'The Acolyte': 'Star Wars' se merece más
Las esperanzas puestas en la nueva serie de la franquicia se han visto eclipsadas por un guion endeble y una puesta en escena revisable


Publicado el 01/08/2024 a las 05:00
Ahora que nos venden la moto de que Marvel está resucitando tras más de un fiasco, gracias al estreno en salas de 'Deadpool y Lobezno', la situación de algunas franquicias da qué pensar. Todo lo que sube, baja. Las modas pierden fuerza o se pasan, dejando hueco a otras tendencias. 'Star Wars' es otro ejemplo, más llamativo, si cabe, con más sonoros fiascos que logros. Nos quedamos con 'La remesa mala', la serie de animación, o la estupenda 'Andor', que no está tan sujeta al canon, pero 'Obi-Wan Kenobi' fue un insulto manifiesto y 'The Acolyte', el último lanzamiento con el sello de la saga creada por George Lucas, tampoco ha cumplido con las expectativas.
Las esperanzas puestas en la nueva derivación de la popular odisea espacial, propiedad de Disney, se han visto eclipsadas por un relato endeble y una puesta en escena revisable, a pesar del interés de su premisa. Leslye Headland, creadora y showrunner de esta apuesta recién finalizada, la definía como "una mezcla entre 'Frozen' y 'Kill Bill'". Cualquier parecido con este atractivo mestizaje se perdió como lágrimas en la lluvia. Las imágenes de avance prometían buenas escenas de acción y una trama alambicada cercana al thriller. Sin embargo, a pesar de la llamativa campaña de promoción, el espejismo no tardó en desvelarse.
Cautivadora en sus intenciones, 'The Acolyte' encuentra cierto equilibrio en su tramo final, después de mostrar serios altibajos y algún capítulo extremadamente tedioso a lo largo de ocho entregas. La realización no es para echar cohetes, a pesar de contar con un material que, visualmente, podría haber dado más juego. Desaparecen con premura algunos personajes, supuestamente emblemáticos, sin apenas desarrollo. Algunos roles sugestivos fallecen sin muertes épicas. Predominan los bustos parlantes y falta emoción, aunque siempre se puede exprimir la dichosa memoria emocional como espectador anclado en un pasado que, probablemente, nunca volverá.
Aunque su rostro prima en la publicidad de la serie, vista online y en cartelería callejera, Carrie-Anne Moss, la inefable Trinity de 'Matrix', dura dos telediarios en pantalla. A pesar de ser una maestra Jedi de altura, cae pronto eliminada por una enigmática amenaza que hace tambalear los cimientos de la Orden, una chica renegada que cuenta, como descubriremos posteriormente, con una hermana que es igual que ella. Aunque no se hayan visto en años, las gemelas llevan el mismo peculiar corte de pelo con trenzas. Como el yin y el yang, una joven es mala y la otra todo lo contrario.
HERMANAS GEMELAS
Ambas están bien preparadas para la batalla. Una casi se hizo Jedi mientras la otra parece abrazar el lado oscuro. Tras el comienzo, con una escena de acción recurrente, llega el abuso de los flashbacks para subrayar pasajes que ya hemos visto o podemos sobrentender. El afán por darle la información mascada al público deriva en unos diálogos excesivamente explicativos. Hay momentos en la ambientación en los que parece que estamos en otra serie diferente que no pertenece a la imaginería de 'Star Wars', salvo las túnicas y las espadas láser. Hay incontables y redundantes saltos en el tiempo que agotan el suspense.
Los hechos de 'The Acolyte' tienen lugar un siglo antes de 'La amenaza fantasma'. En los últimos días de la era de la Alta República se cuestiona el poder de los Jedi, cuya indumentaria es de un conservadurismo sublime, aguantando a través de tiempo como el kimono en las artes marciales y la cultura oriental -de la que se empapa la creación de Lucas-. El audaz punto de partida pesa en exceso. Aporta lo mejor a una propuesta que salva los muebles en la recta final, apelando a la nostalgia.
El casting diverso e inclusivo, que ha desatado las iras de algunos internautas anclados en un terrible pasado, cumple con creces, especialmente Dafne Keen, cuyo perfil no se explota lo suficiente, y el gran Lee Jung-jae, en la piel del apesadumbrado maestro Sol. Por contra, el villano es terrible, en el mal sentido, un piltrafilla con escasa entidad que pretende ser un sorpresón y se queda a medio gas, a pesar de no dejar títere sin cabeza (la culpa es del texto y no del actor, Manny Jacinto). El lado oscuro de la Fuerza, en plena efervescencia, se merecía algo más.