Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
VALLE DEL RONCAL

700 ovejas muertas o desaparecidas en los 12 años del oso en el valle de Roncal

Aquejado por una enfermedad que corroía su piel, el rastro de ‘camille’ se perdió en 2010. Hasta confirmarse su desaparición en medio de un mar de dudas, fue espanto y quebradero de cabeza de ganaderos en el valle de Roncal. Hoy hace 20 años un pastor de Uztárroz denunció su primer ataque.

En una imagen de 2009 captada para el Gobierno de Aragón,  'Camille' da cuenta de un jabalí sobre un manto nevado.

En una imagen de 2009 captada para el Gobierno de Aragón, 'Camille' da cuenta de un jabalí sobre un manto nevado.

DN
Actualizada 04/05/2018 a las 10:07

Como de costumbre en épocas de mayor sosiego en su afanosa y volcada vida de pastor, Francisco Javier Marco Induráin tomó la senda de Akatanburu para comprobar el estado de su rebaño. La noche anterior había dejado sus 300 ovejas donde se alzaba una borda, cuya ubicación adivina en la lontananza desde su actual explotación en Ziegia, al pie del portillo de Muridoia, en Uztárroz. Su intuición de buen pastor, labrada desde la niñez, le hizo sospechar de algo extraño cuando no de un mal de una alimaña que con la razón y el deseo quería negar. “Si no estás acostumbrado, impresiona mucho”, rememora con cierta vacilación en su memoria por las dos décadas transcurridas de un ataque tan inesperado como impactante. Nunca antes había visto cosa igual. Siete ovinos muertos y cuerpos descarnados con heridas abiertas dibujaron un panorama desolador. Sucedió un día como hoy.


Aunque el paso del tiempo nuble ligeramente su memoria en un día despejado a 1.100 metros de altitud y se haya valido de recortes de prensa para refrescarla, no olvida su primera reacción. “Bajé a todo correr al pueblo a buscar a mi hermano y a gente. Creía que habían sido perros sueltos. Sabía que tarde o temprano volverían”, rememora.


La respuesta acalorada, hasta cierto punto comprensible por el celo en el cuidado de su rebaño, cedió con una llamada a la sensatez de su hermano, Conrado. “Hay que denunciarlo”, recibió por consejo. La puesta en conocimiento al Gobierno de Navarra inició el protocolo de actuación, con la presencia de los guardas de Medio Ambiente. Para sorpresa suya, una rápida inspección ocular, con restos esparcidos, deshizo sus elucubraciones y confirmó el diagnóstico: “Ha sido un oso”.


A partir de ese instante, la cuestión fue adivinar el paradero del plantígrado en medio de una inquietud que comenzó a extenderse por el valle de Roncal como el tapiz verde que envuelve sus laderas de postal. Difícil de comprobar, sin la pertinente denuncia como la que tramitó Francisco Javier Marco, puede que para entonces hubiese trascendido el rumor de una presencia anómala y dañina en el valle.


El temor por el acecho de una alimaña alteró el descanso de los pastores, tempranos -como hizo Marco- a resguardar por las noches su rebaño.


La aparente tranquilidad de 16 años sin rastro de oso se tornó en desazón. El último ataque, registrado por el Gobierno foral, databa de 1982, cuando murieron dos ovejas de un pastor de Burgui en Lakartxela (Belagua).

 

Población de osos en el Pirineo.


Desde entonces la aparición del oso - “que no conoce fronteras” en su libre movimiento por la vertientes pirenaicas- no había dados motivos para la preocupación. En abril de 1998, Francisco Javier Marco regresó mentalmente a sus primeros años de acarreo con el rebaño en los que testimonió el disgusto de un pastor. “Había llovido y el oso había dejado sus huellas. Aquel hombre siguió su rastro senda a senda”, recuerda Marco. El depredador logró zafarse de la persecución. Hace dos décadas, cuando se vio en iguales circunstancias de aquel pastor no olvidado, las averiguaciones condujeron a señalar al sospechoso de sus desvelos. Su nombre, Camille, un oso autóctono del Pirineo nacido presumiblemente en 1983 en el entorno de los valles de Aspe y Ossau, cerca de las estaciones de esquí de Candanchú y Astún. La pérdida de su rastro en 2010 fue lamentada por sectores ecologistas por su valor en la conservación de una raza apegada a los Pirineos. Por el recuento de fechorías dejó su impronta en el valle de Roncal. El recuento de ataques de oso entre 1998 y 2010 dejó una estela preocupante de 700 ovejas muertas o desaparecidas. La estadística, desvelada entonces por el Gobierno foral, incluye a Camille y Neré, un ejemplar fruto de la introducción del oso pardo en el Pirineo Occidental.


En esos doce años de alerta justificada, Francisco Javier Marco dice que padeció al menos en otras dos ocasiones la presencia intimidatoria del plantígrado. En una de ellas pudo “documentar” -como apunta- su asechanza a sus rebaño por la merma que acusó. Aunque convencido de su implicación, no consiguió reunir las pruebas suficientes que verificasen en la segunda la pérdida de “doce o quince” ejemplares, porque simple y llanamente “desaparecieron”. “Estoy convencido de que fue el oso, pero...”. Hubo compensaciones por pérdidas y un sistema diferenciado de indemnizaciones por zonas dentro del valle de Roncal, variables en función de su mayor o menor exposición a los dominios del oso cuando había seguridad de su presencia. Uztárroz curiosamente no se encontraba dentro del área de mayor afección.


Hoy la principal inquietud para los pastores procede de los buitres y del zorro que, en época de partos, merodean las explotaciones y prados guiados por su instinto de supervivencia.


A la insinuación proveniente de la vertiente francesa de introducir osas en el Pirineo Occidental, Francisco Javier Marco reacciona con pesar. Por la experiencia sufrida dice que “no quiere ver ni en pintura al oso” y que más allá de las compensaciones de las administraciones “lo que no tiene precio es la tranquilidad” con la que un pastor vive sin su rastro. Más allá de “los disgustos” que le proporcionó Camille, se permite la licencia de sonreír con el recuerdo de las tiras de Oroz inspiradas en el animal, elevado a leyenda en el recuerdo colectivo. La conservación de la especie anima a ecologistas a velar y reclamar a la Administración de ambos lados de la fronteras estrategias y buenas prácticas. Camille desapareció vencido por el imponderable de la edad. La noche de “un 15 de junio” su silueta se cruzó con la del pastor de Uztárroz. Fue fugaz y también inolvidable.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Solo 0,27€ al día (Suscripción Anual)
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra