Tania Llasera, comunicadora: "Con los complejos se convive"
La presentadora continúa con su cruzada a favor del 'body positive'


Publicado el 20/08/2024 a las 05:00
Quienes sigan a Tania Llasera (Bilbao, 1979) en sus redes sociales ya sabrán de su cruzada a favor de los postulados del 'body positive', que apuesta por la aceptación del propio cuerpo, incluso si no es 'perfecto' según el canon de belleza establecido por la industria de la moda y los estándares de la sociedad. Conversamos una soleada mañana, mientras desayuna una tosta de aguacate en una terraza, y se lamenta de que todos los avances que este movimiento había conseguido en la validación de los llamados "cuerpos no normativos" estén sufriendo un retroceso. Su mensaje es claro: "Hay que aprender a abrazarse y aceptarse", dejar de obsesionarnos con la perfección física y apostar por la personalidad que nos hace únicos.
¿Qué riesgos entraña ser esclavo de la imagen?
Muchísimos. Lo vemos a diario en las redes sociales. Ningún ser humano está preparado para verse en el espejo o en la pantalla del móvil las 24 horas al día. Siempre acabamos encontrándonos defectos.
Eso tenía un nombre.
Se llama dismorfia. Muchas chiquitas jóvenes, nativas digitales, se obsesionan con pequeños rasgos de su físico y sienten que es perentorio que se los 'arreglen', como si algo en ellas estuviera roto.
¿Se ven feas?
Viven obsesionadas con el canon de belleza que ahora es tener pecas, 'foxy eyes' (ojos achinados de mirada felina), pómulos pronunciados, labios de negra y curvas a lo Kim Kardashian.
¿Y se desfiguran hasta conseguirlo?
Sin ánimo de enjuiciarlas, muchas veces lo que 'se arreglan' es el rasgo que más personalidad les agrega. Hay una uniformización bestial y global. Al final, vamos a acabar todas con la misma cara, el mismo cuerpo y la misma vida.
¿Le gusta a usted lo que ve cuando se mira al espejo?
No todo, lógicamente. Hay cosas que preferiría que no estuvieran. Pero intento no obsesionarme y no venirme abajo con lo malo. Tengo una barriga que sonríe porque hay una cicatriz de una cesárea que me ha dado dos críos preciosos y tengo unas tetas muy bien puestas, en parte porque he cogido peso.
A mí me gustaría tener menos kilos, menos canas y menos arrugas.
Y a mí, pero de nada vale fustigarse. Con los complejos se convive. Es una mochila que llevamos todas.
¿Los hombres lo siguen teniendo más fácil?
Las mujeres hemos tenido mucha más presión en ese aspecto.
Pero el mercado de la estética y la cosmética ha encontrado un nuevo filón en ellos.
Me encanta que se cuiden, verlos maquillados, depilados y con las uñas pintadas. Pero a las mujeres se nos ha vendido siempre todo tipo de productos para alcanzar el ideal de belleza y juventud. Se nos ha hecho creer que si no eras bella y joven, no eras válida.
Y seguimos sin reparar en la magnitud del engaño.
Por eso me alegro de que la estética sea algo universal, sin género. Pero no de que la dictadura de la 'bellecitis' también les esclavice a ellos. Hombres y mujeres deberíamos unirnos para rebajar los estándares de belleza en pro de la salud mental y física.
¿Nos juzgan con severidad y nos juzgamos con dolor?
Nos falta autoestima. No sé si es porque estamos en una sociedad católica en donde hay mucha culpa, mucha victimización y mucho juicio exterior que no has pedido y te llega igualmente.
¿Cómo mantiene usted a raya a los 'haters'?
Si me hacen gracia, les dejo que me insulten un par de veces y luego les bloqueo.
¿Le resultó complicado aceptar los cambios en su cuerpo después de la maternidad?
He seguido el mismo patrón que mi madre. Era modelo de Miss Pirelli y tenía un físico impresionante. Al ser madre le cambio de forma radical. Pero sigue siendo una mujer bellísima. La belleza no tiene nada que ver con los kilos.
¿No habíamos superado ya lo de los cuerpos no normativos?
Habíamos avanzado en la validación de la diversidad. Lo 'curvy' empezaba a ser bien visto. Pero hemos vuelto al culto a la extrema delgadez y a ese 'heroin chic' que encarnaban en los años 90 modelos como Kate Moss, que consiste en estar famélica y en tener mala cara.
Es la cara Ozempic. Actrices y famosos han descubierto el secreto de la eterna delgadez gracias a los pinchazos de semaglutida.
Esas cosas se ponen de moda, pero son trenes que pasan muy rápido y no sabemos, a la larga, qué efectos van a tener en nuestra salud. Si alguna vez adelgazo, será a la vieja usanza. Haciendo ejercicio y comiendo menos helados y galletas.