Las memorias de Sophia Loren revelan a una mujer llana
- Una dura infancia marcó su constante búsqueda de una familia normal


Actualizado el 13/09/2014 a las 06:00
Probablemente no haya nadie en Italia ahora mismo más popular, legendario y querido que Sophia Loren, la última de las grandes estrellas vivas de la edad de oro del cine italiano, junto a Claudia Cardinale y Monica Vitti. Su fulgurante carrera, con un increíble Oscar a la mejor actriz en 1962 por 'La ciocciara', no siendo una película americana, es la fábula de una niña muy pobre y herida por los traumas familiares que se abre camino en el cine como una fuerza de la naturaleza. Sus memorias 'Ieri, oggi, domani' (Ayer, hoy, mañana), publicadas esta semana en Italia y el 13 de noviembre en España, son un relato apasionante por la época y los personajes que se cruzan en su vida. Pero del mismo modo revelan la fragilidad interior de una estrella que siempre buscó poder formar una familia normal, como la que ella no tuvo.
Trauma familiar: una madre soltera y un padre ausente.
Loren dedica el libro a sus cuatro nietos, "el gran milagro de mi vida", porque escribe como madre y abuela, los grandes éxitos de su vida, lo que en realidad persiguió siempre. Nacida el 20 de septiembre de 1934 en Roma, su madre se volvió enseguida a Pozzuoli, cerca de Nápoles, al ser rechazada por su novio, que no quiso saber nada de ella ni de la niña. Su madre, Romilda Villani, era una mujer de buen ver que siempre soñó con ser una estrella. De hecho ganó un concurso de dobles de Greta Garbo y el premio era ir a Hollywood, pero sus padres no la dejaron. Toda su vida se redimió con la carrera de su hija, empujándola a los primeros 'castings'. Sofía -la 'ph' vendría luego- se apellidó Scicolone. Por cierto, el segundo apellido de su padre era Murillo, de vago origen noble napolitano. Nada más nacer casi muere porque la patrona de la pensión donde cayó su madre le dio unas lentejas y su familia hizo un voto a San Genaro. Creció con sus abuelos napolitanos y vio por primera vez a su padre con cinco años.
Infancia: un patito feo en la guerra.
La Loren, luego exuberante y expansiva, fue un niña tímida y acomplejada: "No tenía padre y mi madre era demasiado rubia, alta, vivaz y sobre todo no casada. Su belleza excéntrica me avergonzaba. Soñaba con una mamá normal, reconfortante. Rogaba a Dios que no viniera a buscarme al colegio porque me avergonzaba ante mis compañeras". Además eran muy pobres, en una casa llena de gente, y pasaban hambre. "El hambre fue el tema dominante de mi infancia", confiesa. Era tan delgada que la llamaban 'Stuzzicadenti', palillo. De los seis a los once años sufrió la guerra y el espantoso asedio de Nápoles, corriendo a refugiarse de las bombas en el túnel del tren.
Aún hoy duerme con la luz encendida. Cuando entraron los aliados un soldado le tiró una chocolatina, pero como no sabía lo que era no se atrevió a probarlo. Le quedó una cicatriz en la barbilla de una esquirla de bomba.
Primeros pasos: reina de belleza y fotonovelas.
La pequeña Loren estaba enamorada de Tyrone Power y Gregory Peck, pero ni soñaba con ser actriz. Sin embargo, con 15 años la explosión adolescente le hizo pasar de "patito feo a cisne" y hasta su profesor de gimnasia se presentó en su casa para pedirla en matrimonio. En 1949 hubo en Nápoles un concurso de belleza de Reina del Mar y su madre la apuntó con un vestido hecho con las cortinas de casa. Quedó entre las finalistas y se llevó un juego de mantelería y 23.000 liras. También un billete de tren a Roma, el pasaporte para ir a probar suerte a Cinecittà, que entonces despegaba. Fueron allí a las pruebas de 'Quo Vadis', de Mervyn LeRoy. Recuerda la entrevista con el director:
- Do you speak English?
-Yes.
- Is it your first time in Cinecittà?
- Yes.
- What's your name?
- Yes.
Les cayó simpática y la contrataron. Empezó a pulular por Cinecittà con papeles en películas de Totò o de romanos, y a la búsqueda de una ocasión. Mientras, se ganaba la vida como protagonista de fotonovelas, entonces muy populares. Se cambió el nombre a Sofía Lazzaro, idea del director de la revista porque decía que su belleza resucitaba a los muertos. Aunque se salía del canon clásico: frecuentaba concursos de belleza y nunca ganaba. Por ejemplo, fue segunda en miss Italia en 1950.
Carlo Ponti: el amor de su vida.
En uno de aquellos concursos, en 1951, conoció al entonces ya célebre productor Carlo Ponti, su futuro marido. Ella tenía 16 años y él 39. La invitó a una prueba, que fue un poco desastrosa: "¡'Dottore', es imposible fotografiarla, tiene un rostro demasiado corto, una boca demasiado grande, una nariz demasiado larga!", se quejaba el fotógrafo.
Después Ponti le sugeriría recurrir a la cirugía para retocar la nariz y ella se negó: "¡No quiero una naricita a la francesa!". Su salto definitivo al cine de protagonista fue en 1952 y por fin se instaló con su madre en un piso sin cocina. Cocinaban a escondidas con un hornillo y confiesa que toda la vida se ha llevado uno para cocinar si le entraba hambre en algún hotel de lujo. Ponti, entonces casado, era su pareja frecuentemente, era para ella "una presencia paterna" que le daba seguridad. Se fue fraguando una extraña y escandalosa relación que en realidad duró toda la vida.
El cine: los encuentros de su vida con De Sica y Mastroianni.
Para tener su primer papel protagonista Loren mintió y dijo que sabía nadar, y casi se ahoga. Fue entonces cuando le inventaron lo de Loren, porque sonaba a sueco, y Sofía a Sophia, "aunque en mi pueblo empezaron a decir Sopía, porque no entendían nada".
Con su primer millón de liras pagó a su padre para que cediera el apellido a su hermana menor, que no había reconocido, y restaurar su honor. Tuvo que comprarlo. El encuentro que le cambió la vida fue con Vittorio de Sica, que le echó el ojo para 'L'oro di Napoli', en 1954. El primer día de rodaje le dijo: "Sofí, tú ya tienes dentro todo lo que te sirve, hazlo salir, déjate llevar, pesca tus emociones de lo que has visto y vivido".
Lección de cine de un maestro. Rodarían trece películas. "Me enseñó todo lo que sé", asegura. Luego encontró a su otro amor, "cinematográfico, se entiende", Marcello Mastroianni, diez años más grande que él, en 'Peccato che sia una cannaglia'. Repite, como siempre, que su relación con Mastroianni fue siempre de amistad, de complicidad, sin el más leve escarceo amoroso. Curiosidad: en aquel filme el 'matón' encargado de echar curiosos era un tal Gabriel García Márquez, que estaba en Roma estudiando cine. El primer papel dramático de Loren fue en 1954 en 'La donna del fiume', en cuyo rodaje cristalizó la relación con Ponti, que el último día de rodaje le regaló un anillo de compromiso. Aunque no podía casarse, porque su matrimonio seguía siendo válido y antes debía anularlo.
Cary Grant: romance en Castilla con el galán de Hollywood.
En 1956 se acercó a Hollywood por Madrid, donde aterriza para rodar 'Orgullo y pasión', con Cary Grant y Frank Sinatra. En la rueda de presentación ella llegó puntual temblando de nervios, Cary Grant, dos horas tarde y Sinatra, cuatro. "Confieso que no he estado más agitada en toda mi vida", escribe. Fueron seis meses de rodaje por Castilla y Léon. Sinatra era "un hombre delicioso, bueno y divertido", aunque sufría mucho por Ava Gardner. Pero fue con Cary Grant, 22 años frente a 52, con quien entabló una intensa amistad de la que siempre se ha hablado mucho. Loren señala el nexo que les unió en la infancia difícil de Grant: su madre fue encerrada en un manicomio y él se escapó con una compañía de saltimbanquis. Cenando en Ávila o Segovia pasaron muchas veladas juntos y rozaron el romance, pero ambos estaban comprometidos, aunque la Loren sufría por su condición de esposa clandestina. "Los dos intuíamos que el sentimiento entre nosotros comenzaba a convertirse en amor pero teníamos miedo", apunta. El último día de rodaje Grant le pidió que se casara con ella. Le respondió de forma evasiva que necesitaba tiempo. Él contestó con su fino humor: "¿Y por qué no nos casamos primero y luego lo pensamos?". Quedaron como buenos amigos. Grant siguió mandándole flores y notitas y los celos de Ponti a ella le costaron una famosa bofetada en público.
Exilio y éxito: Hollywood y huida de los ataques puritanos.
En 1957 desembarcó en Hollywood y se casó con Ponti por poderes en México, un matrimonio no válido en Italia, que le dio dolores de cabeza, con denuncias de bigamia y ataques del 'Osservatore Romano'. Vivieron dos años fuera de Italia como un exilio, ante el temor de ser arrestados si ponían pie en el país, porque Ponti se arriesgaba a cinco años de cárcel, pero en esos años Loren se consagró como actriz con los más grandes.
En 1962 ganó el Oscar por 'La ciociara', pero pasó la noche en Roma, esperando al teléfono, porque no había retransmisión televisiva. Para calmar los nervios se puso a cocinar salsa de tomate para la pasta. Llamó Cary Grant a las seis de la mañana para decírselo. La amistad con Alberto Moravia, autor de la novela del filme, dio pie luego a una célebre entrevista del escritor en la que la diseccionó psicológicamente y desnudó las claves de su personalidad, los traumas de su infancia y el deseo de normalidad. "La releo hoy después de cincuenta años y todavía me conmuevo", señala Loren. Cumplir su sueño de ser madre fue arduo. Sufrió un aborto, una pesadilla agudizada por "la mirada de desprecio de las monjas", pues seguía vivíendo en situación irregular con Ponti. "Una mirada obtusa, sin humanidad, sin ningún sentimiento", acusa. Al final tuvo dos hijos, pero su relación con Ponti, cuya resolución en los tribunales se atascaba, continuó siendo pasto de cotilleos en la Italia mojigata, y en 1964 se instalaron en París, donde se casaron dos años más tarde. Entre otras malas experiencias, Loren narra intentos de secuestro, robos de joyas y problemas con la Justicia italiana por acusaciones de evasión de impuestos, que incluso le llevaron dos semanas a la cárcel en 1982.
Estrellas: manos largas de Brando y los platos de Shariff.
El libro, obviamente, rebosa de estrellas. Loren confiesa que su primer modelo fue Lucía Bosé y también niega la supuesta rivalidad con Gina Lollobrigida. Recuerda a John Wayne exactamente como lo que parecía, un cowboy sanote, y conserva unas herraduras de su caballo en una pared. Fue vecina de Audrey Hepburn, que les invitó a cenar una vez, pero fue una hoja de lechuga y poco más. Al volver a casa se hizo un bocadillo. Rodar con Chaplin fue una de las experiencias de su vida, salvo por la compañía de Marlon Brando, que "a pesar de su atractivo era un hombre que parecía incómodo en el mundo". En una escena se le fue la mano y le tuvo que parar los pies.
Deprimido, se alimentaba sólo de helados y fue engordando durante el rodaje. Pero Loren tiene palabras de simpatía para todo el mundo. Con Omar Shariff hizo un concurso del plato de berenjenas de sus respectivas madres. Paul Newman, "un hombre adorable, bello como el sol"; Peter Sellers, "de una inteligencia extraordinaria, me hacía reír como nadie"; Richard Burton, entrañable, se alojó en su casa una temporada mientras intentaba dejar el alcohol y olvidar a Liz Taylor; Alec Guiness, "el actor más completo que he conocido"; Michael Jackson, vecino de rancho en California, de una "timidez delicada y un poco infantil". Y dedica varias páginas a su amigo Giorgio Armani.