'The Boys' superfachas vs. superzurdos
La esperada cuarta entrega ha comenzado con polémica. Algunos fans se han pasado al otro lado al no identificarse con su mensaje


Publicado el 25/06/2024 a las 05:00
Metáfora poco sutil de nuestros agitados tiempos, 'The Boys', la serie basada en el cómic homónimo, va a por todas en su cuarta entrega, tan salvaje o más que en sus inicios. Curiosamente, hay quien ha descubierto a estas alturas el objetivo de sus irónicos dardos envenenados. Arden las redes. ¿Acaso Patriota es un superhéroe fascista? La puntuación de 'The Boys' ha pegado un notable bajón en internet. Veinticuatro episodios, y subiendo, han sido necesarios para que algunos espectadores despistados acaben identificando el mensaje y se den por aludidos. Alguien tiene que poner orden en un mundo donde los justicieros con poderes especiales se desmadran demasiado y se han convertido en un objeto de consumo sin límites. El tebeo de partida, pergeñado por el guionista Garth Ennis y el dibujante Darick Robertson, ofrece una dosis sin contención de humor bestia, escenas de acción impregnadas de sangre y orgías entre héroes vestidos con mallas de colores, el sueño de muchos fans del género hecho realidad.
Los diálogos punzantes y el sarcasmo brillan más en la adaptación a imagen real, por encima del cómic, mal que les pese a algunos seguidores de las viñetas, donde Carnicero, El Francés, La Hembra y Leche Materna, a los que se une Wee Hughie, son los miembros del clan de antihéroes, un grupo de chicos duros que se dedican a dar toques de aviso, con violencia explícita, a todo superhéroe que se pase de la raya. Controlan a los controladores descontrolados, pero ellos también se descontrolan. Al famoso "¿quién vigila a los vigilantes?" hay que añadirle, en una cadena infinita, "quién vigila a los vigilantes que vigilan a los vigilantes que.". Su método de instaurar el orden y la armonía entre los titanes descarriados no es precisamente la palabra. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, sin tonterías. Se abre la veda.
En realidad 'The Boys' se antoja un 'Watchmen' embrutecido, el famosos cómic guionizado por el inefable Alan Moore. La serie 'live action' retuerce el género superheroico y le saca chispas, aportando una visión cruel, poco complaciente, a temas de actualidad. Los guionistas han sabido adaptar el material gráfico de partida a los tiempos que corren, pero sus ideas, presentes siempre y desarrolladas en la cuarta temporada, han indignado a más de un fan.
De seguidor acérrimo a 'ofendidito' hay un paso. Con la quinta sesión en el horizonte como el fin definitivo de la serie, antes de que sea excesivamente repetitiva, el primer episodio de este esperado retorno, que se ha hecho de rogar, funciona como un tiro. Patriota está desatado, no puede ser más totalitario y narcisista, sabiendo que a la vuelta de la esquina, en un lugar llamado realidad, está el retorno de Trump a la Casa Blanca. O estás con el justiciero imbatible, capaz de reventar a cualquier superhumano que le tosa, o estás contra él. El rubio paladín patriótico disfruta de su alta posición en la cadena alimenticia pero empieza a pintar canas, cuestión que avinagra aún más su desequilibrado carácter. Mientras, sus compañeros de supergrupo reciben a nuevos miembros que representan mejor que nunca el horror actual, entre ellos una youtuber de ideología ultra dispuesta a todo con tal de ganar likes.
COMPARACIONES ODIOSAS
Las comparaciones con la realidad son odiosas en 'The Boys', dependiendo del bando en el que estés. Estás con Patriota o con Luz Estelar. Con los excesos ególatras o una aparente mesura que quizás sea un espejismo. Bulos, 'fake news', atentados de falsa bandera, convenciones terraplanistas, QAnon, rednecks, influencers. Nada ni nadie se salva en una lucha por el poder repleta de contradicciones. Empieza la fiesta con los Sex Pistols como banda sonora. Cuerpos estampados en la pared, como un cuadro de Pollock, hombres mostrando su anatomía desnuda sin necesidad aparente, sexo incómodo y soez en escena, palabrotas, chistes con referencias a Amazon -en cuyo catálogo luce la referencia- y un personaje saltándose la cuarta pared: "Vamos a escuchar a Smash Mouth". Y suena uno de sus temazos. Sin duda, no hay que tomarse muy en serio el show, ni para puntuarlo online. La democratización de la crítica audiovisual produce monstruos. Cuidado a quién le aplaudimos las gracias.