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El Archivo de Navarra presta el manuscrito del Cantar de Roncesvalles a la Biblioteca Nacional

El fragmento conservado en el Archivo Real y General de navarra se expondrá en la exposición sobre el Cantar del Mio Cid, en la Biblioteca Nacional

Sala de lectura del  Archivo General de Navarra.

Sala de lectura del Archivo General de Navarra.

CEDIDA
Actualizada 14/08/2019 a las 11:58
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  • Europa Press. Pamplona
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El fragmento del Cantar de Roncesvalles, conservado en el Archivo Real y General de Navarra, se expone estos días en la Biblioteca Nacional de Madrid, en el marco de una exposición sobre el Cantar del Mio Cid.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 22 de septiembre, rinde homenaje al filólogo asturiano Ramón Menéndez Pidal, máximo conocedor de ambos cantares de gesta, al cumplirse 150 años de su nacimiento, vinculando su figura con los cantares de gesta hispanos.

Ramón Menéndez Pidal fue quien primero estudió el fragmento del Cantar de Roncesvalles tras haber sido descubierto entre los fondos del Archivo Real y General de Navarra. Su meticuloso estudio se publicó en 1917 en la Revista de Filología Española, en un trabajo que lleva por título 'Roncesvalles. Un nuevo cantar de gesta español del siglo XIII'.

El documento prestado procede del fondo Cámara de Comptos. Se trata de un bifolio en pergamino que contiene cuatro páginas en las que se recogen manuscritos cien versos anisosilábicos de un cantar de gesta medieval que no se ha conservado. El texto está escrito en letra gótica y redactado en lengua romance, ha explicado el Gobierno foral en una nota.

El Cantar de Roncesvalles, así denominado por quien fue su máximo conocedor y divulgador, Ramón Menéndez Pidal, es uno de los tres únicos testimonios de la épica medieval española que ha llegado a la actualidad, junto con el Cantar del Mío Cid que se conserva en la Biblioteca Nacional de España, y las Mocedades de Rodrigo que actualmente custodia la Biblioteca Nacional de Francia.

Con la circunstancia de que el manuscrito navarro es el único de todos ellos de temática carolingia, lo que lo convierte en una reliquia de la poesía épica medieval cuya inspiración última se encuentra en la propia Chanson de Roland del siglo XII.

El hallazgo de este pergamino se produjo hace algo más de un siglo, en 1916, cuando se localizó en el Archivo de Navarra por parte de un investigador, como parte de otro códice, el Libro de Fuegos de 1366, y fue comunicado por Carlos de Marichalar, entonces director de la institución, al filólogo Ramón Menéndez Pidal a través del discípulo de este, el navarro Amado Alonso.

LA CHANSON DE ROLAND

La Chanson de Roland, el poema épico más famoso de la Edad Media, narra unos hechos históricos sucedidos tres siglos antes como son la derrota sufrida por el ejército de Carlos, rey de los francos, futuro emperador en Roncesvalles, el 15 de agosto del año 778.

En el caso concreto del Cantar de Roncesvalles conservado en el Archivo Real y General de Navarra, el fragmento relata los hechos inmediatamente ocurridos después de la batalla. En concreto, los versos recogen un emotivo tema como es el lamento de Carlomagno por el hallazgo del cadáver de Roldán, su sobrino, muerto a manos de los musulmanes, protagonistas según dicho texto del asalto a la retaguardia del ejército carolingio.

El breve texto menciona la muerte del arzobispo Turpín y de los doce pares de Francia, incluido Roldán, las marcas dejadas en las rocas por su espada Durandarte, y finaliza bruscamente con el desvanecimiento de Carlomagno tras haber localizado y llorado el cadáver de su sobrino.

El filólogo Ramón Menéndez Pidal aventuró que la extensión originaria de este poema podría haber sido similar a la del Roland conservado en San Marcos de Venecia, de unos 5.500 versos, pese a que solo se conservan las mencionadas dos hojas en el Archivo de Navarra.

La Chanson de Roland se había divulgado en la Península Ibérica desde el siglo XII, y producto de esa difusión pudo componerse en alguno de los reinos hispánicos el Cantar de Roncesvalles en el siglo XIII.

No obstante, las dos únicas hojas conservadas forman parte de otro códice perdido que, según los especialistas, tuvo que ser redactado a comienzos del siglo XIV seguramente en Navarra, a juzgar por los rasgos del romance navarro que posee y la escritura igualmente navarra en la que está escrito, lo que constituye un testimonio excepcional en el conjunto de la épica medieval española.

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