Javier Botet: "La vida me parece una broma"

El actor y guionista estrena en España 'El hombre del saco' en la misma semana en la que en EE UU se mete en la piel de Drácula con 'El último viaje del Demeter'

Javier Botet, la cara oculta de un monstruo de cine
AmpliarAmpliar
Javier Botet, la cara oculta de un monstruo de cine
Javier Botet, la cara oculta de un monstruo de cine

CerrarCerrar

Agencia Colpisa

Publicado el 10/08/2023 a las 06:00

El actor y guionista estrena en España 'El hombre del saco' en la misma semana en la que en EE UU se mete en la piel de Drácula con 'El último viaje del Demeter' -"Ser distinto es una ventaja y hay tanta gente igual que sobresalir es un poder" dice Botet, que padece el síndrome de Marfan.

Tiene Javier Botet una gracia de esas que no se acaban nunca y una capacidad innata para mantener la seriedad y la compostura, aún a sabiendas de que lo que cuenta es para troncharse de risa. Y es curioso, porque el actor y guionista es conocido, sobre todo, por aterrorizar a los incautos que se acercan a las salas de cine. Incautos que ni siquiera sospechan que detrás de la Niña Medeiros de '[REC]' o del xenomorfo de 'Alien: Covenant' hay un tipo de Ciudad Real afectado por el síndrome de Marfan que siempre tuvo claro que enfocaría sus pasos hacia el arte y la creatividad, ya fuera dibujando, escribiendo, dirigiendo o actuando. Este jueves estrena por partida doble: en España atemorizará a los más jóvenes con 'El hombre del saco' y en EE UU se meterá en la piel de Drácula en 'El último viaje del Demeter'.

Vuelve a hacer de monstruo, esta vez en la española 'El hombre del saco'.

Ángel Gómez es amigo desde hace mucho tiempo. Empecé a hacer cortos con él hace diez o quince años y le he visto construirse y mejorar, así que cuando me mandó la propuesta, era inevitable. Pero es que, además, hay una belleza singular en que te propongan no solo monstruos creados sino un mito, algo que tiene tanto 'background' e historia como el hombre del saco.

Estudió Bellas Artes en Granada. ¿Cuándo supo que su sitio estaba delante y detrás de las cámaras? 

Pues nunca lo he sabido a ciencia cierta. Desde pequeño siempre he tenido una tendencia creativa fuerte. El cine me inspiró muchísimo a crear mundos fantásticos, así que dibujé, modelé, hacía ilustración o cómic, contaba mis historias... Cuando compré mi primera cámara empecé con mis amigos a hacer cortos. Y sigo escribiendo guiones, haciendo dibujitos de vez en cuando, maquetas... No sé, estoy todo el rato haciendo cositas.

¿Fue un artista pionero en la familia? 

Sí, mi cabeza siempre estaba en otro lado. En el cole, por ejemplo, fui muy mal estudiante porque no atendía nada. Terminaba la clase y despertaba de mi viaje en el que había conocido a Michael Jordan; me había ido en limusina a 'nosedónde' y había estado luchando con 'nosequién'. Todo el rato la cabeza se me iba a mundos fantásticos y eso pasa factura. No tenía buenas notas, excepto en artes, donde con los ojos cerrados sacaba onces siempre.

¿Intentaron sus padres sacárselo de la cabeza? 

Una vez. Yo tenía todas las libretas llenas de dibujos y un día me las limitaron y las enumeraron. Tres días duró eso porque llegué a casa con los pantalones pintados.

¿Cómo se metió a actor? 

En mis cortos yo hacía de todo, desde escribir, a actuar y montar. Y desde pequeño era muy payaso. Encontré en mi cuerpo una manera extra de llamar la atención por ser físicamente muy peculiar. Siempre me sentí muy a gusto siendo el foco de atención y tengo muchos recuerdos de dar la nota y de que me echaran de clase por ello. Por otro lado, la ciencia ficción y los monstruos me habían encantado y obsesionado toda la vida, y creía que podía encajar también en esos papeles. Un día encontré unos cursos de maquillaje protésico y por ahí empecé.

¿Cuándo tuvo la sensación de que aquello iba en serio? 

Pues mira, la misma tarde que visité el taller. Vi que esa puerta estaba hecha para mí y que iba a tener una carrera. Aquella tarde me fui con un amigo y nos pillamos un pedo tremendo, como celebrando algo que estaba solo en mi mente, pero yo lo veía clarísimo.

Han pasado ya casi dos décadas desde su primer papel. ¿En algún momento le ha invadido el famoso síndrome del impostor? 

Ha habido rachas en las que los actores me han hecho pensar en que quizá debería prepararme. Pero como al principio mis papeles eran tan concretos y eran unos personajes para los que no hay clases que te preparen, pues siempre me sentí seguro y mejor preparado que nadie. Si alguna vez algún actor me insinuaba algo, yo decía "a mí plin".

¿En serio se lo decían? 

Sí. Había personas que te hacían saber que, claro, hay gente muy preparada y que pasa muchos años estudiando. Y yo decía, pues muy bien, lo mismo lo necesitan. A lo mejor tú tienes que estar veinte años y, aún así, jamás vas a tener mi talento. Porque hay una cosa que he sabido desde crío, y es que hay gente que nace con una predisposición muy alta y otros que tienen que currárselo más.

El síndrome de Marfan le ha dado muchas alegrías, pero imagino que también tristezas.

Efectivamente. Por ejemplo, el tener vis cómica puede ser porque la vida te muestra un ángulo diferente desde el que observarla. Si no te suceden cosas que te modifiquen la mente, a lo mejor no puedes aprender a verle el lado gracioso a todo. Supongo que el síndrome de Marfan ha marcado muchísimas cosas que podían haberse convertido en el final, y sin embargo yo siempre las he construido y ordenado de una manera útil. A mí la vida me parece una broma, y siempre me la he tomado a broma, supongo que porque desde muy pequeñito, desde los dos años y medio, estaba todo el rato de hospitales, operaciones... Luego descubres que ser tan distinto puede ser una ventaja. Hoy en día, que hay tanta gente igual, sobresalir es un poder.

¿Cuándo dará el salto y dirigirá un largometraje completo? 

No tengo ninguna prisa, pero sí sé que sucederá. Tengo una mentalidad de director muy marcada desde que empecé. En los rodajes he aprendido a callar, pero desde que entré como actorcillo, ya era también directorcillo y me costaba no decir: "Oye, eso de ahí va a salir en la edición, va a ser contraproducente".

¿Y los directores se picaban? 

No, pero como al principio lo hacía sin discreción yo mismo me decía: "Javier, ¿por qué no te callas la puta boca? A ver si te relajas. Haz tus propias pelis, Robert Rodríguez". Ya las haré y cometeré mis errores.

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora