande de toda África. En este suburbio de Nairobi, la capital de Kenia, aterrizó la navarra Andrea Irisarri Lasarte en 2012 como voluntaria. La experiencia con aquella realidad le hizo querer seguir colaborando a su vuelta a casa, y así fue como nació Kibera Pride, registrada en 2016 y con sede en Barañáin.
La entidad gestiona una casa de acogida que da cobijo a unos 30 menores en situaciones especialmente vulnerables de Kibera. Además, se hace cargo a través de apadrinamientos de particulares de la educación de otros 70. Un equipo de tres trabajadoras locales se encarga del día a día en la casa de acogida, mientras que, desde aquí, unas doce personas se involucran en intentar conseguir fondos para sustentar la actividad de Kibera Pride. “Tenemos unos gastos fijos de unos 2.800 euros al mes”, explica Irisarri, maestra de 28 años y que en 2015 recibió por Kibera Pride uno de los Galardones de Juventud que otorgó el Gobierno de Navarra, en la categoría Valor Solidario. “No tenemos todavía ninguna subvención pública, así que llegar a cubrirlos nos resulta complicado”, admite.
Una de las iniciativas que han puesto en marcha para conseguir fondos es el concierto solidario que tendrá lugar el sábado 12 de octubre en el Museo de la Universidad de Navarra, y que contará con las actuaciones de los Tenampa y el Mariachi y la Tuna Antigua de Navarra. Las entradas cuestan 15 euros y pueden comprarse en taquilla o en la web www.museo.unav.edu//entradas.
Lo que se recaude irá destinado a sufragar los gastos de la educación secundaria y universitaria de los niños apadrinados, un desembolso que la mayoría de las familias no se pueden permitir, y que no está cubierto tampoco con las cuotas de apadrinamiento. “Cada curso universitario cuesta unos 900 euros; y los de Secundaria, entre 350 y 850 euros”, apunta Irisarri. “Nos daba una pena tremenda que no pudieran seguir formándose con las ganas e ilusión que tienen de crecer a nivel personal y profesional”, valora.
A pesar de los momentos de incertidumbre que a veces han tenido que sobrellevar, Irisarri asegura que comprobar que lo que hacen sirve para algo, “lo compensa todo”. “He vuelto todos los años desde 2012. Tengo una familia en el otro lado del mundo”, se alegra.