La industria navarra está llena de historias. De los coches Polo salidos de Landaben que recorren hoy la inmensidad de las carreteras australianas a los aerogeneradores navarros que acaban instalados en ventosos rincones de la India o de Brasil. Del brócoli que se congela en la Ribera para ser consumido por una pareja danesa a los paracetamoles y antigripales que se fabrican en Huarte-Pamplona para aliviar dolencias en toda España. De los libros de Asterix y Harry Potter que se imprimen en Estella para entretener a lectores de todos los rincones del país a las grúas fabricadas en Navarra que acaban colgadas por Europa. De las máquinas herramientas que salen de Torres de Elorz con destino a las fábricas aeronáuticas de Boeing y Airbus a los bloques de motor que se funden en Tafalla para equipar los tractores en EE UU. De los panes congelados que se fabrican en Tajonar y se saborean en un desayuno inglés a la máquina expendedora de Peralta en la que un alemán se sirve un café en mitad de la mañana.
Son solo un puñado de ejemplos de la variopinta actividad de la industria navarra, convertida en la locomotora del tren de la economía foral y que el viernes 7 se analiza con detalle en un suplemento gratuito de 64 páginas a todo color que se entrega con Diario de Navarra.
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