Un estudio afirma que la vida social es beneficiosa pero solo si tenemos pocos amigos

Del mismo modo que una actividad física excesiva puede comprometer la salud mental, demasiada actividad social también puede ser contraproducente, indica una investigación recogida por 'Science Alert'

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Actualizado el 02/11/2020 a las 15:39

Tener una buena salud mental depende de muchos factores, y a priori hacer vida social y participar en actividades sociales contribuyen en buena medida a ello. No obstante, según un estudio reciente, existen matices importantes a tener en cuenta.

Dicho estudio parte de un periodo de observación de dos años en los que se ha seguido en su día a día a personas de más de cincuenta años. Se ha realizado en más de trece países europeos para sacar conclusiones sobre cómo influyen en la salud mental actividades como la educación, el voluntariado o la participación en actividades deportivas o políticas.

Del mismo modo, se analizó también cuántas relaciones sociales cercanas tenían los participantes en el estudio, definidas como el tipo de relaciones en las que hablarían de asuntos personales importantes.

El estudio reveló que las actividades sociales beneficiaron especialmente a las personas que estaban relativamente aisladas socialmente, con tres o menos relaciones cercanas. En cambio, para las personas con un mayor número de relaciones cercanas, la participación en actividades sociales no pareció mejorar su salud mental. Incluso podría ser perjudicial para algunos de ellos.

A pesar de que el aislamiento social es perjudicial para la salud, el estudio, llevado a cabo por investigadores de cuatro universidades (Sur de Dinamarca, Oxford y Wellington en Nueva Zelanda) sostiene que las personas que lo experimentan pueden tomar medidas para mejorar su situación, por ejemplo, participando en actividades sociales formales.

Entre las personas que estaban relativamente aisladas socialmente, la investigación, recogida por 'Science Alert', halló que una mayor participación en las actividades sociales estaba relacionada con una mejor calidad de vida y menos síntomas de depresión.

DISMINUYE LA DEPRESIÓN

El estudio explica que si estas personas participaran regularmente en actividades sociales, se produciría un aumento del 5 al 12% en las personas que informan tener una mejor calidad de vida y una reducción del 4 al 8% en las personas que experimentan síntomas de depresión.

Y esto es importante porque según el estudio, el 70% de las personas en la muestra (mayores de 50 años, en Europa) tienen tres o menos relaciones cercanas.

Si bien la estudios anteriores han sugerido que tener más relaciones sociales siempre es mejor, este nuevo estudio indica que puede no ser el caso. Así como demasiada actividad física puede comprometer la salud mental, demasiada actividad social también puede ser contraproducente.

Cuando se observa cómo dos de las variables del estudio (calidad de vida y síntomas de depresión) se mapean con dos variables de interés (número de actividades sociales y número de relaciones cercanas), el estudio recoge curvas en forma de 'U'. Es decir, hay mala salud mental en niveles bajos de actividad social, buena salud mental en niveles moderados de actividad social y, nuevamente, mala salud mental en niveles altos de actividad social.

La depresión pareció minimizarse cuando las personas decían tener cuatro o cinco relaciones cercanas y participar en actividades sociales semanalmente. Con cualquier actividad social mayor que esta, los beneficios comenzaron a disminuir, desaparecer o volverse negativos.

Esta recesión fue particularmente clara entre las personas que decían tener siete o más relaciones cercanas. Para estas personas muy ocupadas, participar en actividades sociales estaba relacionado con un aumento de los síntomas depresivos.

Según el estudio, las personas generalmente dicen tener un promedio de cinco amigos cercanos. Los extrovertidos tienden a informar que tienen más amigos, pero al mismo tiempo se trata de amistades más débiles.

Los investigadores sostienen que las personas extrovertidas prefieren distribuir sus esfuerzos sociales entre mucha gente. Esto contrasta con los introvertidos, que prefieren centrar sus esfuerzos sociales en menos personas para asegurarse de que esas amistades funcionen bien. Otra posibilidad es que demasiada actividad social se convierta en un factor de estrés. Esto puede conducir a resultados negativos, como un exceso de compromiso social, agotamiento emocional y cognitivo, fatiga o sentimientos de culpa cuando las relaciones sociales no se alimentan adecuadamente debido al tiempo limitado.

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