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El azar y la ficción de 'Los ensayos', la serie de la que todo el mundo habla

Realidad y ficción se retroalimentan en esta recomendable propuesta experimental de HBO

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Fotograma de 'Los ensayos'
Publicado el 24/07/2022 a las 06:00
Suele decirse que la realidad supera a la ficción, pero podemos realizar diversas lecturas de esta popular frase, según nos convenga. La ficción se adelanta, en muchos aspectos, a la realidad, ahí está la ciencia ficción, pero es cierto que la realidad acaba superando a la ficción dada la naturaleza del ser humano, contradictorio, expansivo, impredecible e inquieto. 
Los límites entre la realidad y la ficción pueden desaparecer, fusionándose sutilmente. Somos capaces de manipular la realidad y ficcionarla a nuestro antojo, como creador o espectador interactivo. 
Partiendo de esta premisa, añadiendo otro dato que también caracteriza a nuestra especie, el comportamiento absurdo del que muchas veces hacemos alarde, podemos situar 'Los ensayos', una de las últimas sensaciones del entretenimiento en 'streaming'.
Estrenada el pasado fin de semana en HBO Max, esta original serie ha sido la comidilla en los corrillos de entendidos en la materia, prescriptores y artistas con voz en las redes sociales. 
Es decir, ha estado "en boca de todo el mundo", aunque ese "todo el mundo" siempre es discutible: sabemos que Twitter es una burbuja (el entusiasmo por algunos estrenos no suele traducirse en el éxito en taquilla ni los títulos más aplaudidos son acogidos con alegría por el gran público). 
Objetivamente, es una producción audaz e inaudita, que se mueve entre la comedia, la experimentación, el 'reality' y el drama, con un peculiar envoltorio que desconcierta al máximo, enfatizando el atractivo planteamiento: no dejar nada en nuestra vida al azar.
            
Nathan Fielder es el amo y señor de este llamativo formato. Es el creador, guionista, productor y presentador absoluto, léase un 'showrunner' de verdad. Su currículum le ha permitido levantar un proyecto cuyo 'pitch', la presentación de la propuesta para su venta, tuvo que ser fascinante. 
El programa, a pesar de lo que pudiera parecer con una simple lectura de su sinopsis, es bastante caro de producir. Imaginemos que no queremos dejar nada a su suerte en nuestra existencia, de tal manera que ensayemos todas las posibilidades que puedan surgir ante un tema importante. 
En la entrega inicial de 'Los ensayos', el invitado protagonista quiere confesar una mentira a una buena amiga con la que no quiere acabar mal. Para que todo transcurra en armonía, Nathan y su equipo analizan cada detalle en una suerte de multiverso real, que no lo es, porque construyen, por ejemplo, el pub donde van a reunirse para la soltar la bomba. 
Levantan en una nave industrial perdida una réplica exacta del bar, con una minuciosidad enfermiza para que las recreaciones sean lo más creíbles posibles. Las cámaras ocultas son testigo de lo que finalmente ocurre, pero. ¿hasta dónde llega la planificación? La sorpresa es máxima.
En 'Los ensayos' se moldea la realidad del invitado, pero también nuestra percepción de la misma. Como espectadores, somos partícipes del show. La simulación también nos afecta cuando vemos el montaje final, mezclando precisamente realidad y ficción hasta el paroxismo, con imágenes documentales y escenas defendidas por actores. 
El resultado genera una curiosa inquietud que nutre al psicólogo que todos llevamos dentro. Un error puede tergiversar todo lo imaginado, o abrir otra puerta a la percepción. 
Estamos ante una recomendable apuesta que elude corsés y etiquetas en pos del entretenimiento y la reflexión. ¿Podemos ensayar nuestras relaciones con otros seres humanos y momentos vitales excepcionales? ¿Somos capaces de entrenarnos para brillar en las conversaciones y estudiar las consecuencias de nuestras decisiones por anticipado? 
Tener todo bajo control puede ser perturbador. Por esta razón, y muchas más, va a dar mucho de que hablar este delirio costoso, con varias capas de significación, que juega con la posibilidad de maniobrar ante una serie de catastróficas desdichas y darles la vuelta. 
Gracias a este tipo de iniciativas, que solo una plataforma de vídeo bajo demanda parece querer y poder impulsar, todavía es posible una televisión altamente estimulante.
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