Irantzu Abad Aznárez, afectada por una negligencia médica

“Necesito nuevas prótesis pero el Gobierno de Navarra no me paga la indemnización”

Salud debe abonarle 250.000 euros por una negligencia médica por la que sufrió la amputación de una pierna y graves secuelas en la otra. Pero mientras la sentencia no sea firme el Gobierno de Navarra se niega a pagarle

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“Necesito nuevas prótesis pero el Gobierno no me paga la indemnización”José Carlos Cordovilla
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Rubén Elizari

Actualizado el 02/12/2017 a las 11:30

Sus piernas, esas mismas que tantas veces habían corrido de base a base con su equipo de béisbol, el Arga de Burlada, habían saltado para hacerse con un rebote en cualquiera de los partidos de baloncesto o habían chutado a portería, eran incapaces de avanzar un metro más allá de su cama. “Era como si tuviera un clavo hasta la cadera que impedía que me moviera”, relata la pamplonesa Irantzu Abad Aznárez, que en aquel momento, en diciembre de 2008, era una adolescente de 14 años. Asustada, y llorando, lo primero que hizo fue avisar a la educadora del piso de Nuevo Futuro donde estaba residiendo por circunstancias familiares. Le respondieron que no fuera exagerada. Pero lo peor llegó cuando se remangó las perneras de su pantalón de pijama. “Vi algo parecido a unos moratones por toda la pierna”, relata, ahora con 23. “Dije que llamaran a mi madre. Ella, les respondió que pidieran inmediatamente una ambulancia y me llevaran a urgencias”. Después, vinieron recuerdos y sonidos confusos, convulsiones, tubos, pinchazos, el paso por el quirófano donde tuvieron que amputarle una pierna y el ingreso en la UCI con la incógnita de si sobreviría. El diagnóstico: shock séptico meningocócico.

La tarde anterior, cuando fue al servicio de urgencias del centro de Salud San Martín acompañada por su tía, el diagnóstico que le dio una doctora sin tan siquiera auscultarla fue “proceso gripal”. Así regresó al piso de Servicios Sociales del Gobierno de Navarra. Su tía se despidió pidiendo a la responsable del piso que si empeoraba, le llamasen. Durante esa noche, pese a la fiebre superior a los 40 grados, el malestar general o la rigidez del cuello que ya le habían explicado en el servicio de urgencias del ambulatorio San Martín, ningún médico la examinó. Irantzu Abad, que ahora estudia el primer curso de Administración y Finanzas en Ana María Sanz, ya ha perdido la cuenta del número de veces que ha tenido que pasar por el quirófano. “Ahora cuando veo a alguien correr siento impotencia”, dice. Entre medias de cada intervención, un calvario personal que le hizo perder amistades e ilusión. En su brazo izquierdo, para ocultar las cicatrices que le dejó la meningitis, esta joven lleva tatuado una mandala, diseñada por ella misma, y el símbolo de infinito para recordarle que nada es eterno y que ha de aprovechar el presente. “En una época complicada me refugié en el dibujo. Me ayudaba a desconectar y evadirme”, cuenta esta superviviente que nunca se ha rendido, que ha aprendido a aceptarse, convivir con el dolor, las prótesis y superar los comentarios, bromas y mofas que le hacían sus compañeros de instituto.

En julio de este año, y gracias a un abogado, Jesús Alfaro Lecumberri, que llevó su caso a los tribunales de manera altruista, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de Pamplona le dio la razón. El Servicio Navarro de Salud cometió una negligencia por la que deberá pagar 250.000 euros. En su sentencia el magistrado argumentó que “no se exige a la Administración sanitaria un acierto en el diagnóstico y en el tratamiento, sino una aportación de medios sanitarios adecuados para ello”, algo que la sentencia considera probado que no ocurrió. El Gobierno de Navarra, que ha recurrido la sentencia, se niega ahora a pagarle salvo que deposite un aval por la misma cantidad. El recurso de apelación que ha presentado contra la sentencia se basa en señalar que la reclamación que hizo Irantzu Abad estaba fuera de plazo.


Cuando sufrió el shock meningocócico tenía 14 años, ¿entonces se planteaba que podía haber habido una negligencia?

A esa edad era una niña. No sabes lo que está bien y lo que está mal. Estaba bajo la tutela de Servicios Sociales, que eran quienes debían haber denunciado al departamento de Salud. Mi madre preguntó, pero le dijeron que lo mejor era no hacer nada. Aún recuerdo que el día que ocurrió todo, cuando estaba en la cama con mucha fiebre, una educadora entró al piso y habló de casos de meningitis en Pamplona. En aquella época hubo un brote. Le dio una pastilla a todos los que estaban en el piso, menos a mí, que estaba en la cama. Además, mi familia no tenía recursos económicos para pagar todo lo que supone un juicio.

Cuando la Justicia le dio la razón, y condenó a Salud a pagar una indemnización ¿fue un alivio?

Sí. Me iba a poder comprar una prótesis para dejar de estar así. Y aparte, porque se reconoce que ha habido un error. Pensaba que ese reconocimiento no iba a llegar nunca. Cuando llegó el auto judicial diciendo que no se me iba a indemnizar... me hundí del todo. Mi familia no tiene recursos. Mi madre, cuando ocurrió todo esto, tenía un trabajo fijo, pero se dedicó a cuidarme. Por eso, lo perdió. Y mi padre, que era albañil, con un trabajo fijo, también lo perdió. Necesito el dinero para una prótesis.

¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le denegaron la indemnización?

Me preguntaba que por qué si se había reconocido, y era, además, algo que necesitaba para costear una prótesis, no me lo pagaban. Las prótesis no las subvencionan. Las que llevo ahora no encajan bien con el hueso, me molestan, me hacen daño. Cada una, junto con el mantenimiento y los ajustes permanentes que requieren, cuesta 12.000 euros. Eso sin hablar de las fundas de silicona. Cada una cuesta 700 euros y se rompen con mucha facilidad. Mi madre ha llegado a cosérmelas con hilo, pero por la flexión de la rodilla, el hilo me rasgaba también la pierna.

A la doctora que la atendió en el ambulatorio Doctor San Martín, ¿qué le diría si la tuviera delante?

Me gustaría tenerla enfrente para que viera cómo estoy. No me gustaría que a nadie le pasara todo lo que he tenido que vivir yo hasta ahora. Me hubiera gustado que le hubieran cesado de su profesión. Es médico, ha estudiado para eso, confías en que va a hacer su trabajo. Además, se habían producido varios casos en Pamplona. Me preguntó qué me diría ella.

¿Le gustaría que le pidiera perdón?

Más que perdón que reconociera lo que ha hecho y que me dijera que se equivocó.

También se ha reunido con los políticos, ¿con qué respuestas se ha encontrado?

Todos nos han atendido menos Miguel Laparra, que ni tan siquiera quiso recibirnos, no permitió que dejáramos la documentación. Ningún político ha hecho nada. Saben que mi situación es apremiante para hacerme la prótesis.

¿Cómo es tu día a día?

Se aprende a vivir con ello. Para levantarme me tengo que sentarme, poner la pierna... Tengo dificultad para andar, para subir escaleras, no puedo saltar, no puedo correr... No puedo hacer las mismas cosas que hacen los demás. Las heridas son por la prótesis. Es verdad que todas las personas que usan prótesis tienen heridas, pero cuando una prótesis no te encaja bien, sufres. Constantemente te pega con el hueso. Estás en clase incómoda, se duermen la piernas y no estás centrada. Mi sufrimiento es continuo.

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