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Corazón

Las lágrimas de Urdangarin no eran de cocodrilo

El exduque de Palma podría haber llorado de frustración tras ver rechazado un visado para reunirse con su familia en Estados Unidos

Ampliar Iñaki Urdangarin atiende a los periodistas a las puertas de su lugar de trabajo tras confirmarse su relación con Ainhoa Armentia
Iñaki Urdangarin, en una imagen de archivoEuropa Press
Publicado el 24/08/2022 a las 06:00
Hay lágrimas de dolor, de alegría, lágrimas de cocodrilo y lágrimas de frustración. Y las que derramó Iñaki Urdangarin hace unos días en su vehículo, ante la mirada compasiva de Ainhoa Armentia, parecen ser de estas últimas. Él no se ha pronunciado públicamente al respecto, pero todo apunta a que su inconsolable disgusto estaba directamente relacionado con una mala noticia: la denegación de un visado para viajar a Estados Unidos y reunirse allí (por primera vez desde que salió de prisión) con toda su familia, coincidiendo con las bodas de dos de sus sobrinos. Pero las desgracias nunca vienen solas y la que sí acudió (para mayor escarnio) fue su ex, la infanta Cristina. Y encima se lo pasó en grande.
El berrinche de Urdangarin no alcanzó el grado de pataleta, pero sí podría resultar un poco desproporcionado en un adulto de 54 años. A esa edad las lágrimas suelen reservarse para la pérdida de un ser querido o la notificación de una enfermedad mortal. Sin embargo el exduque de Palma soporta una pesada mochila que lleva tiempo coartando su libertad personal: ha pasado dos años y ocho meses en prisión y, tras haber superado un programa de reeducación para corruptos, se encuentra desde marzo en libertad condicional. No será un ciudadano totalmente libre hasta 2024. Y es posible que esa reciente prohibición para viajar a Estados Unidos haya sido para él la gota que desborda el vaso.
Las bodas a las que ansiaba ir Urdangarin eran las de sus sobrinos Iñaki y Nuala, ambos hijos de su hermana Cristina, que es médico y reside en Minnesota junto a su marido, también médico, y a su numerosa prole. Los dos hermanos se han casado con una semana de diferencia y ello ha congregado en el país presidido por Biden al extenso clan de los 'urdangarines': hermanos, hijos, sobrinos, nietos y demás parientes. Incluso, una ilustre excuñada, Cristina de Borbón, que mantiene una relación excelente con la que ha sido su familia política y no ha dudado en presentarse acompañada de sus hijos Juan, Miguel e Irene.
La primera en casarse fue Nuala, el 13 de agosto. Una semana después lo hizo su hermano Iñaki, que organizó el banquete en el exquisito 'Loft Lucía' de Chicago. Los dos enlaces han estado precedidos de fiestas y celebraciones familiares, así como de excursiones a los Grandes Lagos en moto, en barco. Todo eso y más se ha perdido Iñaki Urdangarin. La pregunta sería: ¿Habría tenido el cuajo de acudir a esas bodas con su novia sabiendo que iba a coincidir con la infanta? No hay respuesta. Lo único cierto es que mientras él se deshacía en lágrimas en Vitoria, ella al otro lado del charco lo daba todo en la pista de baile. La risa (y el llanto también) va por barrios. Y a Cristina de Borbón ya le tocó llorar cuando vio aquellas escandalosas imágenes en las que su todavía marido paseaba acaramelado por la playa, de la mano de una rubia que no era ella.
Ahora la infanta podría llevarse otro disgusto, esta vez causado por la serie que prepara Telecinco sobre ella. Se trata de un docudrama de próximo estreno, aunque aún sin fecha definida, titulado 'Rota de amor'. En él se describen los sentimientos de Cristina hacia Iñaki como "la historia de una obsesión". Una especie de enamoramiento ciego que habría mantenido a la hermana del rey embelesada e incapaz de percibir cualquier señal de infidelidad o traición.
Que Cristina de Borbón es obstinada lo demuestra su empeño en seguir veraneando en Bidart, pese a que ese enclave hoy se ha convertido en el escenario de las escapadas románticas de su exmarido y su nueva novia. Con todo, a la pareja aún le queda por vivir un momento delicado: la culminación del divorcio, del que ya han dado el primer paso con la disolución de las capitulaciones. Queda por ver si cuando lo firmen también habrá lágrimas. Y si estas serán de tristeza o de alegría.
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