'The Boys': una serie visionaria que va a por todas en su última entrega

Basada en el cómic homónimo, la quinta temporada se acerca a su desenlace apuntando sin sonrojo a la convulsa realidad política actual

Jensen Ackles, como Soldier Boy, y Antony Starr, como Patriota, en la última temporada de ‘The Boys’
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Jensen Ackles, como Soldier Boy, y Antony Starr, como Patriota, en la última temporada de ‘The Boys’Prime Video
Jensen Ackles, como Soldier Boy, y Antony Starr, como Patriota, en la última temporada de ‘The Boys’

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Agencia Colpisa

Publicado el 19/04/2026 a las 10:58

En su desarrollo a lo largo de cinco temporadas, la serie 'The Boys' ha ido despegándose progresivamente del material de partida, el cómic escrito por Garth Ennis con dibujos de Darick Robertson, para fijarse en nuestra realidad y anteponerse a ella, cultivando un carácter visionario que, en la nueva sesión de esta propuesta rica en escenas salvajes, la quinta y última del lote, se ha expandido hasta límites insospechados. La serie confirma una vez más que la ficción, cuando apuesta por la distopía, va siempre por delante de nuestro mundo, aunque finalmente suele acabar atrás, porque el absurdo comportamiento humano supera, con creces, cualquier hipótesis futurista.Patriota, el cabecilla de Los Siete y el sujeto más poderoso sobre la Tierra, prácticamente inmortal, se mira en el reflejo de Trump hasta romper el espejo. Los chicos del título, la cuadrilla variopinta liderada a ratos por el irritante Carnicero, siguen en su empeño de dar matarile al paladín rubiales, la mayor amenaza de nuestra existencia, pero todo se complica cuando el culebrón implosiona, nuevos roles entran en juego y vuelve al ruedo Soldier Boy, padre del demonio con capa. El famoso virus -es recomendable completar el visionado con las dos temporadas de Gen V- que elimina a los supuestos justicieros no funciona como debe y el enredo alcanza cotas mayúsculas. Hay quien descubrió, por fin, quiénes eran los verdaderos malos de la serie en su cuarta temporada, comparando su argumento con noticias del momento. En las redes sociales abundaron los mensajes de sorpresa de mentes despistadas.'The Boys' emplea la brocha gorda en sus alegatos, apunta al exceso, carga las tintas en la parodia y no se corta a la hora de exprimir el chiste grueso como arma arrojadiza contra el totalitarismo. Pero es que, además, en la serie apadrinada por Prime Video -vaya paradoja, Amazon puede ser una de esas grandes empresas que controle parte del mundo-, no está claro quién es el más capullo del catálogo de grotescos personajes. Abundan las zonas grises, la serie no deja títere con cabeza y queda claro que todos tenemos un lado oscuro que puede aflorar cuando toca sobrevivir, manipular, vigilar o dominar. El panorama apocalíptico nos suena de algo y el retrato desde la ficción es lo más escalofriante de una propuesta apegada a la realidad que en el tercer capítulo de la quinta temporada se anticipó, imaginando la fecha de su rodaje y su posterior posproducción, a las locuras de Trump pergeñadas estos días con la ayuda de la IA (de)generativa. Esas estampas mesiánicas que le presentan como el salvador de la especie humana, imágenes peripatéticas que copan los telediarios en boca de presentadores desconcertados, ya estaban hace muchos meses en los guiones del cierre de un proyecto cuya conclusión no tiene pinta de que vaya a ser agradable. La traca final se intuye tremebunda.¿QUIÉN OFENDE A QUIÉN?No faltan las escenas gore en 'The Boys', los gags basados en fenómenos virales, las caricaturas extremas y el despendole fuera de toda lógica argumental. El cóctel funciona, a pesar de pecar de repetitivo en su tramo final. Los protagonistas de 'The Boys' vigilan a los vigilantes, quieren poner orden en un mundo donde los superhéroes se han descontrolado, aunque el mensaje es algo descorazonador porque para enfrentarse al fascismo, hay que emplear sus mismas armas. Es un Watchmen embrutecido que retuerce el género superheroico, aportando una visión cruel sobre la incómoda actualidad.Sin duda, la serie ha sabido adaptar el material gráfico a los tiempos que corren. Patriota está desatado, no puede ser más totalitario y narcisista, una conducta que nos recuerda, tristemente, a un individuo que bebe demasiada Coca-Cola a diario. El rubio paladín patriótico disfruta de su alta posición en la cadena alimenticia pero ya pinta canas en los genitales, cuestión que avinagra todavía más su desequilibrado carácter. Las comparaciones con la realidad son odiosas, dependiendo del bando en el que estés. Bulos, fake news, atentados de falsa bandera, youtubers ultra… Nada ni nadie se salva de la quema.

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