Gastronomía

"Cualquier día me cae el premio Planeta", dice Karlos Arguiñano

Rey de los telefogones y las ediciones, el popular cocinero vasco publica otro recetario de la serie que ha vendido ya 1,5 millones de libros Aia (Guipúzcoa)

Karlos Arguiñano posa con un ejemplar del libro 'Cocina para todos' /
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Karlos Arguiñano posa con un ejemplar del libro 'Cocina para todos' /EFE
Karlos Arguiñano posa con un ejemplar del libro 'Cocina para todos' /

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Agencia Colpisa

Publicado el 13/11/2025 a las 05:00

El último 'hijo' de Karlos Arguiñano ha pesado 2,4 kilos. Se llama 'Cocina para todos' y lleva el apellido Planeta. Tiene 700 páginas que encierran 560 recetas. Anticipándose a la Navidad, Arguiñano (Beasain, 1948) alumbra un nuevo recetario para arrasar en las mesas de novedades. Es un clásico de estas fechas, como el villancico de Mariah Carey, y vuelve a casa como el turrón. Presentó su nuevo 'hijolibro' en Aia, villa en la que Amaia, la menor de sus seis hijos biológicos, elabora delicioso txakoli.

Los números de Arguiñano impresionan. Con 77 años, lleva 37 en la tele, con casi 8.000 programas "en los que habré cocinado unas 13.000 recetas". Empezó en TVE en 1981, con tres millones de televidentes. Desde entonces ha pasado por los dos canales de ETB, la televisión vasca, Telenorte, Telecinco, el canal 13 y la pública ATC en Argentina, y Antena3 donde brilla hoy su cetro de rey de los fogones con su 'Cocina abierta'. 

MENÚ DIARIO

Pero es también el veterano monarca de las ediciones culinarias. Publicó su primer libro en 1990. 'El menú de cada día' vendió millón y medio de copias "por las que no recibí ni un duro". "El editor de Serbal era un pájaro de cuenta que voló con todo, que era mucho", recuerda risueño. 

Con una tirada de 110.000 ejemplares y un precio de 24,90 euros, -unos asequibles 10 euros/kilo-, 'Cocina para todos' (Planeta) es el recetario número doce de una serie imbatible que ha vendido ya más de 1,5 millones de ejemplares. Llega a las librerías con cifras reservadas a novelistas como María Dueñas, Dolores Redondo o Arturo Pérez Reverte. Arguiñano no piensa, aún, en publicar ficciones, pero no descarta nada, incluidas unas memorias. 

"Cualquier día me cae el premio Planeta si seguimos así. En cuanto aprenda a escribir, empiezo", ironiza el autor ante algún directivo del gigante editorial. "De mis chistes, no hubiera vivido nunca pero de otras cosas...". Se siente libre para hacer lo que quiera y, cómo no, seguir contando esos chascarrillos con los que sazona sus recetas. "Ninguna cadena me ha dicho jamás qué tengo que decir, así que digo lo que me da la gana", se ufana el campechano y popular cocinero que calcula llevar "más de cuatro mil horas hablando solo". 

"Con 77 tacos mantengo la ilusión de cocinar todos los días sano, barato y divertido. Pienso en quienes tienen que alimentar tres o cuatro personas con un sueldo de 1.200 euros, no en quienes tienen cuatro barcos. No cocino angulas, ni cocochas frescas ni bogavante. Pocas veces hago platos para una celebración", dice con gesto más serio. Mayor, pero fresco "No me puedo permitir ponerme enfermo", dice este hiperactivo comunicador que comanda un equipo de casi 20 personas en su productora Bainet y vela por una marca "que no sacaría a bolsa". 

"No tengo sueños pendientes. Estoy mayor, pero fresco. He cubierto mis expectativas mucho más allá de lo que soñaba. Tengo restaurantes, una escuela de hostelería, un hotel, bodegas... He producido pelis, esponsorizado un equipo de motos, a pelotaris y a varios equipos de chicas de balonmano", dice. Lo detalla en la bodega K5 que comanda Amaia Arguiñano, ingeniera industrial y enóloga. 

Una explotación de 15 hectáreas de viñedo con 50.000 cepas al borde del cantábrico, cerca de Zarautz, donde tiene su restaurante. En Aia elabora entre 50.000 y 75.000 botellas de txakoli de varias calidades. Todas con el mismo tipo de uva, Hondarrabi zuri. Presentó libro también junto a su quinto hijo, Joseba, con quien comparte pantalla y quien aporta 58 recetas. 

Su hermana Eva Arguiñano firma otras 56 de postres para que todo se quede en la familia. El buen humor es un ingrediente primordial para Arguiñano. "Tengo pronto, sí y a veces mal genio. Pero se me pasa enseguida. La mala leche complica la vida. Hay que dejarla pasar y hacer borrón y cuenta nueva", asegura recuperando su franca y contagiosa sonrisa. La vena irónica le viene de su "muy gracioso" padre. "Mi madre era muy coja. Cuando se la presentó a mi abuela, esta se escamó y mi padre le dijo: 'Tranquila, ama, que ya sabemos de qué pie cojea".

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