ARTE

Paisajes que sedujeron al Impresionismo

  • Treinta reproducciones de obras de pintores como Monet, Renoir y Pissarro conforman una ruta que han puesto en marcha varias ciudades situadas a veinte kilómetros de París

MARIO ROEHRICH . EFE. PORT-MARLY (FRANCIA)

Actualizado el 10/08/2011 a las 13:35

Laspintorescas colinas de Marly-Le-Roi y Louveciennes, o los remansos del Sena a su paso por Chatou y Port-Marly, a 20 kilómetros de París, fueron los lugares predilectos de los impresionistas, cuya impronta en la obra de esos maestros tiene ahora la oportunidad de conocer a fondo el visitante.

Una treintena de reproducciones de obras de Renoir, Monet o Pissarro articulan una ruta campo a través por el denominado "país de los impresionistas", que junto con Normandía, en el nordeste de Francia, es considerado la cuna de ese movimiento pictórico, que se centró en los efectos de la luz natural sobre el paisaje.

Para reivindicar la influencia de sus escenarios sobre los precursores del impresionismo, un puñado de localidades francesas, situadas a una veintena de kilómetros de París, ha unido sus fuerzas y exhibe las copias en tamaño real en el mismo lugar en el que los pintores posaron sus caballetes, hace siglo y medio.

Sin duda el más conocido es El almuerzo de los remeros, del francés Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), que inmortaliza una comida en la terraza de la Maison Fournaise, un restaurante de estilo "art déco" que aún mantiene el ambiente ocioso que captó la atención del pintor. La reproducción del célebre cuadro, sobre una ribera del río Sena y a escasos metros del establecimiento, supone una suerte de "juego de las diferencias", ya que, desde la escena pintada en 1881, apenas han cambiado detalles en la balconada de toldo rayado.

Unos pasos más lejos, otra obra de Renoir invita al mismo viaje al pasado, esta vez al retratar a un corro de domingueros junto a una canoa en el río, en el mismo encuadre en el que ahora se mece el esquife de madera de un restaurador local de botes.

Son dos de los tributos artísticos que recuerdan que los impresionistas "frecuentaron mucho" la región, en la que encontraban sus temas y los contrastes de luz que les interesaban, explica la directora de la oficina de turismo de la zona, Elisa Barbier. "Lo que les interesaba era la luz. Buscaban un contraste entre las nubes y el agua, por eso venían a la orilla del Sena", asegura Barbier, quien destaca los reflejos blancos del cielo sobre las aguas del Sena, típicos de las obras de la época. La directora de turismo divide a los impresionistas que frecuentaban la región según sus intereses: la actividad industrial reinante en los puertos como Port-Marly, en el caso de Alfred Sisley (1839-1899); y las actividades de ocio como la navegación y los bailes de época, en la obra de Renoir o de Claude Monet (1840-1926).

Testigos mudos de las costumbres y avatares de la campiña francesa del siglo XIX, los centenares de obras que se conservan de los paisajes por los que transita la ruta hacen las veces también de registro histórico. Es el caso de acontecimientos imprevistos como el desbordamiento del Sena en 1876, que inspiró a los pintores en largas series de lienzos, entre ellos el conocido Inundación en Port-Marly, de Sisley, cuyo original puede encontrarse en una de las alas del Museo d"Orsay pero reproducido también frente al edificio en el que fue creado.

"Nos preguntamos cómo hizo para pintarlo", reflexiona Barbier frente a una casa con tejado de pizarra que en el cuadro aparece cercada por las aguas fluviales y barcas de recreo. Son preguntas como esa las que hacen del recorrido campestre un juego en el que intervienen otros grandes nombres de la pintura como Berthe Morisot (1841-1895) o Camille Pissarro (1830-1903), autor de algunas de las vistas de Louveciennes que se reparten el parisino Museo d"Orsay y la National Gallery de Londres.

Castillo de Montecristo

También los post-impresionistas Maurice Denis (1870-1943), André Derain (1880-1954) o Maurice de Vlaminck (1876-1958) recuerdan que las riveras del Sena se mantuvieron hasta entrado el siglo XX como fuente de inspiración para la pintura.

Pero la oferta cultural de esos municipios vecinos a París no se reduce a esta ruta, puesto que en ellos puede visitarse entre otras cosas el parque de Marly que el monarca galo Luis XIV mandó construir para huir del trasiego de Versalles. El castillo de Montecristo, que erigió el escritor Alexandre Dumas (1802-1870) en honor a su libro, es otra de las joyas arquitectónicas.

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