Condenan a un joven pamplonés por traficar con armas en Internet
Aceptó 2,5 años de prisión tras reconocer que fabricaba armas y munición en Artica


Actualizado el 27/06/2018 a las 06:00
Un pamplonés de 24 años era el mayor traficante de armas cortas en la llamada Internet oscura. Compraba pistolas detonadoras, las modificaba, fabricaba munición real en una bajera de Artica y después las enviaba a distintos países. Fue detenido por la Guardia Civil en septiembre y acaba de aceptar dos años y medio de prisión en el Juzgado de lo Penal nº 4 de Pamplona. No entrará en la cárcel a condición de que no cometa un delito en tres años y realice trabajos en beneficio de la comunidad.
Todo el material necesario lo adquiría en internet. Primero se hacía con pistolas detonadoras, armas que no requieren de una licencia específica. Las compraba con su nombre en armerías españolas y, al menos en tres pedidos a una empresa de Eslovaquia, utilizó la identidad de un amigo suyo. Después, con su nombre verdadero (tenía licencia de armas de uso deportivo) compraba elementos para la fabricación de cartuchería metálica de dos tipos de calibre (6,35 mm y 7,65 mm). Durante tres meses compró, según la sentencia, 800 casquillos en tres encargos distintos, un empistonador, dos dispositivos para la recarga de munición, una báscula digital y 300 proyectiles. Todos estos artefactos, recuerda el fallo, se pueden comprar y adquirir para uso particular. Lo que está penalizado es lo que el acusado hacía a continuación.
En primer lugar, borraba el número de serie de las armas. Después, retiraba el mecanismo del arma que impedía cargarlas con munición real. En muchos casos, añade el fallo, llegó a recalibrar las armas, elaborando nuevos cañones que permitían el disparo de munición real de un calibre inferior al original. Lo hacía desmontando las armas y conservando las piezas en el garaje de su vecina, en Artica. También fabricaba munición real para estas armas. “Para fabricar cartuchería metálica apta para realizar fuego real utilizaba las vainas y los proyectiles adquiridos de forma lícita, así como pólvora y pistones que había comprado ilícitamente”.
Una vez fabricadas las armas y la munición, las puso a la venta en internet. Lo hizo la denominada Dar Net o Internet Oscura (páginas web no accesibles para buscadores como Google) bajo un seudónimo. En estas páginas “mostraba fotografías de las armas modificadas e incluso hacía vídeos demostrativos sobre el funcionamiento”. El pago de las armas se realizaba “a través de criptomonedas, estimándose que cada arma modificada podría haberse vendido por el equivalente a 1.000 euros”. Las armas las enviaba desmontadas en varios paquetes, en los que siempre hacía constar identidades falsas (la Guardia Civil llegó a encontrar documentación falsificada con estos nombres). Para evitar que los escáneres detectaran el contenido, envolví las piezas en papel aluminio o en trozos de CD´s.
Sin embargo, ocho paquetes que tenían destino a Austria, Reino Unido y Noruega fueron detectados por el personal de Correos en Berriozar. Avisaron a la Guardia Civil y tras la autorización judicial, descubrieron las armas. Los agentes descubrieron, tal y como consta en la sentencia, que cuatro paquetes habían sido entregados en una oficina de Pamplona y los otros cuatro depositados en buzones de la capital navarra. A pesar de las identidades falsas, la Guardia Civil cotejó la letra de los sobres con la de la licencia para armas deportivas del acusado y llegó a la conclusión de que habían sido escritos por la misma persona”. Según la investigación, durante 2017 llegó a enviar armas y munición a 30 compradores de 11 países. Algunas, fueron utilizadas en homicidios.
Después de varios meses de trabajo, la investigación policial llevó a la Guardia Civil hasta el joven de Pamplona. Su estilo de vida no concordaba para nada con su situación laboral. Sin trabajo conocido ni estudios vivía en casa de su padre, conducía un coche de alta gama, viajaba de manera frecuente, y , por si fuera poco, había adquirido un velero de ocho metros de eslora que tenía atracado en el puerto olímpico de Barcelona, donde también poseía una vivienda.