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Aguas termales japonesas en tierras gallegas

  • ​En Orense, un balneario ha decidido rendir homenaje a Japón

Instalaciones termales de Outariz.
Instalaciones termales de Outariz.
EFE
  • colpisa. madrid
Actualizada 25/01/2016 a las 06:00
Introducirse en una piscina natural al aire libre. Notar el calor casi inaguantable del agua por todo el cuerpo, salvo en la cabeza, donde la nieve que cae en densos copos se derrite en el cabello con un suave seseo. Estar totalmente desnudo y compartir el baño con desconocidos de otras edades o sexo que tampoco visten prenda alguna. Y que nada importe. Solo la paz, el confort y la magia de la naturaleza creando lo perfecto a partir de dos extremos: el calor y el frío.

Pocas experiencias ejemplifican mejor lo que en budismo llaman ‘zen’ que bañarse en un ‘onsen’ exterior. Las aguas termales japonesas no se limitan sólo al tipo de manantial y sus cualidades, sino a todo el ritual, connotaciones sociales y espiritualidad naturista que invaden estas tradicionales y seductoras instalaciones salpicadas por todo el archipiélago nipón.

Pero no hace falta desplazarse hasta el país asiático para vivir esta experiencia. En Orense, un balneario ha decidido rendir homenaje a Japón, uno de los países del mundo donde existe más tradición de manantiales y baño. Las termas Outariz ha unido las culturas gallega y japonesa en un mismo establecimiento, compuesto por diez termas calientes y tres frías organizadas en dos circuitos: el celta y el ‘zen’. Es en este último donde se encuentra uno de los pocos ‘onsen’ de España. Su director, Pablo Villuendas, residió durante un tiempo en el país del sol naciente y allí descubrió el arte termal japonés. En tierras gallegas, promueve la filosofía ‘zen’ a través de un agua que siempre se encuentra a una temperatura de entre 36 y 41 grados centígrados, y a un precio bastante asequible: 5,50 euros las dos horas. Además, se puede disfrutar, bajo encargo, de su servicio de sushi o reservar el ‘Family onsen’, un espacio al aire libre acotado para parejas o grupos.

Los orígenes de los ‘onsen’ en Japón se remontan al 700 a.C, cuando se usaban las propiedades saludables de los manantiales minero-termales de las rocas volcánicas del archipiélago nipón, que mantiene el calor del agua de manera natural. Sin embargo, no fue hasta principios del siglo XX cuando la explotación comercial de los manantiales se convirtió en una actividad nacional. Hoy en día, más de 2.500 de estos manantiales naturales están disponibles para su uso en tierras japonesas.

DEMASIADO IMPÚDICOS PARA LOS OCCIDENTALES

En los prolegómenos de esta explotación generalizada de los ‘onsen’, no existía la separación de género y, en algunos establecimientos, se incluía otro tipo de servicios relacionados con el sexo. Esto provocó un fuerte rechazo por parte de los extranjeros occidentales que residían en el país y que estaban acostumbrados a los balnearios europeos, mucho más recatados. En 1870, una ley finalmente prohibió los ‘onsen’ mixtos o ‘konyoku’, aunque hoy en día se hace la vista gorda con algunos establecimientos en zonas rurales, algunos con más de 150 años de antigüedad.

¿Pero por qué destacan tanto las aguas termales o casas de baño japonesas? El principal motivo es la calidad de las instalaciones, que viene de la mano de la higiene. Una de las normas más importantes a la hora de acudir a un ‘onsen’ es que, antes de introducirse en la piscina o bañera -en japonés: ‘ofuro’-, hay que asearse bien en una sala independiente. Es habitual que esta limpieza se haga con gel de baño, champú e incluso acondicionador para el pelo acompañados por un grifo, o un simple cubo, con agua tibia. Este hábito de asearse antes de meterse en el agua está muy arraigado en la sociedad nipona y, por poner un ejemplo, toda una familia puede bañarse con la misma agua e, incluso, reutilizarla varios días.

El resto de normas son la separación de género; bañarse completamente desnudos y, para desplazarse de un lado a otro, usar un ‘yukata’ -kimono ligero- y unas chanclas de madera; llevar una pequeña toalla para secarse la cara y la cabeza; no gritar; no saltar al agua; no hacer fotos; y, si se tiene grandes tatuajes, intentar que no se vean mucho para que no te relacionen con la ‘yakuza’.

El ‘onsen’ gallego de las termas Outariz ha adaptado estas reglas para el público español y permite el baño mixto, aunque es obligatorio vestir alguna prenda. Lo de no gritar ni saltar lo mantienen, aunque, según sus responsables: "La gente no entiende que hay que estar en silencio y es complicado que permanezcan calladas 180 personas", que es el aforo total de las instalaciones. Pero sigue siendo lo más cercano a un ‘onsen’ nipón en España, a pesar de la falta de respetuosos japoneses.


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