SEGURIDAD VIAL

Así comunica la Policía a los familiares el fallecimiento por accidente de tráfico

Agentes de Policía Municipal de Pamplona, Policía Foral y de Guardia Civil explican cómo abordan el momento en el que tienen que comunicar que un ser querido acaba de fallecer en un accidente de tráfico

Imagen de un ramo de flores en una carretera de Labiano.
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Imagen de un ramo de flores en una carretera de Labiano.José Antonio Goñi
Imagen de un ramo de flores en una carretera de Labiano.

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Rubén Elizari

Actualizado el 07/05/2018 a las 06:00

El último jueves de abril más de una treintena de personas comenzaron el curso de ingreso básico en la Policía Foral. Aprenderán todo lo necesario sobre su profesión: la misión y las funciones policiales, prevención, protección e intervención o, por ejemplo, legislación.

Los que dentro de unos meses serán sus compañeros de profesión aseguran que hay una parte de su trabajo para la que nunca se llega a estar preparado. Notificar la muerte de un ser querido en un accidente de tráfico a sus familiares. “Es imposible borrar de tu mente el recuerdo de esos familiares. Les das una noticia que cambia para siempre sus vidas. Ese momento te genera mucha tensión”, explica un agente de la división de Seguridad Vial de Policía Foral. “Son situaciones que escapan a la lógica, a la racionalidad. Su familiar ha salido de casa esa misma mañana y ya nunca regresará”, dice un agente de la Policía Municipal de Pamplona. “Después de este tipo de situaciones, hablas con tus compañeros. Cuentas lo que ha ocurrido para intentar desahogarte. Aunque forma parte de nuestro trabajo, siempre es duro”, cuenta un sargento de la Guardia Civil.

Agentes de la Policía Municipal de Pamplona, de la Policía Foral, y de la Guardia Civil, explican cómo afrontan “la parte más desagradable” y delicada de su trabajo.

“DEJAMOS DE SER POLICÍAS PARA SER CASI FAMILIARES"
El turno de aquella tarde era tranquilo. Ambos agentes de la Policía Municipal de Pamplona patrullaban en uno de los vehículos oficiales. De repente, recibieron una llamada de la emisora central. “Nos solicitaron apoyo los compañeros de la Guardia Civil. Teníamos que ir al domicilio de una persona porque un ser querido había fallecido de manera trágica en un accidente de tráfico. Nos solicitaban que se lo comunicáramos a un familiar directo”, cuenta uno de los agentes que confiesa que en ese momento “se quedó en shock”. “Eso nunca lo esperas. Para esto no estamos preparados. Enseguida me vino a la mente la persona a la que tendría que darle la noticia y todo lo que le iba a suponer: mucho dolor y un cambio en su vida”.

Durante el trayecto hasta el domicilio que les habían indicado sus compañeros les acompañaba la incertidumbre. Solo tenían una dirección y no sabían quién vivía allí. “No sabíamos si estaría su esposa, sus hijos, sus hermanos...”.

UNA CARRERA CONTRARRELOJ

Tocaron el timbre. Una vez. Dos. Pero nadie abría. “Nos fuimos del piso sin poder localizar a nadie. Mis compañeros siguieron haciendo gestiones. Hicieron una gran labor. El tiempo corre en tu contra. La noticia ya había aparecido en los medios digitales. Al final, localizaron a la madre”, explica uno de los agentes que realizó esta intervención y que confiesa que el peor momento para él, sin duda, fue el primer contacto con la madre de la persona que había fallecido en una colisión.

“Cuando abrió la puerta le dijimos que veníamos a darle una noticia y que nos dejara pasar. Buscas un espacio más íntimo”, cuenta el agente. “Aparte, no sabes cómo va a reaccionar. Si puede sufrir un desmayo, una crisis nerviosa...”, añade su compañero. “Por si acaso, ya habíamos prealertado a SOS Navarra”.

“Entramos en la sala de estar. Nos interpelaba angustiada si había sucedido algo. Por nuestras caras, ya sabía que algo había pasado. Le dimos la noticia sin dar ningún tipo de detalle. Su reacción fue de negación, incredulidad.... Hubo muchos ratos en silencio. Estuvimos con ella durante al menos tres cuartos de hora. No queríamos dejarla sola. Llamó a una familiar que fue a su casa. En ese tiempo intentas darle cariño, comprensión, cercanía, calor... Fue duro”.

El silencio dejó paso a la aceptación. “Después, comenzó a hacernos preguntas. Solo sabíamos la información básica del accidente, así que también hablamos con Guardia Civil para que nos contaran algo más. Dejamos de ser policías para ser casi familiares. Estamos acostumbrados a muchos tipos de situaciones, pero no a esta. Esto tan extremo te puede superar. Hay que empatizar desde el primer instante con la persona con la que vas a estar. Incluso desde el momento en que te llaman para comunicarte que has de dar la noticia. Para esto nadie te prepara. Te quedas consternado”.

Es más. Uno de los dos agentes que tuvo que notificar el fallecimiento a la madre confiesa que en más de una ocasión se le ha pasado por la cabeza acercarse a su domicilio para interesarse por ella. “La verdad es que lo he pensado. No sé cómo se lo tomará. Es algo que no descarto hacerlo. Sólo es preocuparme por cómo está”.

“Has de notificar la noticia pero no puedes olvidar lo policial”

José Antonio Gurrea, el comisario del Área de Tráfico y Seguridad Vial de la Policía Foral, sostiene en sus manos un folio donde ha anotado algunos de los casos en los que ha tenido que notificar la muerte de un ser querido: Nagore Laffage, Yanela Zaruma, asesinada por su ex-pareja o Jesús Madrigal, el camionero de Motril (Granada) que murió de un disparo en la AP-15, en Areso, tras una discusión de tráfico con un Ertzainta, vecino de Tiebas. “No existe una manera buena de dar semejante noticia, pero hay maneras de no agravar ese sufrimiento. En cuanto llamas a su puerta y ven tu cara... La gente tiene ansiedad. No puedes andar con rodeos. Tienes que decir la verdad. Has de buscar un entorno adecuado. Te tienes que informar del entorno familiar, qué tipo de persona es, si vive solo, si es mayor... “, relata.

El año pasado murieron 28 personas en las carreteras de la Comunidad foral. Un cabo de la Policía Foral que instruyó varios de esos accidentes relata cómo actúan. “Personalmente, es lo más desagradable de mi trabajo. Te genera ansiedad antes de ir. Ese momento es muy duro. Y cuando te vas, te vas tocado”, cuenta. “Habitualmente acude al domicilio del familiar el instructor del accidente. Es el que más conocimiento tiene sobre qué ha pasado. Es muy frecuente que el familiar nos pregunte en un primer momento si estamos seguros, si no nos hemos equivocado. El instructor puede aportarle datos como, por ejemplo, si tiene algún tatuaje característico. Si hay cuestiones que no sabes responder, generas dudas en la otra persona. Es mucho peor”.

En Policía Foral existe un protocolo específico para notificar este tipo de sucesos. El protocolo de Policía Foral incluso específica (ver la última columna) cómo ha de ser la comunicación de este tipo de sucesos: “Se deben usar frases cortas”, dice el protocolo.

TAMBIÉN SE INVESTIGA

La muerte no conoce horarios. Uno de los agentes de la Policía Foral recuerda que ha tenido que tocar el timbre de familiares de fallecidos de madrugada. “A veces incluso no te creen que eres de la Policía Foral. Cuando abren se ponen en alerta. Te esperan en el rellano de la escalera preguntándote qué ha pasado. Pides por favor que te dejen entrar. Notas la tensión. Vas a hacer algo duro. En los momentos previos te has preparado, tienes experiencia e intentas actuar del mismo modo de aquellas veces en las que te ha funcionado. Después, no te puedes ir hasta que la situación está estabilizada y esa persona se ha quedado acompañada”, explica el cabo.

El comisario de tráfico explica que antes de dar este tipo de noticias se valora tanto la necesidad de contar con servicios médicos como psicológicos. “En un caso concreto, localizamos a un familiar. Esa persona nos dijo que por favor se lo dijéramos a la madre porque ella no se atrevía. Se lo expliqué a la madre, y la madre me pidió que por favor se lo dijera a su marido. Tuve que dar la noticia en tres ocasiones. El padre pegó un puñetazo al cristal. Sabes que lo tienes que parar, pero a la vez lo tienes que dejar... Es muy complicado”.

Es más. En ocasiones, este tipo de situaciones también dejan secuelas en los agentes en el largo plazo. Pueden incluso cambiar una relación personal. “Cuando te ha tocado comunicar que una persona ha fallecido, después, sus familiares asocian la mala noticia contigo. A un compañero le tocó notificar que había fallecido un vecino de su pueblo que trabajaba como camionero. La muerte se produjo por causas naturales. Por una cuestión de tiempo le telefoneé y le pedí, que dada su cercanía, si no le importaba notificarlo a él. Ahora, según cuenta mi compañero, cada vez que coincide con esas personas, ya no le miran como antes”.

La casuística con la que se encuentran los agentes de la Policía Foral es muy variada. En ocasiones, los familiares ya saben que ha habido un accidente mortal con un ser querido implicado. “Más de una vez la familia ya se encuentra en el lugar. En esas ocasiones necesitas un interlocutor válido. Aparte de la labor de notificar también está la labor policial. Trabajamos para un juzgado. Tienes que hacer una investigación para la que necesitas información. Nuestra labor no es asistir. Lo hacemos sin poner ningún problema. Es una parte importante. Las escenas de dolor van a más y ves que para poder trabajar, tienes que quedarte con solo una persona”, relata el comisario de tráfico de Policía Foral. “Siempre intentamos hacerlo de la mejor manera posible”.

“Después de dar una noticia así, necesitas desahogarte”

 

La tarde del 14 de mayo de 1994 fue muy gris. Un tremendo aguacero cayó en la Zona Media. Ese día de hace 24 años, un joven agente de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Navarra, hoy en día sargento, le tocaba trabajar. Jamás se le olvidará ese turno. Siete personas murieron en el Carrascal, en la N-121, al chocar de manera frontal un autobús de pasajeros contra un camión que hizo la tijera. Otros 31 pasajeros resultaron heridos.

Siete años más tarde, en 2001, la Guardia Civil creó un procedimiento para notificar el fallecimiento de víctimas en accidente de tráfico. El objetivo, intentar minimizar el impacto de este tipo de noticias. Es más. En la formación específica de los agentes de la Guardia Civil ensayan cómo actuarían si fuera necesario: “Siempre que puedas hay que hacerlo de manera presencial. Para eso, la central desplazaría a una patrulla o a un equipo de atestados al domicilio de referencia que aparece en la documentación. Si no se puede hacer de manera presencial, porque los familiares viven en otro lugar, se haría de forma telefónica. En las ocasiones en las que solo tienes una dirección de correo electrónico o te ha saltado el contestador, no se comunica el fallecimiento. Explicas que ha habido un problema grave y pides que se pongan en contacto con la unidad. No sabes quién va a recibir esa notificación”, cuenta el sargento de la Agrupación de Tráfico quien explica que siempre, bien de manera presencial o de manera telefónica, hay que tener en cuenta las circunstancias de la persona que va a recibir la noticia.

“Cuando hablas por teléfono lo primero que intentas es saber con quién estás hablando. Si son menores, ancianos, mujeres embarazadas... En este tipo de casos no les damos la noticia por el shock que puede producir. Incluso el propio procedimiento establece que no se debe notificar a personas que estén a cargo de menores. Puede que se quieran ir y no pueden dejar a los menores solos, lo que produce un mayor nerviosismo”.

Cuando los agentes de la Guardia Civil de Tráfico tienen enfrente al familiar al que han de comunicarle un fallecimiento, intentan hacerlo de la manera más clara posible. “Hay que intentar empatizar y comunicarlo de la manera menos lesiva. Lo haces de una manera clara y comprensible. Relatas de manera breve qué ha ocurrido. Si la persona se encuentra sola, nos quedamos con ella hasta que llega un familiar. En el momento en que comunicas la muerte de un hijo, un hermano o un padre, las reacciones son muy distintas. Desde que te digan que es imposible, hasta a veces, ir contra ti. Intentamos estar ahí, calmar, respetar los silencios de la persona para que lo asimile”.

Lo que nunca cambia cuando el trabajo obliga a comunicar un fallecimiento, es la carga emocional para la persona que notifica el suceso. “El protocolo dice que has de hablarlo con tus compañeros. Explicarles cómo ha sido, cómo ha reaccionado, y qué has hecho. Ojalá nunca diéramos estas noticias”.

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