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Rosa Jové: "Si los niños son valorados en la escuela, irán más felices"

Del ‘don’ de cada alumno, la ideología del centro, los patios, los deberes escolares... De todo esto habla Rosa Jové en su último libro ‘La escuela más feliz’.

Rosa Jové, catalana de 57 años, tiene dos citas en Pamplona: hablará sobre altas capacidades y la resolución de rabietas y conflictos.

Rosa Jové, catalana de 57 años, tiene dos citas en Pamplona: hablará sobre altas capacidades y la resolución de rabietas y conflictos.

DIARIO DE NAVARRA
Actualizada 03/11/2017 a las 09:45

La escuela no es ‘el lugar más feliz’ para los niños. A los llantos de los escolares de Infantil el primer día de colegio, se suman los conflictos con los compañeros en el patio o los castigos en el pasillo por hablar más de la cuenta de los alumnos de Primaria y ESO. O por lo menos así lo cree la psicopedagoga y psicóloga infantil Rosa Jové, que recoge estas nociones en su último libro La escuela más feliz. Ideas para descubrir el don de cada niño y estimular su educación’ (La esfera de los libros). “Mientras tengamos un batallón de párvulos que entre llorando en la escuela todos los meses de septiembre, no podemos decir que se trate del sitio más feliz”, se ríe. Y añade que, si a un niño se le pregunta si quiere ir al colegio o quedarse en casa, no dudará en decantarse por la segunda opción. Contraria a los castigos y partidaria de la crianza ‘con apego’, esta catalana (nacida en Lérida hace 57 años) ofrecerá mañana dos conferencias en Pamplona. Por la mañana hablará sobre los alumnos con altas capacidades, en una jornada organizada por ANAC (Asociación Navarra de Altas Capacidades) en el colegio Luis Amigó. Y por la tarde, pronunciará la conferencia ‘Ni rabietas ni conflictos’ en Diario de Navarra (18 horas, entradas agotadas) en la calle Zapatería 49, dentro del ciclo Expofamily, mes a mes. Esta iniciativa, impulsada por el periódico, busca ser un foco de encuentro para las familias. En octubre participó la médico Irina Matveikova (autora de La inteligencia digestiva) y en diciembre intervendrá Joseph K. Freud (nieto del padre del psicoanálisis, que hablará sobre la adolescencia). Jové, casada y madre de dos hijos de 20 y 18 años, es autora de best-seller, como Dormir sin lágrimas, Ni rabietas ni conflictos o La crianza feliz.

¿Cómo podría ser más feliz un niño en la escuela?

Lo más importante es que se sienta valorado. Cada persona tenemos un ‘don’ que hay que descubrir. A un alumno se le pueden dar mal las matemáticas pero ser muy bueno jugando al fútbol o tener una voz muy bonita, por lo que le eligen para hacer los solos en el coro del colegio. Cuando el niño ve que los maestros y sus compañeros valoran lo que sabe hacer, irá al colegio más feliz. ¡Lo mismo que nos pasa a los adultos en el trabajo! Si valoran lo que hacemos, vamos más contentos.

Otra de las sugerencias que ofrece para que la escuela sea un lugar más feliz es la coherencia entre su ideología y los métodos que utiliza. ¿A qué se refiere?

Pues que no podemos ser una escuela que busque formar a grandes líderes y oradores, ofrezca solo clases magistrales y no permita que los alumnos hablen. O, si por ejemplo, somos una escuela en la que trabajamos por proyectos, no podemos castigar a los niños por hablar o por ir a la biblioteca a buscar información. No hay que empezar la casa por el tejado. Primero, habrá que saber cuál es nuestra ideología, lo que queremos lograr; y solo después, utilizar unos u otros métodos.

En un capítulo del libro habla sobre los espacios de la escuela (patio, comedor, aulas...) ¿A qué conclusión llega? Porque ahí es donde los niños pasan la mayor parte de su vida diaria...

Me he fijado en que en los patios de recreo hay una marcada discriminación entre niños y niñas. Los niños utilizan la parte central (juegan al fútbol, corren...) y las niñas, los laterales. ¿Que si puede ser por el tipo de juegos? No, porque en los colegios en los que solo hay niñas usan la parte central. Los patios son también un lugar conflictivo, donde hay más peleas, porque deberían estar un poquito más vigilados.

¿Y qué pasa con los comedores, las aulas, los baños...?

Que también hay discriminación. Muchos profesores se quedan a comer en el colegio pero en otro espacio al de los alumnos porque les resulta “ruidoso” o “con mal olor”. Lo mismo ocurre con los baños. Usan otros. En verano, las aulas de 25 alumnos están a 40 grados. ¡Y los despachos de las consejerías de educación tienen aire acondicionado!

Además de los espacios, también habla de los tiempos escolares. ¿Qué le parecen?

Pues que muchas veces se pierde el tiempo. Convocan a los padres a reuniones (para las que tienen que salir del trabajo) para decir que la profesora de Matemáticas se llama Juanita (algo de lo que ya nos enteraremos) o que los niños tienen que copiar los enunciados. ¡Seamos más racionales!

Respecto de los tiempos, también habla de los deberes...

Creo que no sirven para nada y que no hacen falta. El tiempo de familia es tiempo de familia y el de escuela, de escuela. ¿Por qué el colegio tiene que decidir si mi hijo puede o no ir a la cumpleaños de su abuela por tener deberes?

En el libro, incluye las voces de expertos sobre otras corrientes educativas. ¿Van a más?

Sí, porque los padres se han dado cuenta de que la educación necesita una mano de chapa y pintura. El homeschooling (educación en casa) está en auge y no es nada nuevo. El siglo pasado y el anterior, las clases pudientes estudiaban con un tutor. No en la escuela.

 

Dar la razón a los niños y ofrecerles una solución, para evitar conflictos

Rosa Jové escribió su libro ‘Ni rabietas ni conflictos’ para aconsejar a los padres cómo deben evitar estar en guerra permanente en sus casas. Y de este tema hablará también en la charla que impartirá mañana por la tarde (18 horas) en Diario de Navarra (calle Zapatería, 49). “¿Que lo resuma? ¡Si dediqué 300 páginas en mi libro!”, se ríe. Pero lo intenta y divide a los niños en tres franjas de edad: hasta los 2 años, a partir de los 3-4 años y los adolescentes. En el primer caso, apunta, los niños no tienen un lenguaje parecido a los adultos (“’mamá, pis’ no es hablar”) por lo que, lo mejor es distraerles e intentar solucionar el problema. “Si cuando pasamos delante de un kiosko, el niño se tira al suelo porque quiere chucherías, lo mejor será buscar otro itinerario”. A partir de los 3-4 años, añade, cuando ya manejan el idioma, razonan y tienen memoria, aconseja “darles siempre la razón y luego buscar una solución”. “Si el niño quiere un cuchillo, le diremos que entendemos que, claro, es normal que le guste pero que no se lo podemos dejar porque se corta y le podemos dar uno menos afilado”. Con los adolescentes, insiste, la estrategia es la misma, pero dejando que sean ellos quienes busquen la solución.

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