Televisión
Arantxa Sánchez Vicario recuerda la soledad de su infancia
En contra de la opinión de sus padres, la tenista se marchó de casa a los 13 años para entrenar a jornada completa


Publicado el 08/07/2026 a las 08:38
Arantxa Sánchez Vicario fue la primera tenista española en alcanzar el número 1 del escalafón mundial, un puesto que logró mantener durante doce semanas. Su carrera ha estado colmada de éxitos nacionales e internacionales, pero, para llegar hasta ahí, también ha tenido que superar no pocos sinsabores desde la infancia. La deportista ha recordado cómo tuvo que salir siendo solo una niña de su casa para entrar en un centro de alto rendimiento donde los primeros meses fueron muy duros y lloraba por estar fuera de su casa.
La tenista se ha unido a la aventura en China de Jesús Calleja en 'Universo Calleja' y ha rememorado lo difícil que fue lograr ser la primera mujer española en ganar un Roland Garros, un hito que consiguió en 1989, con apenas 17 años. Todo había empezado mucho antes, primero, cuando con unos cuatro años empuñó por primera vez una raqueta, siguiendo los pasos de sus hermanos mayores, y más tarde, cuando a los 13 ganó el campeonato de España y la federación alemana de tenis se fijó en ella. "La base de la federación alemana de tenis me hace como una especie de beca. Me ojean los alemanes y me dieron la oportunidad de irme a entrenar. Era muy joven y mis padres no querían que fuese", ha relatado.
En contra de la opinión de sus padres, decidió apostar por el tenis y marcharse. "Lo pasé fatal", ha confesado a Calleja en las calles de Xi'an. "No hablaba el idioma, la mentalidad diferente. No conocía a nadie. Sufría porque tuve que aprender y no fue nada fácil", ha subrayado.
LEJOS DE CASA
Esta no es la primera vez que Arantxa rememora aquellos meses tan duros. "Los primeros tres o cuatro meses lloraba, por estar sola, lejos de mi casa...", contó en una entrevista para 'Palo y astilla' en 2021. La tenista pasó de compartir su vida con su familia a trasladarse a un centro de alto rendimiento alemán en Marbella donde se sentía tan aislada que "cogía la moto y conducía hasta Marbella para hablar español con cualquier persona que podía. Necesitaba ese calor, pero los castigos eran tan firmes que no me salió a cuenta". "Hasta entonces, era una niña normal que iba al colegio y a la piscina con amigos, pero tras el campeonato tenía que separarme de ellos para pegarme entrenos de 5 o 6 horas diarias y preparación física y mental. Para aguantar todo lo que lleva ser una deportista de alto nivel", explicó.
Aquella experiencia le hizo madurar antes de tiempo y fortalecer el carácter, algo que le fue de gran utilidad años después, cuando ganó su primer Roland Garros (cuenta con tres en su extenso palmarés). "Llevaba dos años y medio sin perder un partido, era la persona invencible en ese momento y entonces yo voy ganando partidos y me meto en la final", ha contado en 'Universo Calleja'.