'Cómo vender drogas online' vuelve cuatro años después con una nueva fórmula de éxito
La ficción alemana desarrolla una cuarta temporada con sus protagonistas inmersos ya en el mundo laboral


Publicado el 04/06/2025 a las 09:12
Pocas series de corte juvenil y ambientadas en el instituto logran convencer a sus espectadores cuando los protagonistas crecen y dan el salto a la universidad o salen al mercado laboral. Lo que pasa es que 'Cómo vender drogas online' (a toda pastilla), en Netflix, nunca ha sido una ficción al uso. Creada por Phillip Käbborhrer y Matthias Murmann, esta ácida producción alemana seguía los pasos de Moritz, un joven estudiante de unos 17 años, muy inteligente y bastante pardillo, una mezcla entre el Michael Cera de Juno, el Jesse Eisenberg de Zombieland y el Christopher Mitz-Plasse de Kick-Ass, al que encarna de forma exquisita Maximilian Mundt.
Moritz reside en Rinteln, un pueblo de algo menos de 30.000 habitantes, junto a su hermana y su padre, un agente de policía bastante incompetente, y al inicio de la serie llevaba un año esperando a que su novia Lisa (Lena Klenke) regresara de EE UU, donde había participado en un programa de intercambio con otro instituto. A su llegada, la joven le pedía que se dieran un descanso, así que Moritz comenzaba a escarbar en sus redes hasta descubrir que su ya exnovia había empezado a coquetear con las drogas en su periplo por norteamérica. Celoso hasta la médula, el joven diseñaba un plan: poner en marcha la mayor tienda de venta de drogas en la dark web.
¿Una suerte de Breaking Bad’en clave cómica y adolescente? Algo de eso había porque en su peripecia, Moritz reclutaba a su mejor amigo, Lenny (Danilo Kamperidis), un genio de la programación, con el que daban forma a un negocio que pronto tenía que vérselas con los camellos de la zona. Con rupturas constantes de la cuarta pared, unos diálogos divertidísimos y un montaje ágil, la ficción aprovechaba para hablar de las relaciones tóxicas, del poder de las redes sociales y también trazaba paralelismos entre la empresa de los dos amigos y las tecnológicas fundadas por Mark Zuckerberg, Jeff Bezos o Steve Jobs -sin ir más lejos, la relación entre ambos es similar a la que tuvieron Jobs y Steve Wozniak en los albores de Apple-, confirmando a Moritz como un auténtico cretino y ególatra, capaz de mentir y abandonar a sus amigos para salirse con la suya.
Tras tres geniales temporadas, que acababan con Moritz entre rejas, la ficción se tomó un respiro. Cuatro años después, la serie vuelve a Netflix con una cuarta temporada a modo de cierre que comienza por el final: con Moritz, Lenny y Dan, el más guapo pero también más simplón de los amigos, amordazados en una furgoneta en lo que bien podría ser el desierto de Almería. A partir de ahí será Moritz quien, rompiendo nuevamente la cuarta pared, explique las vicisitudes de esta nueva historia que comienza por su paso por la cárcel. Fue condenado a ocho años, pero solo estuvo cuatro por buen comportamiento y se hizo un amigo que pronto le volverá a contactar cuando salga a la calle.
MÁS RELAJADA
A su regreso a casa, el joven comprobará que las cosas han cambiado. Su padre fue expulsado del cuerpo de Policía y ahora trabaja para correos -«el mejor momento es cuando me toca una dirección difícil», le llega a decir-, mientras su hermana ha seguido ganando adeptos como influencer, así que buena parte del dinero que entra en casa proviene de las marcas que la patrocinan, de ahí los colores tan absurdos del nuevo coche o de la casa. Ante este triste panorama, Moritz se plantea poner en marcha una empresa online, esta vez de corte legal, y trata de reclutar a Lenny, que acaba de tener un hijo. Sin embargo, cuando acude a la fiesta de bienvenida, descubre que Dan ha montado una empresa que distribuye por todo el mundo bebidas energéticas para ‘gamers’ y que Lenny forma parte de la misma, otra oportunidad para la serie de zambullirse en el entorno tecnológico y empresarial. Con unas oportunidades laborales poco atractivas, Moritz entrará a trabajar en la compañía de sus antiguos amigos, pero lo hará con un retorcido plan en mente.
Comienza así una nueva entrega, algo más pausada, donde la comedia y la referencia constante a los gurús tecnológicos, como ese espejo en el que mirarse si uno quiere triunfar en la vida, siguen siendo una constante. Moritz, que no parece haber aprendido nada, volverá a mostrar su falta absoluta de escrúpulos en una historia en la que volverá a exhibir su desmedida ambición. Con un final abierto, puede que Cómo vender drogas online (a toda pastilla) aún no haya dicho su última palabra, pero si es así, es un broche perfecto.