“Querría que el ojo que yo perdí sirva para que otros los abran”

El policía gaditano Juan Cadenas perdió un ojo en el asalto de un clan a su comisaría. No disparó. El martes estará en Pamplona en una jornada en la que compartirá su relato y explicará por qué ahora cree que hubiera tenido que reaccionar de otra forma

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“Querría que el ojo que yo perdí sirva para que otros los abran”La voz de Cádiz
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Carmen Remírez

Actualizado el 29/09/2017 a las 12:07

Cuando comparte su experiencia, a Juan Cadenas Luna (Cádiz, 15 de enero de 1984) le gusta decir que es “ejemplo vivo” de lo que puede ocurrirle de improviso a cualquier policía en su día a día en España. Policía local en Puerto Serrano, en Cádiz, vio cómo de repente, una noche, varios miembros de un clan asaltaban la comisaría en la que él se encontraba y donde estaba detenido un hermano del cabecilla. Accedieron rompiendo el cristal de la puerta y, empuñando uno de ellos, le amenazaron. Él sacó su arma pero no disparó y el hombre le clavó el vidrio en el ojo y a cuatro centímetros de la yugular. Encañonándoles, pudo escapar del lugar. Perdió el ojo y ahora está retirado de su condición de agente, con una incapacidad permanente total que le supone un 55% de su salario. Para evitar más casos como el suyo, pide más formación y un mejor conocimiento de las leyes vigentes. Él reconoce sin problema que de haber sabido lo que ahora, sin duda hubiera disparado. El martes estará en Pamplona participando en una jornada policial dedicada a la Prevención y a la Seguridad Ciudadana organizada por el sindicato APF de Policía Foral. Cadenas será uno de los condecorados “en agradecimiento al servicio prestado a la sociedad dejándose parte de sus vidas en cumplimiento de su trabajo como policías”.


¿De qué hablará en Pamplona?

Mi idea es la de compartir mi experiencia y explicarla en un contexto que creo que compartimos muchos compañeros. Nos parece que situaciones de riesgo como la que yo viví son propias de Estados Unidos o de las películas, pero yo soy un ejemplo vivo de que pueden pasarle a cualquiera, que están a la orden del día, y no estamos preparados. Por un lado, la escasa formación es un tema tabú. Por otro, muchas veces no se dispara por desconocimiento. Ha calado la idea de que disparar no está bien. Hay casos y casos, y a veces es necesario.


¿Cómo distinguirlas?

Desconocemos las reglas del juego, el ordenamiento jurídico. Vivimos en un Estado de Derecho y, si se dispara, va a haber una investigación, lógico, sobre todo si eres policía. Pero hay que saber que esas mismas leyes protegen y justifican al policía cuando lo hace en una situación concreta.


¿Usted no lo sabía?

En aquel momento de tensión, con el asalto a la comisaría, yo tenía claro que iba a disparar. Pero el problema vino en que me esperaba a alguien con un cuchillo y me sorprendió ver que con lo que entraba en la mano era un cristal. Empecé a pensar si habría proporcionalidad, si yo le disparaba con mi arma, cómo podría demostrarlo en sede judicial... Perdí demasiado tiempo. Ahora sé que ni siquiera hubiera hecho falta que empuñara un cuchillo. Con un destornillador te pueden matar... En mi caso hubiera estado justificado disparar.


¿Le da muchas vueltas?

Sí, lo pienso, claro. Pero también te digo que me siento afortunado cada vez que estoy con mi mujer y mis dos hijos. Las cosas podían haber sido de otro modo, pero también podía no haberlo contado. El cristal se quedó muy cerca de la yugular.


¿Más formación podría solucionar el problema?

Sí, a pesar de lo que se diga de cara a la galería, la formación en España sigue teniendo muchas carencias. Es autodidacta. El policía que tiene interés se forma. El que no, se quedará en funcionario con pistola. Y ojo, formarse en todos los niveles. Ahora todos los esfuerzos se ponen en la psicología, en la mediación. Está bien, pero sin perder la perspectiva. Una profesional llegó a decirme que si alguien me estaba gritando lo que tenía que hacer era hablarle más bajo para que se tranquilizara. Eso es verdad, pero también que supone desconocer a muchas de las personas con las que nos toca trabajar. Hace falta más.


Y ese es su mensaje.

Sí, lo digo así: que el ojo que yo he cerrado sirva para que otros los abran.

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