LA DIÁSPORA
Un navarro, en el equipo que construye una autopista en Omán
Un espacio para recoger las vivencias de los navarros que trabajan y estudian repartidos por el mundo, y conocer con ellos los nuevos paisajes de sus vidas


Actualizado el 06/10/2017 a las 09:46
Fue a finales de 2014 cuando el ingeniero lerinés Daniel Suescun recibió una llamada de la constructora española Ferrovial para incorporarse a una obra que habían iniciado en el sultanato de Omán, en el Golfo Pérsico. En concreto, la construcción del principal tramo de la autopista que conectará la capital del país, Mascate, con los Emiratos Árabes Unidos. “Acepté sin pensármelo, dada la situación laboral en el sector”. Llegó en marzo de 2015. “El primer día pensé: ‘Mañana me voy’. Pero a los pocos días ya te vas haciendo, el entorno no te parece tan raro y al final te acostumbras. Además, el hecho de no ser el único en esa situación al principio ayuda mucho”, cuenta. Ya han pasado dos años y medio desde su llegada a Sohar, la antigua capital del país, una ciudad portuaria y de refinerías, que está ligada al mítico personaje de Simbad el Marino.
La autopista en la que trabaja Suescun, de 41 kilómetros, discurre por la costa norte de Omán y contará con ocho carriles de circulación. Respecto a la labor que desempeña, se ha ocupado fundamentalmente del control de calidad en la ejecución de estructuras y también de las aprobaciones de proveedores y materiales para el proyecto. “Al principio me tocaba estar más en la obra, en los hormigonados de puentes o vigas. Ahora que ya están levantados estoy más en la oficina, centrado en los temas de documentación y aprobaciones”, detalla.
Su jornada comienza en torno a las 8.00 horas, pero la hora de salida depende de cómo transcurra el día. “Cuando la obra estaba a pleno rendimiento, la jornada se podía alargar hasta las diez u once de la noche”. Ahora que ya están finalizando el proyecto, -está previsto que concluya a principios del año que viene-, sale de trabajar a las siete de la tarde.
Casi la mitad de la población del país está formada por extranjeros y lo habitual es que los occidentales ocupen los puestos de dirección en las empresas privadas. “Las más frecuentes son las constructoras grandes, como en la que estoy yo, y las de explotación de refinerías y demás temas relacionados con el petróleo”, detalla Suescun.
En su tiempo de ocio acude al gimnasio de la urbanización donde vive. “Después me hago la cena y aprovecho para hablar con la familia o algún amigo, y si no, veo una serie o leo un poco. Entre semana no me gusta salir de la rutina, se me pasa más rápido así”.
Actualmente comparte un apartamento con dos compañeros de trabajo. “Aquí los lugares de residencia para expatriados se llaman compounds”, precisa. Los fines de semana acude a barbacoas o paellas con compañeros de trabajo y también quedan para ir a la piscina, “que aquí está disponible todo el año”.
Sobre su vida en Sohar, señala que la ciudad no cuenta con interés turístico. “Tienes que coger el coche para todo. Hay un par de hoteles con bar y música en directo que sirven alcohol, a precio de oro, lógicamente”. Al menos una vez al mes aprovecha para hacer una escapada a ciudades como Dubai, Abu Dhabi o la capital omaní, Mascate, algo que le permite “cambiar un poco de aires”.
Sobre su estancia en el país, destaca que los omaníes son muy agradables. “Es gente muy tranquila, muy amable y que te trata siempre de manera muy respetuosa. Además en cuanto les dices que eres español o te ven el pasaporte ya sacan el tema del fútbol, Madrid-Barça y demás. Sin embargo, es muy difícil llegar a entablar una amistad más allá del saludo y tres o cuatro bromas, porque la diferencia cultural es muy grande y al final para entendernos utilizamos el inglés, un idioma que ninguno manejamos al 100%”, constata.