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CON EL MANDO EN LA MANO

'La última tarde'

Distopía

José Enrique Cabrero.

02/06/2019 a las 06:00
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  • José Enrique Cabrero
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"A Marga le quedaban unas horas". No estaba allí, pero me lo contaron con tanto cariño que casi pude ver la historia, en directo, a través de sus ojos. Ella, la narradora, estaba en la puerta de un hospital. Nos acabábamos de conocer, cosas del periodismo. Venía acompañándome, hablando de sus cosas, cuando de repente, sin venir a cuento, empezó la historia. La contó como el que necesita soltar el aire que guarda en los pulmones para volver a respirar. La contó con mucha emoción, como si al hacerlo rindiera homenaje a algo. Y empezó así: "A Marga le quedaban unas horas".

Marga la anciana iba a morir. Estaba en la habitación de un hospital, con un pie aquí y otro más allá, recibiendo besos de hijos, nietos y amigos. El protocolo no escrito, más o menos, se repetía en todos los casos: un beso en la frente sonriendo y un mar de lágrimas conforme salían por la puerta. "Malditas despedidas", dice ella, la narradora. El caso es que Marga, tranquila y sosegada, se despidió de todas sus visitas con los ojos maltrechos y la voz cascada. Cuando se habían ido todos, todos menos ella, la narradora, Marga cogió su mano, señaló la pantalla de la tele y dijo algo parecido a "que empieza". '¿Qué dices?', preguntó la narradora. "Empieza", repitió.

Puso la tele. Había un concurso. "El concurso que veíamos todas las tardes". No dijo más, nada más. Se quedó allí, como si fuera otra tarde, despidiéndose de su rutina mientras veía la tele. "Al final somos esas cosas, las pequeñas, las de todos los días. Y ver el concurso de la tele era una pizca de normalidad en el día que te vas a morir, ¿no?", pregunta la narradora. Pensé que sería bonito compartir la última tarde de Marga con ustedes. Una tarde de concursos y programas de televisión que no tienen importancia. O la tienen toda. Quién sabe. Desde que me contaron la historia de Marga, me gusta pensar que lo que estaba haciendo era regresar al sillón de su casa, una tarde de invierno, con los nietos jugando en el salón. Y la tele de fondo.

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