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Entrevista
Alfonso Carlosena, rector de la UPNA

“Si se quiere, implantar estudios de Medicina sería factible para el curso 2019-20”

El navarro de San Martín de Unx enamorado de la montaña, el joven que enseñó a la primera promoción de ‘telecos’ o el investigador que trata de llevar la ciencia más allá conforman a Alfonso Carlosena. En la mitad de su mandato, él, para quien ser rector no entraba como un paso de su carrera, analiza el momento actual de la UPNA, la institución que cumple 30 años y que ha visto crecer. Se ‘moja’ en dibujar la Universidad que quiere, en lo que necesita y da fechas.

Entrevista a Alfonso Carlosena, rector de la UPNA
Entrevista a Alfonso Carlosena, rector de la UPNA

“Quiero a la UPNA. Para mí esto no es un trabajo, es mi vida”, afirma.

Alfonso Carlosena García, rector de la UPNA, en la mesa de reuniones de su equipo de Gobierno. Dice que ahí no suele haber discusiones pero sí horas de intenso trabajo.

Carlosena, en la mesa de reuniones de su equipo de Gobierno. Dice que ahí no suele haber discusiones pero sí horas de intenso trabajo.

Actualizada 06/10/2017 a las 09:49
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Ocurrió el 1 de octubre. Tal día como hoy pero de hace un cuarto de siglo. Con los 30 años recién estrenados aquel verano, un joven delgado entra por la puerta del Aulario de Arrosadia en la clase de 1º de Ingeniería de Telecomunicaciones. Como el resto de personas en la sala, forma parte de la primera promoción de Telecos de la UPNA. Pero, aunque podía pasar por uno más de los estudiantes, el navarro no es un alumno. Sino el profesor. Alfonso Carlosena García (San Martín de Unx, 1962) se incorporó a la UPNA como docente titular en 1992, primero como interino y después como funcionario. Hoy, exactamente 25 años después, luce en su muñeca el reloj que se regala a los que cumplen las bodas de plata en la Universidad. Lo recibió de Manuel Rapún, su vicerrector, en el acto oficial de apertura de curso del pasado día 8. Y pronunció su nombre él mismo. No en vano, esa es tarea del rector. El máximo dirigente de la UPNA, con el umbral de la mitad de su mandato ya cruzado, analiza el devenir, pasado, presente y futuro de un campus que mañana comenzará a celebrar su 30 aniversario.

¿Decir Carlosena es decir UPNA? Ha compartido el 83% de vida de la Universidad...

No es que lleve 25 años aquí, es que el otro día me di cuenta de que 10 de ellos han sido en Rectorado, 40% de mi servicio dedicado a la gestión. Pero siempre se nos encuadra como universidad joven, porque tenemos menos de 50 años, y esa etiqueta ya debemos abandonarla y evitar que sea una excusa para no hacer lo mucho que podemos hacer.

Decía Gardel que 20 años no son nada. En su caso, 25. ¿Cómo ha visto crecer a la UPNA?

A veces es más fácil ver los cambios desde fuera, pero es evidente que esta Universidad ha cambiado de forma radical desde la perspectiva docente, sobre todo a raíz de la entrada del Espacio Europeo de Educación Superior. Tenemos un control mucho mayor de la calidad en lo que hacemos. En la investigación siempre habíamos estado sometidos a controles internos y externos. Hemos avanzado muchísimo y el 30 aniversario ha coincidido con una época muy buena.

¿Tiene la sensación de que es una misma UPNA?¿Mantiene la esencia de aquel 1987?

La UPNA ha cambiado. La creación del campus de Tudela fue el elemento diferenciador con lo que había. Pero es que la universidad española en general también ha cambiado. Tenemos mucho más clara nuestra vocación de servicio social. Tenemos que ser un elemento clave para el desarrollo regional de Navarra y eso lo hemos interiorizado. En aquel momento eso no estaba tan claro.

¿Se imaginó alguna vez ese 1992 que llegaría a estar sentado en la silla del rector?

Honestamente, no. Vine aquí con una ingenuidad terrible. Llegaba de una universidad más grande (Zaragoza), donde al rector se le veía aún más lejos. Lo dije cuando tomé posesión: esto no era un paso en mi carrera académica, no entraba en mis aspiraciones. Soñaba con ser un buen investigador, un buen profesor. Lo que ha ocurrido es que me tocó pronto contribuir en labores de gestión gracias a Julio Lafuente. Él me encomendó primero dirigir la oficina de transferencia de resultados de investigación y después 8 años de vicerrector de investigación. Surgió.

Todos los años Educación tiene que nombrar a dedo a los directores de la mayoría de colegios e institutos públicos porque dicen que dirigir un ente académico no compensa. ¿Compensa ser rector?

Si no compensara no estaría aquí. Entendí que con mi experiencia podía contribuir a hacer una universidad mucho mejor y en eso estoy. Quiero a esta institución. Es mi vida. Para mí esto no es un trabajo, sino parte de mí. Evidentemente no es una labor fácil. La administración de una universidad es muy compleja, hay que trabajar mucho dentro y fuera y hay momentos muy malos.

¿Qué es lo más difícil que se ha encontrado? Su momento más duro.

No me he encontrado demasiadas sorpresas, ya venía de la primera línea. Pero no es lo mismo sufrir las cosas como vicerrector que como el primer eslabón de la cadena. El momento más crítico, por lo desagradable y lo duro de la situación, fue cuando los estudiantes nos impidieron entrar en el consejo de Gobierno y tuve que llamar a la policía. Esa decisión no la compartió todo el mundo.

¿Dudó en hacer esa llamada? La entrada de Policía Foral en el campus y las detenciones de estudiantes sentaron mal en el Gobierno.

Lo tenía claro. Una cosa es que los alumnos se encierren en un aula como motivo de protesta y otra que se impida la reunión de un órgano de gobierno. Si hubiéramos cedido a eso en la siguiente reunión habría ocurrido de nuevo y no hubiéramos salido del impás.

En su primera entrevista como rector dijo que su mandato sería por cuatro años. Ya ha pasado más de la mitad. ¿Lo mantiene?

No me planteo lo que voy a hacer dentro de año y medio. Tengo claro que los proyectos que planteé eran para 4 años. Estos días hemos tenido reunión del consejo de dirección para analizar lo que venimos haciendo y nuestro proyecto electoral se ha cumplido en gran medida. Lo hecho puede gustar más o menos, pero desde el primer día puse el acelerador para terminar la hoja de ruta.

Sus inicios en los 90 fueron años de andamios en la Universidad. ¿Volveremos a ver grúas construyendo más UPNA?
Sí, sin duda. Ahora es absolutamente necesario. Tenemos que terminar el Aulario, que todavía queda una pequeña parte de obras por acometer. Sería en 2018. Y en el 2019-20 se acometerían las obras de reforma de El Sario. Con las nuevas titulaciones harán falta más cosas y vendrán después.

¿Se ha enterrado ya la época de recortes?

Según se mire. Es curioso. Por un lado estamos lejos de llegar a la situación económica que teníamos hace 10 años pero, por otro, y como efecto positivo de la crisis, hemos conseguido tener una estructura más eficiente de universidad. Con menos recursos que hace 10 años podemos hacer más cosas.

¿Qué ha sido lo más duro de los años de contención de gastos, con presupuestos hasta 12 millones de euros inferiores? ¿El personal que se quedó por el camino?

Primero el parón evidente en infraestructuras, y no en las nuevas, sino en el mantenimiento y la renovación de equipos de investigación. Y por el lado del personal las tasas de reposición nos han impedido hacer convocatorias de profesorado. Las dos cosas se han abierto y hay cierto optimismo.

Parece que no le ha pasado factura ser una de las caras visibles de esos recortes...

La comunidad universitaria entendió cuál era el problema y que la razón de no poder acometer proyectos no era del equipo rectoral. No se me ha penalizado y sí valorado la labor que hicimos en el vicerrectorado.

En su primer discurso le dijo a la presidenta Barkos que no quería que la UPNA fuese una línea más en los Presupuestos Generales. Que el dinero que recibieran lo iban a revertir con creces. ¿Se ve con el convenio de financiación plurianual firmado y en la mano?
Ya está acordado. Cuando se conozca en detalle se verá toda la contribución de la UPNA, que no es sólo impartir grados. Ahí se reconoce y valora todo lo que hacemos.

¿Hay fecha de firma?

Tiene que pasar el trámite de la aprobación del Consejo de Gobierno del Ejecutivo.

¿Y por qué ha sido tan difícil? Absolutamente todos los partidos políticos coincidían en su necesidad pero llevan años detrás de él...

Es complicado por una cuestión de fondo: es un compromiso. El que financia se compromete a poner dinero para unos años y el que recibe la financiación lo acepta. Ninguna de las dos partes se puede pillar los dedos por exceso o por defecto. Esa tensión está ahí. Luego tampoco hay mucha experiencia en convenios plurianuales de este tipo, por lo que técnicamente también tenía su miga. Y el propio hecho de que en Educación hubiera cambios (ceses de consejero y directores generales) también supuso un parón.

¿Y qué supondría para la UPNA no tener que estar mirando cada 9 meses cada euro que debían regatear al Gobierno foral?

De forma inmediata libera muchísimo de esa negociación anual, en la que la conyuntura económica constriñe. Por otro, sabiendo la perspectiva económica que tienes en tres años, puedes planificar mejor la política de profesorado, nuevas estructuras, nuevos grados... da más seguridad.

Imagine que todos los trabajadores compran el décimo premiado del Gordo de Navidad y lo ceden a la UPNA. ¿Qué construiría?

Los elementos claves los tenemos en marcha. Tenemos clara nuestra oferta en investigación con nuestros institutos, las alianzas con IDISNA y Navarrabiomed ya están en marcha y hay otras que están por llegar. Si tuviéramos más apoyo empresarial podríamos hacer mucho más. Pero sobre todo nos faltan recursos humanos. Necesitaríamos muchos más trabajadores para impulsar la investigación que ya tenemos. Eso revertiría en una docencia de mucha mayor calidad. También nos gustaría tener por fin una sede en el centro de Pamplona, que parece que está encaminado (hay un acuerdo no formalizado con la Mancomunidad para compartir Salesas). Todo se resume en que si tuviéramos más dinero por encima de lo presupuestado, contrataríamos más personal para desarrollar lo que tenemos.

Ha mencionado los Institutos de Investigación, que nacieron y crecieron durante la crisis. ¿Son suficientes? ¿Crearán más? ¿Tendrán edificio propio o más laboratorios?

Hemos sido muy exigentes en los criterios para formar instituto y eso quiere decir que la UPNA nunca podrá tener un número muy elevado. Ahora son cuatro y podrán ser cinco o seis, pero no más. Los hicimos conscientemente en un momento en que la situación económica no era buena pero pensando que en el futuro sería mejor. Y eso es una de las fortalezas. Al nacer, los investigadores no se esperaban que fueran a tener más dinero, sino que era necesario hacer otra manera de investigación, unirse y lograr más masa crítica pluridisciplinar. Si podemos atraer ahora gente para esos institutos sería perfecto. Y me gustaría otro instituto de la rama de las Humanidades. Tenemos tres técnicos, ingenieriles, y otro de Economía. Se está trabajando en ello y no necesitaría tantos recursos de infraestructuras, sí de personal.

¿Están dando los frutos esperados en captación de fondos, patentes, spin-offs...?

Los institutos no nacieron de la nada, sino de gente que estaba trabajando en su campo y venían con una cartera de relaciones con empresas del entorno. La transferencia de la investigación en la UPNA, que ya de por sí es muy potente, se ha multiplicado.

¿Hablamos ya de la Facultad de Medicina?

Hablamos.

Tres cuestiones: en qué punto realista se está con ella en la UPNA, qué desea la UPNA y qué piensa el rector sobre implantar una Facultad de Medicina.

Siempre que hablan de Facultad de Medicina yo puntualizo: facultad de estudios de Medicina o grado de Medicina.

¿Cuál es la diferencia?

Ya hay una Facultad de Ciencias de la Salud, así que la facultad ya la tenemos. Mi visión, la del equipo de dirección y por tanto de la Universidad es que los estudios de Medicina serían buenos para la Comunidad foral. Y hay estudios que apoyan el punto de vista. Hay un equipo de trabajo entre diferentes departamentos del Gobierno y nosotros que emitirá un informe que permitirá adoptar una decisión definitiva. Los estudios de Medicina requieren una implicación muy fuerte del departamento de Educación, de Salud y del de Desarrollo Económico. Ellos son los que proveerán de los profesionales e infraestructuras que vamos a necesitar. Y es un grado que para su puesta en marcha requiere financiación. Por este lado, en el convenio de financiación plurianual tiene cabida, es suficientemente amplio para que pudiera entrar cualquier titulación que nos planteásemos, incluida Medicina.

¿Ve factible implantarla en su mandato?

Sí. Para el curso 2018-19, imposible, pero, si se quisiera, sí sería factible para el 2019-20.

¿En las instalaciones de Enfermería?

Medicina es un grado muy largo. Los primeros años no son tan médicos, sino básicos, y se podría arrancar aquí. Requeriría de un refuerzo de infraestructuras, pero no tendría que ser desde el primer día.

¿En qué espejos se miran?

Se han estudiado los modelos de las facultades de Medicina de la Universidad de Girona, la de Vic, Baleares, Albacete...

Medicina aparte, la UPNA está a un paso de la mayor renovación de títulos en muchos años: Biotecnología,Ciencias,Ingeniería Biomédica y Ciencias de Datos. ¿Son los grados necesarios o los posibles para Navarra?
El trabajo de ver las necesidades que hay detrás es muy serio. Tuvimos en cuenta tres vectores: demanda real de estudiantes de Bachillerato que vienen aquí, demanda empresarial-social y la propia estrategia de desarrollo de Navarra. Creo que las opciones que se han tomado son muy buenas y la gente de fuera nos dicen que hemos acertado.

¿Y no se les queda la espinita de las Humanidades? Los que había previstos -Historia y Patrimonio, Psicología, Relaciones Internacionales- se han aparcado.

Aparcados, no. Han ido a diferente ritmo. Conforme vayan resolviéndose se enviarán.

 

El juego de tumbar tópicos sobre la UPNA

 

Le propongo como juego derrumbar (o no) los prejuicios que puede tener la sociedad navarra con respecto a la UPNA. El primero: la UPNA nació con el PSN, es una universidad socialista...

En absoluto. Decir que es socialista o de otro signo se reflejaría en que hubiera mucha gente que entró en la Universidad desde el ámbito socialista. Más bien lo contrario, aquí hay de personas todo signo.

La UPNA es una universidad nacionalista...

Que mi mandato vaya paralelo con el cambio de Gobierno en Navarra es sólo una coincidencia. Las elecciones en la UPNA, por suerte, son previas a las de Gobierno y cuando salí elegido no sabía con quién me iba a encontrar. Mi obligación es llevarme bien con cualquiera. Con este Gobierno actual la relación es buena pero también hay discrepancia. La prueba es que hemos tardado dos años en firmar el convenio plurianual.

En la UPNA los abertzales campan a sus anchas...

Basta con mirar las hemerotecas para ver que las situaciones en las que eso ha ocurrido son marginales. Y si nos comparamos con universidades del País Vasco donde eso ha pasado, salimos tremendamente bien.

En la UPNA sólo estudian navarros...

Todas las universidades públicas españolas tienen muy poca movilidad nacional. Pero nuestro porcentaje es mayor que la media. Y si hablamos de extranjeros, creo que doblamos la media nacional de internacionales. Es una apuesta de la UPNA. Los itinerarios en inglés y los programas internacionales nos hacen atractivos a gente de otros países.

La UPNA y la UN se llevan muy mal...

En absoluto. Quizá entre la UPNA y la UN ha habido, institucionalmente, distanciamiento o no relación. Pero no es mala. Entre los investigadores la relación ha sido siempre absolutamente natural. Sí que es verdad que mi tocayo en la UN, el rector Alfonso Sánchez-Tabernero, y yo hemos puesto un interés especial en que se visualice la buena relación institucional. Estamos trabajando en ello porque creemos que tenemos muchas cosas que hacer juntos. Un ejemplo es el IDISNA. Durante años hubo disparidades y no quisimos entrar y ahora hemos llegado a un acuerdo y estamos dentro. Los dos rectores nos reunimos con cierta frecuencia y hablamos de todo con naturalidad.

En la UPNA sólo se habla en euskera...

(Se ríe) No hay más que pasearse por el campus para ver lo que ocurre. Nosotros, como institución pública, intentamos apoyar en la medida de lo posible una lengua propia. Y tenemos un plan para el euskera. A muchos les parecerá insuficiente y a otros demasiado. La realidad es que en ese plan director sólo recibimos dos aportaciones, así que deduzco que al resto le parecerá bien.

En la UPNA no se estudia en inglés...

(Más risas) La UPNA es la universidad pública española en términos relativos que más docencia en inglés ofrece. Eso quiere decir que nuestros profesores hablan inglés y enseñan en inglés. Es nuestra obligación que el inglés sea una herramienta para nuestros alumnos y ante el objetivo nacional marcado de que el 20% de los universitarios tengan una experiencia internacional durante la carrera, nosotros estamos en el 26%. Y ahora tenemos una apuesta bonita de docencia en francés y estamos estudiando implantar el alemán en alguna titulación.

Los expertos de la UPNA ‘no se mojan’ ante la opinión pública porque son funcionarios...

Eso lo acepto. Hay excepciones, pero a mi me gustaría que los profesores escribiesen más en prensa. Desde la posición que sea. En eso tenemos mucho que mejorar.

La UPNA no aparece en los rankings...

Según se mire. En los internacionales no aparecen las universidades españolas, pero también según se mire. Siempre se dice que no aparece ninguna española entre las 200 primeras. Pero si se cotejan las 1.000 primeras, y teniendo en cuenta que hay 40.000 universidades, España está en 4º posición. Nosotros aparecemos en los rankings nacionales en posiciones relativamente buenas para nuestra edad. Y en temas como relación con el entorno, muy por encima.

El dinero invertido en la UPNA no vuelve a Navarra.

Hay un estudio económico que demuestra lo contrario: Por cada 1€ invertido, la UPNA devuelve a Navarra 1,6. Y en intangibles, muchos más.

 

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