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La otra cara de 'Friends': altibajos y fantasmas de Chandler Bing en el documental 'El de Matthew Perry'

Un documental de Netflix describe la relación de Matthew Perry con las drogas, que empañaron sus éxitos y relaciones

Matthew Perry
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Agencia Colpisa

Publicado el 01/11/2026 a las 09:39

Para un seguidor de 'Friends' es duro el documental 'El de Matthew Perry', que ha estrenado Netflix sobre uno de los protagonistas de la célebre serie. Es como si de repente esa pátina incólume que mantuvo la ficción se cayese. Es cierto que en los últimos años a la producción se le han visto las costuras por algún lado, por las revisiones que nuevas generaciones han hecho de ella o por las revelaciones que hizo la propia Lisa Kudrow, negando que allí todo fuese idílico. Pero ha sabido recuperarse para seguir como referente y ser la comedia perfecta con la que varias generaciones han crecido.

Esta nueva producción habla a cara descubierta de lo que le pasaba a Matthew Perry mientras grababa la serie. Habla del más ocurrente y divertido de la pandilla, que libraba una batalla consigo mismo para librarse de las adicciones y sacudirse los fantasmas que le hacían recurrir a ellas. Y no es que el público de 'Friends' no fuese consciente de que a Perry le sucedían cosas. Solo había que fijarse en sus continuos cambios físicos. Pero esta propuesta de Netflix, dividida en tres episodios, pone nombre y apellido a lo que le ocurría, describe lo que sentía, cuenta cómo luchaba y recaía mientras grababa algunos de los episodios más graciosos que recordamos. Quita la careta a Chandler Bing y descubre otra historia de payaso triste.

Que nadie espere encontrarse en estos lares con Courteney Cox, Jennifer Aniston o David Schwimmer. No han querido. Los que hablan esta vez son otros, sus amigos más íntimos, sus familiares y alguna exnovia. Son los que relatan la bajada a los infiernos que sufrió el actor en cuanto la fama le sobrepasó y todas las maneras que tuvo de disimularla al principio, de asumirla más tarde y de verbalizarla y pelear después para superarlo. Mary Robertson, que está detrás de títulos como 'Silencio en el plató' o 'Controlando a Britney Spears', ha logrado los testimonios de la hermana del intérprete, Mia Perry Bowick, y dos de sus mejores amigos, Roger Castillo y David Pressman. También se recuperan fragmentos de entrevistas en los que Perry explica lo que le sucedía.

El documental inicia el relato antes de 'Friends', clave en esta narración. Cuenta que el intérprete deseó durante años ser una persona popular. Los que lo trataron recuerdan una frase que después ha usado mucho: “Dios, puedes hacerme lo que quieras, pero simplemente hazme famoso”. Y concedió sus deseos, hasta límites insospechados, con un papel que parecía escrito a su medida. Fue el último del reparto de la sit-com que se contrató, pues los creadores no daban con el actor apropiado para interpretarlo. Hasta que apareció Perry, que al leer el guion pensaba que se habían basado literalmente en él para escribirlo. Y lo convirtió en uno de los personajes más memorables de la historia de la televisión.

DOS HISTORIAS PARALELAS

A partir de ahí se inician dos historias paralelas, la de una trayectoria exitosa: una serie que no deja de crecer, unos compañeros con los que hace piña, una crítica completamente entregada a su trabajo, oportunidades en el cine y contratos millonarios; y la de una caída en las adicciones, que comenzó tras un accidente de moto acuática por el que le recetaron vicodina para calmar los dolores. A esto último no ayudó la abrumadora popularidad que adquirió. El documental, sin embargo, no considera que un estado sea consecuencia del otro, que la fama le condujese a las drogas, argumento tantas veces manido. Su entorno apunta a que algo no iba bien antes del éxito y que era una persona muy vulnerable, posiblemente afectada por la temprana separación de sus padres.

No participan tampoco en el proyecto Julia Roberts o Lizzy Caplan, dos de sus parejas más conocidas, aunque sus amigos sí cuentan cómo fue su relación con ellas. Hablan otras relaciones menos mediáticas, como René Ashton, que desvela los problemas que sufría por el alcohol y de los que ella fue testigo. Hay una constante entre los testimonios: señalar a Perry como un niño grande, que todavía jugaba con juguetes -atesoraba toda clase de muñecos y objetos sobre Batman- y capaz de ilusionarse de manera desorbitada con algunas cuestiones -celebró mucho, por ejemplo, el giro de guion en Friends cuando Chandler empezó una relación con Mónica, que le permitió mostrar registros diferentes-. Lo más desgarrador de todo ese relato es posiblemente relacionar algunos de sus altibajos con diferentes momentos cumbre de la serie, como el de la boda de Chandler y Mónica, justo cuando él atravesaba una situación delicada.

AYUDAR A OTROS

'Friends' terminó. Perry decía la última palabra del guion. “¿A dónde?”, preguntaba cuando sus compañeros proponían ir a tomar un café. Tras aquello emprendió otros proyectos que no corrieron la misma suerte, como 'Studio 60' o 'Mr. Sunshine', pero sobre todo se esforzó en visibilizar lo que le estaba sucediendo por si eso podía ayudar a alguien. A quien no logró ayudar es a él mismo.

Su repentino fallecimiento hace dos años descubrió sus excesos con la ketamina, de la que se aprovecharon varias personas a su alrededor. Dos médicos, un intermediario, una traficante y el asistente del actor fueron condenados por cómo le hicieron llegar esa droga, se beneficiaron económicamente y se la suministraron hasta causarle la muerte.

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